El palmarés de la Copa de Europa, ayer disfrazada de Mesalina, no recogerá nunca los primeros minutos del partido, cuando el Manchester fue el amo, pero habrá que constatarlos en consideración a la historia y a la resaca rival. En el primer minuto, hace cien años ya, el Manchester acumulaba un disparo a puerta y una ocasión de gol. Cristiano Ronaldo botó una falta desde 30 metros con ese chut que le caracteriza, mitad folha seca y mitad picadura de serpiente. Es difícil decir cuántos problemas le causó a Valdés el balón y cuántos el miedo, la fama de esos cueros con dientes de piraña. El caso es que la pelota se escurrió de sus guantes como una trucha y Piqué impidió el remate de Park. Otro mundo se perdió en ese limbo.
A los seis minutos volvió a disparar Cristiano Ronaldo, otra vez desde lejos y otra vez con veneno de cobra. La acción confi rmaba el dominio absoluto del Manchester y la ausencia total del Barcelona. En la siguiente jugada, Cristiano, siempre Cristiano, controló un balón de fuego con el pecho y lo remató con la zurda. La pelota se perdió junto a un palo dejando un reguero de pánico.
Vuelco
En ese punto, cuando la diferencia de remates era ruborizante, marcó el Barcelona. Iniesta avanzó por el pasillo del ocho y en cada metro fue abriendo un candado. Cuando ya no pudo más, entregó a Etoo, que encaró la portería, quebró a Vidic y si chutó con la puntera es porque no había ni tiempo ni espacio para cargar la escopeta. Van der Sar sólo pudo acariciar el lomo de la pelota.
Son caprichosas las finales. Suelen rescatar a personajes heridos y Etoo, a pesar de sus esplendorosos 35 goles durante esta temporada, ha parecido demasiadas veces incómodo, como si le picara el traje y la vida. Sólo un jugador tan extraordinario se puede permitir el éxito a medio gas, hasta que anoche el destino le premió con el éxito a gas completo.
La fi nal cambió absolutamente. El Manchester, que es un equipo tan altivo como su entrenador, no supo disimular su aturdimiento y a la confusión se sumó enseguida ese rondo que practica el Barcelona y que igual hipnotiza a rivales que acuna a Berlusconi. El sometimiento se prolongó durante cinco minutos porque el partido se escribía con capítulos cortos.
Guardiola había ganado la batalla de las pizarras. Messi, al que se esperaba en la banda de Evra, se fi ltró en la mediapunta, como hizo en el Bernabéu; con Etoo y Henry inclinados a las bandas, la defensa del United, muy rígida, se quedó alineada demasiado cerca de su portería, dejando metros para las maniobras orquestales del Barcelona. Metros para morir.
Más arriba, ni Carrick ni Anderson estaban en condiciones de dar réplica al fútbol de Xavi e Iniesta, incluso Busquets les superaba. En esas dos tiras de hierba, en el país de los bajitos, se decide la superioridad del Barcelona y Ferguson no lo entendió. Quizá le pareció de mal gusto copiar al Chelsea, su modo de cerrar las ventanas y taponar los conductos del aire acondicionado. Y sólo así se puede amordazar a este Barça fabuloso. O intentarlo.
Solo Cristiano
Al cuar to de hora, Cristiano provocó la amarilla de Piqué, que le interceptó en un contragolpe. El monólogo del portugués en los ataques del Manchester podría indicarnos el egoísmo de un jugador individualista, y hoy no faltará quien lo diga, pero su actuación también puede entenderse como un derroche de calidad y pundonor, como un agotador esfuerzo por librarse del naufragio.
Atasco
En la reanudación, Ferguson agravó las cosas. Retiró a Anderson y dio entrada a Tévez, con lo que debilitó más el mediocampo y colapsó en mayor medida el ataque. El cortocircuito se hizo notar de inmediato. El Barcelona comenzó a jugar más cómodo, más abierto, más mortal. Henry estuvo muy cerca de conseguir el segundo gol, pero fue víctima de su manía de cocinar los pasteles con guinda. No satisfecho con el regate que le dejó en las barbas de Van der Sar, el chef francés quiso agujerearle el orgullo con un cañito. Y no coló.
El Barça ya goteaba sobre la cabeza del Manchester como un gota malaya. A Messi le faltaron dos tallas de zapato para alcanzar un centro al área. Muy poco después, Xavi estrelló contra el palo un lanzamiento de falta. El crujido de esa madera debió despertar al Manchester, que se lanzó sin más estrategia que el corazón en la boca. Fueron dos ratos de susto, poco más.
Recuperado el pulso, el Barcelona volvió a golpear. El gol lo marcó Messi, pero lo inventó Xavi. El centrocampista colgó un centro al área y el balón tuvo la virtud de citarse con Messi, que volaba a su encuentro. Si contactaron por teléfono o telepatía lo ignoro, pero hubo un instante, y se observará en las repeticiones, que jugador y pelota se esperaron hasta coincidir, acelerando uno y retrasándose el otro. El tanto fue soberbio, pues descubrió al más pequeño por el aire, como si viajara en la onda expansiva de una explosión o cayera de algún sitio, del cielo seguramente. El gol, por cierto, también incluía un mensaje, como las galletas chinas. Decía Balón de Oro.
Útimo cartucho de Cristiano
Bajo ese chaparrón de fútbol, el Manchester aún disfrutó de una última oportunidad para reengancharse. Surgió de una incursión desesperada y reunió en el área de Valdés a los mil delanteros de Ferguson. Como no podía ser de otra forma, la pelota, ayer novelesca, fue dando tumbos hasta llegar a Cristiano, su historia pendiente. El portugués quiso chutar con tanta fuerza que se olvidó del sombrero de copa y de los conejos que asoman. Sin más intención que romper la red, su tiro se tropezó con el cuerpo de Valdés, que puso el pecho como los guardaespaldas de Reagan.
Y se acabó
Al Manchester, que aún se libró de un gol de Puyol, no le quedó más que desangrarse lentamente. Quien no disfrutó del síndrome de Estocolmo se lio a patadas, como el viejo Scholes, que cargó contra el muchacho Busquets y mereció la roja. Vidic también quiso quitarse el recuerdo de una burla con un leñazo a Messi.

Cristiano Ronaldo se quedó así, tras perder la final, el solo, no pudante la calidad azulgrana.
Cristiano Ronaldo: ” Es la mayor decepción de mi carrera “
“Es la mayor decepción de mi carrera”, afirmó con rotundidad Cristiano Ronaldo, tras perder la final de la Liga de Campeones ante el Barcelona (2-0) en el Estadio Olímpico de Roma que era.
El internacional portugués destacó que su equipo “empezó bastante bien” el partido, pero que el gol de Etoo a los diez minutos de juego les noqueó.
“Luego, estuvimos todo el rato jugando por detrás en el marcador, y así es muy difícil ganarles”, admitió Cristiano Ronaldo, que restó importancia a su pique con el barcelonista Carles Puyol, con quien se las tuvo durante varias fases del encuentro y que calificó de “situaciones del juego”. Al final, el delantero del Manchester reconoció que, pese a que su equipo salió “con confianza” a disputar la final, “el Barcelona mereció ganarla”. La prensa le preguntó por el Real Madrid y su futuro y el portugués no quiso hablar de ello: “No quiero hablar del futuro”.
Todo fue mal
Pese a alabar el juego del Barcelona, Cristiano Ronaldo reconoció que los de Guardiola no merecieron haber ganado las semifinales de la Champions frente al Chelsea y reconoció que “todo fue mal” en la final de la Liga de Campeones que su equipo perdió (2-0) ante el conjunto blaugrana.
“Ya tengo experiencia para aguantar la presión. Pero es siempre malo perder, ya sea contra el Chelsea o el Barcelona, que también tuvo un poco de suerte, ya que no merecía haber ganado la semifinal ante el Chelsea», opinó el internacional luso en declaraciones emitidas hoy por el canal portugués RTP.
El número 7 de los “Red Devils” señaló que en la final frente al equipo español “todo fue mal, incluso a nivel técnico”, pero añadió que “también es importante dar mérito al Barcelona”. Asimismo, explicó que no se sintió “presionado, ni perturbado” por las comparaciones con la estrella argentina del Barça, Lionel Messi, quien anotó el segundo gol del partido.

Cristiano Ronaldo ficita a Eto’o, trás perder la final de la Champions en Roma.