Nosotros vimos nacer la leyenda

Champion League

Final cruel

Heynckes tuvo mil razones para que Schweinsteiger no jugara el partido y 120 minutos para sentarlo. Quien fuera pulmón del Bayern y de Alemania se pasó el partido buscando sin encontrarse, pesado y lento. Heynckes no se dio por aludido. La parálisis del entrenador resultó inexplicable durante dos horas hasta que en el quinto penalti de la tanda más dramática que se recuerda el dorsal 31 de las camisetas rojas caminó hacia la pelota decisiva. Schweinsteiger. Como ocurre tantas veces en el fútbol, la sinrazón cobraba sentido. Los mejores habían fallado (lo hicieron Cristiano y Kroos) y el repudiado encontraba su oportunidad, el acabado Schweini, la última bala en el revólver del más alemán de los alemanes. Todavía resuena el bang, último ruido antes del silencio absoluto.

Si 90 minutos en el Bernabéu son muy largos, 120 son la eternidad en centrifugadora, ni hablar ya de los penaltis. Cómo sería el agotamiento, cómo la emoción, cómo los nervios y la angustia que antes de que el árbitro pitara el final de la prórroga, los rivales firmaron las tablas con los guantes de boxeo puestos. Cayó Boateng víctima de los calambres y se hizo la paz. Para qué más muertos. Entre los veintidós del campo y los 82.000 de la grada existió la absoluta convicción de que la suerte estaba echada y de que ganaría uno, aunque lo hubieran merecido los dos.

Pero la tortura todavía admitía otro giro. El primer lanzamiento lo convirtió Alaba (19 años), el futbolista más joven en cumplir 50 partidos en la Bundesliga, superando a Schwarzenbeck, les sonará el nombre y el gafe. Después le tocó a Messi y digo bien. Cristiano se aproximó al Adidas Finale 12 con el fantasma del argentino agarrado a su gomina y de tanto perseguir sus pasos le siguió también en el salto al vacío. Neuer paró una pesadumbre de chut, ni ajustado ni potente, porque no lo pegó Cristiano.

A continuación marcó Mario Gómez (2-0), porque para completar la paradoja otro español (o cuarto y mitad) tenía que participar en el asesinato de los equipos españoles, los grandes favoritos, ustedes recordarán. De vuelta, en el segundo penalti del Madrid, Neuer volvió a la misma esquina para detener el tiro de Kaká; la condena parecía segura. Sin embargo, Casillas detuvo los dos siguientes y Xabi encendió una luz que se apagó cuando Sergio Ramos, héroe de una temporada entera, perdió la pelota en un fondo. Ahora está claro, cómo no haberlo previsto, cómo no habernos preparado para la tragedia. Dijo Albert Einstein (alemán, por cierto) que Dios no juega a los dados, pero nada comentó sobre su relación con el fútbol.

Iguales.
Así terminó la aventura del Real Madrid en la presente Champions, con absoluta dignidad, con los mismos merecimientos que el Bayern, pero con ninguno más. El dato es relevante. Su superioridad terminó después de un primer cuarto de hora maravilloso, con dos goles entusiastas, impulsores de una felicidad que era mentira.

El primero, de hecho, combinó el salvaje rugido del Bernabéu con el temblor del Bayern. Marcelo cambió el balón de costa y Di María lo empalmó con el alma (sector zurdo), tropezando con el brazo del aterrorizado Alaba, protagonista, todavía no lo sabía, de otra maldita historia circular.

Cristiano, tan ufano como un millonario en el Titanic, marcó el primero y no tardó en celebrar el segundo. En esa ocasión se lo regaló Özil, que fue quien le desenrolló la alfombra roja.

Pocos lo advirtieron entonces, pero el partido repetía sádicamente el argumento del Barça-Chelsea. De la felicidad más absoluta, dos goles en 13 minutos, se pasó al escalofrío que anuncia las malas noticias. En este caso no era tanto la acumulación de augurios nefastos, como la enorme fortaleza con la que el Bayern se puso en pie. No hay mayor desconcierto para un pistolero que el enemigo inmune a las balas.

Cuando Robben acortó distancias de penalti un objeto no identificado cubrió el cielo de los madridistas: era la sombra del Camp Nou. Casillas adivinó la dirección del disparo y el balón tuvo que doblar sus últimas falanges para terminar en la portería. De haberlo parado, Robben hubiera pedido el inmediato ingreso en un monasterio tibetano.

El penalti que provocó la pena fue un nuevo exceso de Pepe, impecable en lo demás, pero un defensa que nació en la marmita de la excitación y no necesita estímulos externos. El central atropelló a Mario Gómez cuando el delantero todavía tenía que alcanzar el pase de Kroos, cabecear y batir a Casillas; un mundo.

El Madrid cedió campo y terminó por ceder también la pelota. Xabi se había retrasado mucho en auxilio de la defensa y el Bayern había ganado la medular, a pesar de la incomparecencia de Schweinsteiger, polizonte de un gran partido; esto está escrito antes de su penalti y así queda, como testimonio de la ignorancia humana. Kroos, entretanto, se revelaba como un futbolista de los que valen por media docena.

Se intercambiaron golpes y pánicos. Pudo marcar el Bayern y pudo hacerlo el Madrid, replegado como le gusta, aunque sin las fuerzas que exige el repliegue. Con media hora por delante, el Madrid era el Chelsea con Cristiano en el papel de Drogba. La comparación es exagerada, lo sé, pero los sentimientos eran idénticos. A Fernando Torres ya le atronaban los oídos.

En los últimos minutos del tiempo reglamentario el partido se jugó en el corredor de la muerte: el nudo en el estómago, la esperanza en el corazón y el llanto en la garganta. Cada avance del Bayern sonaba como las pisadas del carcelero. En ese momento era más fácil gritar que pensar, más sencillo llorar que hablar.

Ceguera. Nadie quería arriesgar, nadie se asomaba del todo, el agotamiento se mezclaba con la prudencia y la fatiga con la estrategia. Los dos equipos ya eran dos boxeadores, de esos que se abrazan y parecen confundir el odio con el amor, y en esa ceguera de ojos hinchados mezclan ganchos y consuelos: si ganas, tú también lo merecerás.

En el minuto 74, Kaká entró por Di María, y conociendo el poco apego de Mourinho al brasileño, más que un cambio pareció una plegaria, un beso a la estampita del santo. Heynckes, sabio o loco, seguía sin hacer cambios.

Mario Gómez rozó el gol en el minuto 85 y estuvo cerca de evitarnos tanto sufrimiento y tanto placer sadomasoquista, porque hay ruinas preciosas. Su fallo fue ser bueno en lugar de tarugo, pues el magnífico pase de Robben necesitaba eso, un tipo con una sola idea. Gómez quiso recortar, poner lazo a una bomba y le estalló en las manos.

En la segunda parte de la prórroga Higuaín dio relevo a Benzema. Fueron los minutos de Kaká, desesperadamente delicado, aunque ligero e incisivo. Granero reclamó un penalti y una extraordinaria arrancada de Marcelo estuvo a un milímetro de dejar a Higuaín en posición de gol. Kassai señaló fuera de juego.

Al fin, el partido se trasladó al duelo Casillas-Neuer, el rey de los porteros contra su más prometedor aspirante. Tantos milagros de Iker jugaron en su contra, ya no hay quien lo dude. El chico alemán, en cambio, tenía a su favor el escudo del Bayern y una vida con más futuro que pasado, sin apenas gloria. Ya la tiene. Y la compartirá con Schweinsteiger, ese polizonte, ese futbolista acabado que ayer volvió a empezar. Bang.

Cristiano marcó 2 goles que no fueron suficientes.


Cristiano Ronaldo a 2 partidos del Balón de Oro

Cristiano Ronaldo buscará hoy antu su público el pase a la final de la Champions, una final que de ganarla ( frente al mismo rival que en 2008, el Chelsea), prácticamente le daria el Balón de Oro 2012.

El portugués lleva meses superando a un Leo Messi que, aunque parezca mentira, ha desaparecido en los momentos importantes. El argentino siempre daba lo mejor de sí cuando llegaba la hora de la verdad. En la presente temporada, no. Apagado en el Clásico y sin chispa ante el Chelsea (falló un penalti decisivo), el astro blaugrana se despidió del Balón de Oro.

En el otro lado está Cristiano Ronaldo. Soportando las críticas más absurdas y escuchando salvajadas semana tras semana, el portugués supo abstraerse para recordar que estamos ante un futbolista maravilloso. Torpedeó el Calderón, silenció al Camp Nou y va camino de firmar otra temporada de récord. Además, sus formas han cambiado. La ansiedad desapareció. La solidaridad se convirtió en su nueva virtud. De menos a más. De ser un crack a ser el mejor.

No es fácil decir que Cristiano merece un Balón de Oro. Y es que, vivimos una etapa en la que existe mucha dictadura verbal y poca capacidad analítica. Criticar a Leo Messi parece delito. Defender al Real Madrid o a sus jugadores es sinónimo de hooliganismo. Y en esas estamos. Luchando por una libertad mediática que los dueños de la verdad quisieron arrebatarnos.

Nadie dudará, jamás, de Messi. Nadie podrá decir, nunca, que el argentino es un jugador normal. Todos sabemos que el Diez del Barcelona es un crack indiscutible y va camino de marcar una época. Pero también debemos reconocer que, hoy por hoy, Cristiano Ronaldo está uno o dos puntos por encima de su íntimo rival.

Lo mejor para el portugués es que aún tiene la oportunidad de seguir distanciándose de su perseguidor. Lograr la Bota de Oro, alzar el título de Liga y poder levantar la Champions League le ayudan a la hora de encarar la fase decisiva en la lucha por el Balón de Oro.

¿Se lo merece? ¿De verdad merece llevarse el galardón? Preguntarán muchos. Y ante una cuestión tan vacía, lo mejor es responder con otra: ¿No se lo merece? Con los méritos firmados en el campo, cualquier debate suena ridículo. Cristiano Ronaldo, apunta a ganador del Balón de Oro 2012.

Cristiano Ronaldo ganó Balón de Oro y Champions en 2008


El Madrid arrasa sin Casillas y CR7

Fue un festival sin partido; la exhibición de uno, el Madrid, a costa de la condición de oyente del otro, el Dinamo. La composición final habla magníficamente de la madurez del equipo de Mourinho, resistente a los cambios y permeable a los refuerzos (Coentrao, Sahin, Callejón), y no tanto de la competición. Al Dinamo, desprovisto del apoyo de su público y de los tornillazos que le consintieron en Croacia, le cae gigantesca la competición. Y el Madrid, primero de grupo sin esperar a la última jornada, ya está definitivamente convencido de que Cristiano es una puerta importante (la puerta grande muchas tardes) pero no la única a la que llamar.

Intuyó Mourinho la sencillez del partido y a la hora de construir un Madrid híbrido (sin Casillas, Pepe ni Cristiano) le dio gusto al público: Sahin y Xabi Alonso juntos; Benzema e Higuaín, también; Varane de nuevo en el escaparate, y Callejón para salvar la imagen de marca de la cantera. Sin trivote, ni triángulo de presión, según lo expliquen los periodistas o lo edulcore el entrenador. Y por encima de todos Özil. No se conoce mejor tratamiento de rehabilitación para un futbolista que insistir con él en los peores momentos y premiarle, además, con el papel que borda. Definitivamente es jugador con partidos punta y partidos valle, sin un comportamiento uniforme, pero en su mejor versión, la de esta noche, resulta un diez poderoso, con jerarquía, el mejor en este imperio donde lleva mes y pico sin ponerse el sol.

Benzema e Higuaín

El espíritu emprendedor de Özil tuvo un efecto devastador. En veinte minutos no quedaba piedra sobre piedra en el Dinamo. Cuatro goles encajó: dos los dio el alemán y otro lo marcó. Y Benzema, vencido a la izquierda, para hacerle sitio en vanguardia a Higuaín, fue el futbolista con burbujas que tanto le ha costado fabricar a Mourinho. Marcó el primero y el sexto, regaló el segundo, participó y remató. No se le recuerda un partido en que se sintiera tan importante en el Madrid. Y obligó a Higuaín a meter otro tanto soberbio, como su actuación general, con recorte y remate picado, para mantener la pelea. Ese convencimiento de que en las grandes citas sólo cabrá uno mantiene a ambos con las orejas tiesas, a beneficio del Madrid.

También dejó el partido la sensación de que Lass es púgil para varios pesos: está a la altura de Khedira como mediocentro y resultó hiperactivo y atrevido como Arbeloa de lateral. Preparó el 3-0. Casi siempre está por encima de su reputación. Y por esta alfombra roja desfiló Sahin con cierta gracia, haciendo kilómetros para cuando crezca la exigencia. Gustaron su estampa torera y algún muletazo de izquierda.

Los cambios

Luego se durmió el partido. El Madrid metió cuatro goles en los cinco primeros disparos y se calmó después, pensando en el derbi, en el clásico y hasta en las compras navideñas. Aquel hambre inicial no podía ser eterno. En la segunda mitad refrescó aún más el equipo Mourinho con Albiol, Granero y Altintop para evitarle castigo a tres puntales (Ramos, Granero y Altintop). Tres cambios con 45 minutos por delante, prueba inequívoca de que aquello ya no era un partido de Champions.

Aún así volvió a marcar Callejón y lanzó después una vaselina que le sacó Kelaya. Dos detalles más para engrandecer su noche y presentar una propuesta seria al técnico. Mourinho no se subió a lomos de cualquiera en Valencia. Y repitió Benzema, en entrega en bandeja de Higuaín, que la competencia no está reñida con la colaboración. Después firmó una tijera que él mismo se cocinó y que tocó el larguero. Beqiraj y Tomecak evitaron el set en blanco y la posibilidad de que el Madrid acabara inmaculado la liguilla. Nadie, salvo Adán, se detuvo a lamentarlo.

El Madrid va lanzado.


Un paseo hasta octavos

El Real Madrid está donde quería y cuando quería, clasificado para los octavos de final de la Liga de Campeones con dos jornadas de margen. Un trabajo limpio y eficaz adornado con números magníficos. Cuatro victorias y ningún gol encajado. El viaje del Madrid por esta fase de grupos ha sido plácido y sin sobresaltos. A ello ha contribuido tanto su buen tono como el escaso nivel de sus rivales, con más nombre que fútbol, con más pasado que presente. Al Lyon le pasó por encima, pero tantas ocasiones malgastó que sólo llegó al gol a balón parado. Primero de falta y luego de penalti. La firma a esas dos acciones la puso Cristiano Ronaldo.

El Lyon fue lo que quiso que fuera el Madrid, que sin forzar en exceso, tomándose la vida con más calma que otras noches y, sobre todo, perdonando demasiadas ocasiones, se mostró infinitamente superior a un rival que es una caricatura de lo que un día fue. La diferencia que se vio sobre el campo invitaba a ver una goleada en el marcador. Si no se produjo fue por culpa del Madrid, que se recreó en exceso, se confió en el remate y dejó pasar de largo una gran oportunidad para haber conseguido un resultado de los que se recuerdan con el tiempo. Este 0-2 no tardará en ser olvidado. Por todos menos por Cristiano, que con su doblete a balón parado suma ya 100 goles vestido con la camiseta del Real Madrid en 105 encuentros.

Cada ataque del Madrid era una ocasión de peligro. Las estampidas del Madrid no anunciaban nada bueno para el Lyon, todo lo contrario que las ofensivas del equipo francés, que no pasaron de inocentes caricias. Mientras el Madrid estuvo concentrado y mostró intensidad e interés por defender, Casillas apenas tuvo que intervenir. Cuando se vio exigido por el Lyon, Iker estuvo extraordinario. Y donde no llegó él, apareció el larguero para evitar el gol.

En medio de esta incuestionable superioridad del Madrid, tres hombres se elevaron por encima del resto, Cristiano, autor de un doblete; Özil, más despierto de lo que se le ha visto últimamente; y Benzema, muy activo hasta que fue sustituido por Higuaín. También tuvo espacios suficientes para lucirse Di María, quien no vivió su mejor noche y volvió a evidenciar que su destreza golpeando la pelota con la pierna derecha es la misma que mostraría si aporreara el balón con una garrota. Terminó siendo sustituido por Callejón a poco del cierre.

La fragilidad del Lyon permitió que Lass saliera airoso del trance de actuar primero como lateral derecho y terminar como izquierdo, después de la lesión de Coentrao. El portugués fue reemplazado por el enmascarado Albiol, que se situó como lateral y dejó que Ramos siguiera formando pareja en el centro de la zaga con Pepe.

El Madrid solventó el encuentro a balón parado. Mediado el primer tiempo, Cristiano ajustó su punto de mira y batió a Lloris con un tiro de falta potente y preciso que entró por el palo que defendía, pero mal, el portero. En el minuto 70, el portugués firmó su gol 100 de forma menos glamurosa, pero igual de importante para la estadística, al transformar un penalti cometido sobre él mismo por Dabo. La acción debió ser invalidada, puesto que cuando recibió el balón, Cristiano estaba en fuera de juego.

Lo que ocurrió antes y después fue un carrusel de ocasiones que una a una fue desperdiciando el Madrid, que ahora puede entregarse a dosificar energías y preparar futuros retos con el sosiego que da saberse con el trabajo hecho.

Cristiano marcó un doblete.


El Real Madrid amplía su repertorio

A partir de una abrumadora superioridad en la posesión del balón y apoyado en la tranquilidad que le dio el primer gol de Benzema, el Madrid construyó una victoria tan justa como sencilla. Desde el toque y con paciencia, el Madrid pasó por encima del Lyon, al que despachó con cuatro goles que bien pudieron ser más, porque la distancia que hubo entre los dos equipos fue sideral. Tres victorias en tres partidos y sin que se haya visto a ningún rival en su grupo que pueda hacer ni cosquillas a este Madrid que avanza con seguridad hasta los octavos de final. Tan grande es su superioridad, que el Madrid casi ha convertido en un trámite lo que le resta por disputar de esta primera fase de la Liga de Campeones.

Mientras la distancia en el marcador no fue excesiva, se vio más juego al toque que a la carrera. El Madrid movió bien el balón y desde esa posesión infinita de la pelota fue madurando el partido hasta lograr que el Lyon cayera rendido. Fue cuestión de tiempo y de paciencia y de saber crearse espacios. Unos espacios que se generaron con circulaciones rápidas del balón y con asociaciones continuas de sus hombres de ataque. El hombre que dio sentido a todos esos movimientos fue, como no podía ser de otra forma, Xabi Alonso. El director de una orquesta cada vez más afinada. Con sus pases, Xabi siempre deja en posición de ventaja a sus compañeros, algo que es de un valor incalculable. Esta vez contó con la colaboración de Khedira, que si la mayoría de las veces estorba más que aporta, en esta ocasión cumplió de forma correcta con la función de escudero de Xabi.

Tan cómodo se encuentra el Madrid en la Liga de Campeones que no hay lugar para las dudas. Se le vio tan decidido llevando la iniciativa como cuando atropella a sus rivales al contragolpe. Mandó desde el inicio y se hizo respetar con su juego y desde la posesión de la pelota. Y cuando estiró la distancia con el rival en el marcador, siguió martirizando al Lyon con esos movimientos rápidos y eléctricos que le permitieron ganar la espalda de los franceses una y otra vez. La ambición del Madrid no permitió ni un momento de respiro al Lyon, que sufrió la contundencia de los blancos en todas sus versiones.

Dos goles, los de Benzema y Ramos, nacieron en lanzamientos de córner; otro, el de Khedira, en una de esas jugadas tan rápidas como precisas buscando la espalda del rival que tan bien definen al Madrid y hasta la fortuna se vistió de blanco para que el portero del Lyon, Lloris, se hiciera un gol en propia puerta.

Todo se puso cuesta abajo en el minuto 19, cuando Özil sacó un córner, cabeceó Cristiano y Benzema apareció en el segundo palo para empujar el balón. Recuperado de su lesión, el francés volvió a ser titular e Higuaín, que llegada después de conseguir tres hat-tricks en sus últimos tres partidos, fue suplente.

Acusó el golpe el Lyon, que todavía se resistía a caer y mandó un aviso con un gol de Gomis que fue anulado por fuera de juego. Fue de las pocas veces que se mostraron los franceses en ataque. Vivieron encerrados en su campo, primero por decisión propia y después porque le obligó el Madrid, que apenas pasó apuros. Las complicaciones defensivas del Madrid llegaron más por los pocos errores que cometieron sus defensas que por las habilidades mostradas por el Lyon, un equipo que está demasiado lejos del nivel de hace unos años y que sólo provocó cierta inquietud al contragolpe.

El Madrid no dejó de mandar, de tocar y de buscar el gol, que bien pudo llegar antes del descanso si el árbitro turco Çakir no hubiera decidido anularlo. Xabi Alonso combinó con Benzema en un saque de falta y éste batió a Lloris. Çakir lo anuló y mostró amarilla a Xabi argumentando que alguien había pedido barrera. El árbitro creyó oír voces. Parece que sobre el césped sólo las escuchó él.

La distancia que ya existía sobre el césped se trasladó al marcador nada más salir de los vestuarios. Fue en un pase de Marcelo a Benzema, que aprovechó el resbalón de Koné para ganarle la espalda y ceder el balón a Khedira para que éste anotara el segundo. La sentencia definitiva llegó a continuación, cuando el portero Lloris se metió el balón en su portería después un pase de Özil que buscaba a Benzema.

Se derrumbó completamente el Lyon y con nada por resolver, más allá de los goles que fuera capaz de convertir el Madrid, Mourinho movió el banquillo. La primera vez por obligación, ya que un golpe de Pepe mandó a Khedira a los vestuarios. Su puesto lo ocupó Coentrao, al que se vio tan despistado como de costumbre como compañero de Xabi Alonso en el mediocentro. Después fue el turno de Kaká, que sustituyó a Özil, y a continuación el de Higuaín, que reemplazó al inspirado Benzema, al que parece que espabilan tanto sus goles como los que consigue Higuaín.

La ambición de Madrid, que nunca se cansó de atacar, de mandar y de tener el balón, tuvo todavía un premio final con el gol de Sergio Ramos a diez minutos del cierre.

El Madrid evoluciona.


El Madrid al contragolpe

La Liga de Campeones no es un problema para el Real Madrid, que utiliza esta competición como terapia y en ella encuentra el refugio para intentar rebajar la tensión y espantar dudas, propias o ajenas. Una victoria contra un Ajax descarado, pero menor, le despeja un camino en el que no debería encontrar más dificultades que las que el propio Madrid se busque.

Pero sería un error caer en la autocomplacencia por la contundencia del marcador. Y es que el Madrid está lejos de ofrecer su mejor versión, algo que sólo alcanza cuando despliega esos contragolpes que ha convertido en un arte. Ahora hay que olvidarse de ver a este equipo entregarse a la elaboración de sus jugadas. Ha elegido una vía más directa y letal para tumbar a sus rivales, el contraataque. Se ha refugiado en él para superar los momentos de inestabilidad y en él se apoya para ir creciendo y ganando confianza. No sería una exageración asegurar que no hay equipo en el mundo capaz de ejecutar un contragolpe con la perfección que lo hace el Madrid. Y eso, también hay que valorarlo y disfrutarlo. Más preocupantes son las numerosas ocasiones de gol que le crean en cada encuentro. Como siempre, la solución a este problema sigue estando en los guantes de Casillas, que se lució con no menos de tres intervenciones de gran altura.

Con una contra desenredó el Madrid un partido que comenzó con mala cara y apoyado en las veloces galopadas de sus jugadores encontró una autopista que le terminó llevando con comodidad hacia la victoria. Con espacios por delante nadie se sintió más libre que Kaká, que recuperó viejas sensaciones, y Özil y Cristiano supieron disfrutar con la ligereza de los marcajes del Ajax. Con todos ellos supo conectar Xabi Alonso, el único cerebro de este conjunto, la mente más clara.

El claro triunfo del Madrid no se adivinaba en los primeros minutos del encuentro, cuando debió surgir la enorme figura de Casillas para dejar las cosas en su sitio. No se había cumplido el primer minuto cuando Iker demostró reflejos y agilidad para desviar un disparo de Boerrigter.

Y es que el Ajax salió con descaro, buscando el balón y tratando de llevar la iniciativa, nada extraño de acuerdo con su historia, pero sorprendente dada la enorme distancia que separa actualmente al Madrid y el conjunto holandés. El Madrid permitió al Ajax iniciar el juego con tranquilidad, olvidándose de presionar, todo lo contrario que los holandeses, que mientras mantuvo la ilusión que acabaron por arrebatarle los goles supo situar un hombre junto a Xabi Alonso.

Al cuarto de hora Casillas tuvo que aparecer de nuevo, esta vez ante De Jong, pero ninguna ocasión fue tan clara como la de Benzema a los 17 minutos, cuando de forma inexplicable, y desde el área pequeña, mandó fuera un envío de Khedira.

El Madrid estuvo a disgusto y el público inquieto hasta que construyó la mejor acción de la noche. Fue un extraordinario contragolpe iniciado por Ramos, que pasó el balón a Özil, quien combinó con Cristiano, éste se apoyó en Kaká, que se la devolvió al portugués para que se asociara con Özil, que vio a Benzema en la derecha y éste envió el balón al centro del área para que Cristiano, llegando en carrera, batiera a Vermeer. Una acción perfecta, ejecutada a una altísima velocidad y al primer toque por todos sus protagonistas. Once toques para construir el contragolpe perfecto. Maravilloso.

Con ese gol comenzó a destruir la resistencia y la confianza del Ajax y dibujó un escenario totalmente nuevo, en el que el Madrid se manejó con más soltura. Al Ajax le invadieron las dudas y comenzaron a pesarle sus limitaciones. Se alargó en exceso y separó sus líneas hasta dejar las grietas suficientes por las que supo atacarle el Madrid.

Antes del descanso Kaká marcó el segundo gol del Madrid con un buen disparo desde el borde del área y al poco de salir de los vestuarios Benzema firmó el tercero. Otra bella acción. Xabi Alonso rompió todo el sistema defensivo del Ajax con un sensacional pase en largo a Arbeloa, que combinó con Kaká y éste con Benzema para que el francés marcara.

De ahí al final, las principales noticias que dejó el Madrid fueron la lesión de Benzema, otra excelente intervención de Casillas y el debut del turco Altintop. Pocos argumentos para la felicidad.

Cristiano autor de 1 gol, felicita a Kaka, autor del 2º gol.


El Madrid supo sufrir y ganar

La trampa que tiende el Real Madrid a sus rivales es que cuando más le dominan más cerca está de montar un contragolpe. Y no hay mejor equipo a la carrera. Al segundo susto, el adversario decide retroceder unos metros y el Madrid vuelve a dominar el partido. Lo que ocurre después es que se apropia del balón y se siente protegido, pero echa de menos de correr, la vida en la carretera.

Como el fútbol es paradoja, el Madrid marcó ayer después de tres pases entre futbolistas que ocupaban su posición como jugadores del Subbuteo; casi estáticos, quiero decir. Cristiano, en situación de extremo izquierdo, tocó para Benzema, el francés abrió para Marcelo y este hizo lo propio en dirección a Di María. El balón trazó una línea horizontal (aproximadamente) que terminó en un remate magnífico, de zurdo bueno (los malos se hacen porteros). La intriga no reside en el gol, el primero que consigue el Madrid vestido de rojo. La pregunta es qué hacía Marcelo allí, en el centro de la línea frontal del área enemiga, territorio de delanteros y centrocampistas avanzados.

La única respuesta es que Marcelo estaba en ese lugar desmoronando el equilibrio de un Dinamo que ayer tuvo solución para casi todo, excepto para un lateral lunático y explorador. No diré que Marcelo es el jugador más relevante del Madrid (se podría discutir), pero me reconocerán sus víctimas que es la gota que colma el vaso.

Así las cosas, para los rivales del Madrid hasta el panorama más optimista resulta desalentador. En el mejor de los escenarios, y después de una estricta aplicación, se puede controlar a Cristiano, Benzema, Di María, Özil o Xabi. Pero en ese caso, en el mejor de los posibles, lo más probable es que te mate Marcelo (y a él el árbitro).

Que el gol llegara en el minuto 52 habla muy bien de la resistencia croata y de los problemas del Madrid para hincarle el diente al partido. La primera razón es que el Dinamo no es la perita en dulce que se anunciaba desde el bombo 4. Se trata de un equipo joven, una bicoca para ojeadores, con el único problema de que carece de un delantero centro o algo que se le parezca. Kovacic, de 17 años, es un mediocampista exquisito y ágil. El brasileño Sammir (24) es un futbolista con conocimiento del juego y el argentino Luis Ibáñez (23) un lateral ratonero y profundo. Por no hablar del portero, Kelava (23), listo para ser estrella. Hay mimbres, por tanto, pero falta pólvora.

Balance.
El Dinamo (fuerza en movimiento) podrá presumir de un partido en el que le peleó el timón al Madrid. Para el ganador quedará el valor de la victoria, aunque persisten las lagunas, queda saber si por falta de juego o por falta de concentración. Por lo demás, no hubo grandes revelaciones. Coentrao cumplió como centrocampista y sus arrebatos atacantes compensaron su escasa disciplina defensiva. Será así siempre. Özil se perdió en su nube y Benzema dejó sólo un quiebro, pero magnífico: tumbó a media defensa. Lass, chuleta, jugó diez buenos minutos.

Mourinho, que al final estuvo en un palco VIP, lo vio todo cubierto con una gorra de hombre de Harrelson, como un SWAT en el tejado. Pero sin rifle.

Cristiano volvio a vestir de rojo, pero con el Madrid.


Cristiano, Messi o Xavi, Mejor Jugador UEFA

Todavía no ha arrancado la campaña de manera oficial, pero Madrid y Barça vuelven a luchar por un nuevo trofeo. Esta vez no se decidirá en los terrenos de juego y sí lo harán los 53 reconocidos periodistas deportivos europeos que forman parte del jurado que decidirá quién es el Mejor Jugador de Europa de la temporada.

Este nuevo galardón de la UEFA nace con el objetivo de revivir el espíritu del antiguo premio al Futbolista Europeo del Año y reconocerá al mejor jugador, independientemente de su nacionalidad, que milite en un club europeo de la UEFA. Se hará entrega el próximo 25 de agosto en Mónaco, durante el sorteo de la fase de grupos de la Champions.

La criba inicial la formaban diez futbolistas, elegidos por el Comité de Técnicos de la UEFA, y sólo tres han llegado a la fase final tras la votaciones de los periodistas: Cristiano, Messi y Xavi. El madridista logró la campaña pasada 53 goles y su tanto de cabeza en la Copa fue clave para que el conjunto blanco se llevase el trofeo del K.O. Messi, por su parte, también llegó a los 53 tantos, aunque tres de ellos los hizo en la Supercopa de España. Además, ayudó a su equipo a conquistar Liga y Champions. Al igual que Xavi, que fue el cerebro del Barcelona en el doblete.

Los otros.
La UEFA hizo oficial ayer la terna de los candidatos finales, así como los otros seis jugadores que han optado al galardón. Los 53 periodistas eligieron a los tres mejores con una votación de cinco, tres y un punto, aunque no anunciaron la puntuación de los tres primeros. De los españoles, Iniesta fue cuarto con 33 puntos y Pique, octavo con cuatro.

Cristiano Ronaldo ganó en 2008 el premio al mejor jugador de la Champions League, este año el trofeo es nuevo.


El Real Madrid se despide con la cabeza alta

Se acabaron los clásicos. Vuelve el fútbol. Superada la tormenta, los relámpagos y los truenos se agradecería una vuelta a la normalidad, a la sensatez y al buen juicio, algo de lo que ya se vio en este último duelo entre el Barcelona y el Real Madrid, que tampoco pudo escapar a la polémica arbitral. El Barça terminó de sacar su billete para Wembley y lo hizo teniendo que superar a un Madrid más atrevido, que quiso parecerse más al de la Copa, aunque sin esa prestancia y poderío que ofreció en Mestalla.

Dejó una imagen más que aceptable el Madrid, que no necesitó de un trivote para crear problemas al Barcelona. Intentó salir de las tinieblas tratando de complicar la vida al Barça en el campo rival en lugar de esperarle en el propio. Se demostró que es capaz de hacerlo. Es verdad que sin continuidad y con altibajos, pero no es menos cierto que una vez más quedó claro que había otros caminos para discutirle la clasificación al Barcelona.

Pasó quien más buscó la clasificación, aunque el Madrid podrá salir de nuevo de penitencia lamentándose por un error arbitral. Ocurrió todo cuando el marcador todavía iba empatado a cero, al inicio del segundo tiempo. Una serie de catastróficas desdichas terminaron con el belga De Bleeckere señalando falta de Cristiano sobre Mascherano antes de que Higuaín batiera a Valdés. Lo que hubiera sucedido a partir de ahí es pura especulación, nunca lo sabremos. Como tampoco sabremos qué hubiera ocurrido si el árbitro hubiera mostrado la segunda amarilla al revolucionado Carvalho. Tres ocasiones tuvo para ello.

A los lamentos, justificados esta vez, del Madrid respondió el Barcelona con el gol de Pedro. Un tanto que nació en la cabeza de Iniesta, al que sus pies responden con obediencia. Dibujó un pase maravilloso, con el que rompió toda la línea defensiva, y dejó a Pedro ante Casillas, al que batió con serenidad. Colaboró en la acción Marcelo, que recordó al despistado de los viejos tiempos al romper el fuera de juego que habilitó a Pedro.

De este duelo de alto voltaje entre Barcelona y Real Madrid se puede extraer sin demasiada dificultad la conclusión de que Higuaín y Kaká no están para ser titulares en el Madrid, que pagó la presencia de los dos en el once inicial. Como maniobra de distracción fue interesante, pero a nadie distrajo y perturbó más su presencia que al propio Madrid. Renunciar a la imaginación de Özil cuando debes remontar un 0-2 es un lujo que ningún equipo puede permitirse.

Con la disposición del Madrid y su actitud en este encuentro quedó también en evidencia el planteamiento de Mourinho en la ida. Se ha demostrado, una vez más, que renunciar al fútbol no garantiza nada. Como tampoco asegura nada viajar por la vida con el gesto arrugado. Eso tampoco impide que los demás sean felices. Sólo asegura tu amargura.

El Madrid salió con una actitud bien diferente, pensando en positivo. Incomodó al Barcelona al presionarle muy arriba, cerca de su área hasta hacerle sufrir para iniciar el juego como nunca lo hizo en el Bernabéu. Sostenido por un inmenso Lass y por Xabi Alonso, el Madrid entorpeció al Barcelona en su línea de creación. Lass salía a por Iniesta y Xabi a por Xavi. Mientras, Kaká amagaba con salir a presionar a Busquets y Cristiano vigilaba con los ojos al rival que cayera por su zona, como un guardia sentado en su garita.

Aparentaba tener la situación controlada el Madrid, pero con un déficit importante y es que no apareció por las proximidades de Valdés, hasta el punto de que se marchó al descanso sin tirar a portería.

El Barcelona empezó algo pesado, con movimientos lentos, pero fue cogiendo velocidad hasta terminar pareciéndose a sí mismo en el último cuarto de hora. A partir de ahí y hasta el descanso, al Madrid ya sólo le sostuvieron los guantes de Casillas, sublime una vez más y que con tres intervenciones magníficas impidió que se moviera el marcador. A esas alturas, el Madrid ya estaba partido en dos y a merced de lo que el Barcelona quisiera hacer con él.

Quizá es que era esa la única opción para que el Madrid dinamitara la eliminatoria, que el encuentro se desarrollara sin ningún tipo de ataduras y fiarlo todo a su poder en los contragolpes. No dejaba de ser una ruleta rusa con demasiadas balas en el cargador. Era fácil dispararse en un pie.

Le vino bien al Madrid el paso por los vestuarios, de los que salió fortalecido. Volvió con fuerza el Madrid, con las líneas más juntas y llevando de nuevo la presión al campo rival. Acarició el gol más que nunca en un contragolpe que terminó en ese tanto anulado por falta previa de Cristiano a Mascherano. Una acción para acabar de encender los ánimos más exaltados del madridismo. Si Cristiano cayó sobre Mascherano fue por un ligero toque previo de Piqué. Cuando Higuaín marcó, De Bleeckere ya había señalado la infracción.

Como ya ha quedado dicho, el Barcelona respondió con el gol de Pedro. Fue un golpe durísimo, cuando mejor estaba el Madrid, cuando se sentía con ánimo para hacer daño. Deshizo entonces el Madrid lo que había diseñado de inicio y Adebayor y Özil sustituyeron a Higuaín y Kaká. Le dieron un aspecto bien diferente al Madrid, que de ahí al final se movió con la cabeza alta, demostrando personalidad y ofreciendo argumentos para ganarse el empate.

Lo consiguió en el minuto 64, en una maniobra iniciada por Xabi Alonso, que con el mismo toque con el que robó el balón se lo cedió a Di María para que rematara al poste. El rechace lo recogió el argentino, quien cedió a Marcelo para que batiera a Valdés.

No perdió nunca la intensidad defensiva el Madrid, pero comenzó a atacar con menos frescura y el Barcelona, más desdibujado que de costumbre, menos brillante y con más dudas, terminó sacando provecho. El partido se iba a acabar de ganar en el centro del campo y Guardiola no dudó en meter más músculo, al dar entrada a Keita por el irregular Villa. Recuperó el aliento el Barcelona y se fue desanimando el Madrid, para el que la esperanza de viajar a Wembley ya no era más que una quimera imposible.

Allí estará el Barcelona y con él Eric Abidal, que reapareció en los instantes finales después de su intervención para extirparle un tumor en el hígado. Si alguna vez se había puesto, el sol vuelve a salir en el Camp Nou.

Cristiano: “Así es muy dificil”
Cristiano Ronaldo se ha quejado amargamente del arbitraje sufrido por el Real Madrid a lo largo de la eliminatoria ante el Barcelona. El portugués no ha dudado tras el partido del Campo Nou en apuntar a ‘manos negras’ que ayudan al Barcelona a obtener sus éxitos: “Esto era ‘Misión Imposible IV’, sabíamos que era lo que iba a pasar. Estamos acostumbrados a vivir con estas cosas. Nos quitaron la oportunidad de estar en la final en la ida del Bernabéu. Aquí no, aquí no, aquí sólo han seguido haciendo lo mismo. Hay muchas cosas juntas. Lo que pasó en el Bernabéu, lo que ha pasado hoy… hay que pensar… el Barcelona tiene un gran equipo pero hay algo detrás. Es muy difícil jugar con diez tras la expulsión del Bernabéu, con el gol anulado hoy… Es muy difícil jugar con estos contratiempos”.

Además, Cristiano ha cargado contra Mascherano, con el que coincidió en Inglaterra, uno en el Manchester y otro en el Liverpool: “No era así en el Liverpool, aquí ha aprendido de las trampas del Barcelona”.

Por último, le preguntaron si mantenía su idea, lanzada tras el 0-2 en el Bernabéu, de que no le gusta el estilo de juego del Madrid. “No me gusta jugar así, pero tengo que adaptarme”, dijo entonces. El portugués ha calificado de “tempestad en un vaso de agua” estas manifestaciones: “Me siento más cómodo jugando en un sitio que en otro. Aquel mensaje no es el que quería decir. Estoy acostumbrado al arbitraje y a la prensa, hay que saber vivir con ello”.

Cristiano Ronaldo en el Camp Nou.


Cristiano Ronaldo: declaraciones tras el clásico (Madrid 0-2 Barcelona 26/04/2011)


Demasiado para 10

Los duelos entre Real Madrid y Barcelona pueden llegar a convertirse en contraproducentes para el fútbol. Después de tres enfrentamientos directos en apenas dos semanas ya deberíamos tener asumido que el espectáculo nunca tendrá como protagonista al balón, ni siquiera al juego y tendríamos que empezar a asimilar que llegará el día que no sea necesario que haya una pelota sobre el césped cuando estos dos equipos se miren frente a frente. Se retarán en las conferencias de prensa los entrenadores, se mandarán mensajes los jugadores a través de los medios, convertidos en correos de sus intereses, y afilarán los tacos y relajarán las manos para tenerlas bien ágiles cuando se citen sobre el césped. El encargado de mover el pulgar hacia arriba o hacia abajo podría ser el árbitro o el jurado de Eurovisión. Dará igual. El fútbol parece que es lo último que importa y en el primer partido de esta eliminatoria a nadie se ha despreciado más que a los aficionados, sufridores de un castigo cruel.

El partido nos dejó argumentos para que presuman unos y excusas para que exageren sus lamentos otros. Pero por encima del fango, del alboroto y de la tensión surgió la figura de Messi para decidir seguramente la eliminatoria y dejarnos un gol para el recuerdo, un eslalon perfecto en el que desparramó sobre el césped a cuanto jugador vestido de blanco intentó salir a su cruce.

A la figura de Messi se agarrarán en el Barcelona para justificar su triunfo. A eso y a que fue el único equipo que intentó crear algo de fútbol en toda la noche. Apenas lo consiguió, pero su abrumadora superioridad en la posesión del balón le permitió defenderse teniendo la pelota en su poder. Sin sufrir, sin casi sobresaltos. Y en el Bernabéu.

En el Real Madrid la visión será diferente y justificarán el declive final de su equipo en la expulsión de Pepe a los 61 minutos por un plantillazo a Alves. Una expulsión justa, pero que podría llegar a admitir un debate sobre ello. Esa roja provocó la inmediata expulsión de Mourinho y la ruina del Madrid, que se descompuso de mala manera. Sin el trabajo y el carácter de Pepe en el centro del campo, las costuras del Madrid saltaron por los aires y el equipo cayó rendido a la genialidad de Messi. Primero aprovechó una buena jugada por la derecha de Afellay, que se fue con insultante facilidad de Marcelo, para anticiparse a Sergio Ramos y batir por primera vez a Casillas. Después llegó esa maravilla de gol que pone al Barcelona en la puerta de embarque para Wembley.

De lo que ocurrió antes nadie se acordará y es que poco merece ser recordado. Fue el combate del miedo, sin espacio para nada de fútbol. Comenzaron los dos con el freno de mano, con el Barcelona tocando y el Madrid esperando, estudiando los movimientos del enemigo. El Barça, fiel a su estilo de elaboración y toque, frente al fútbol directo del Madrid, que se quedó a medio camino entre ir a presionar o esperar atrás. Se plantó en el círculo central, permitiendo al Barça pensar cada movimiento hasta adentrarse en territorio rival. Pero fueron avances lentos, demasiado previsibles y en los que olvidó las bandas. Apenas se vio a Alves correr por el lateral.

Con este prudente planteamiento, los principales damnificados fueron Özil, Di María y Cristiano, que se hizo notar más por sus aspavientos que por su fútbol. En el primer tiempo sólo apareció para acribillar a pelotazos a la barrera en cada falta que lanzó y en un disparo que desvió con dificultades Valdés. En el segundo tiempo, el madrid aún hizo menos.

Xabi se situó por delante de la zaga, barriendo toda la pradera central, con Lass a su derecha y Pepe a su izquierda, ligeramente adelantados. Mientras los tres estuvieron sobre el campo, el Madrid aguantó con la cabeza alta, sin jugar al fútbol, pero sin sufrir daños. Antes del descanso apenas se pudieron anotar dos disparos de Villa y de Xavi. El primero salió desviado por centímetros y el segundo lo despejó Casillas. Del Madrid no hubo noticias en el área rival.

El segundo tiempo comenzó a otra velocidad, con el Madrid queriendo vivir más arriba y el Barcelona queriendo parecerse más a sí mismo, y con cambios en la disposición de los dos equipos. Adebayor sustituyó a Özil y por primera vez e Madrid tuvo una referencia en ataque que permitió liberar a Cristiano. Tanto se liberó que no se le volvió a ver. En el Barcelona, Villa se cambió a la derecha y Pedro pasó a la izquierda.

El aire le duró al Madrid lo que tardó el árbitro alemán Stark en expulsar a Pepe. Sea rigurosa o no, no parece lógico que un equipo de ese nivel se descomponga de tal manera sólo por la expulsión del portugués. Pero lo peor quizá no fue que el equipo no tuviera capacidad de reacción, sino que en los siguientes minutos esa reacción no llegara desde el banquillo, en el que ya no estaba sentado el expulsado Mourinho. Tampoco no podrá sentarse en el banquillo del Camp Nou, donde tampoco acudirá Sergio Ramos, que vio una amarilla que le impedirá jugar la vuelta.

Mal dia para el Madrid y para CR7.


Cristiano Ronaldo, en busca del segundo balón de oro

Cristiano Ronaldo está dispuesto a volver a lo más alto del fútbol mundial y para ello debe desbancar a su gran oponente, Leo Messi. En una temporada sin Eurocopa ni Mundial, la Champions League puede ser definitiva en la elección del próximo Balón de Oro. El sorteo y el buen hacer de Real Madrid y Barcelona les ha vuelto a emparejar esta temporada, tras dos clásicos disputados y un aparente dominio blanco, Messi y Cristiano vuelven a verse las caras en el partido definitivo, no solo la Champions está en juego, sino también el título de mejor jugador del mundo, el portugués ha ganado por ahora el primer asalto, la Copa del Rey, ¿qué ocurrirá en el continente?

El duelo liguero se saldó con empate a uno y gracias a dos penaltis. Messi rompió su maldición marcando por fin a un equipo entrenado por José Mourinho, mientras que Ronaldo vio como su gafe de cara a la portería de Valdés también se esfumaba. En cambio, en la final de la Copa del Rey, Messi terminó eclipsado por Cristiano, el tanto del portugués en la prórroga le brindó la victoria al Real Madrid a pesar de la gran segunda parte del conjunto blaugrana. El argentino presionado por Pepe no pudo brillar como acostumbra, los pases, las combinaciones con Xavi, Pedro, Iniesta y Villa, incluso el gol se le atragantaron. Esta vez, el hombre decisivo fue Ronaldo.

El tercer clásico, que se disputará en Europa es determinante, ambos jugadores se encuentra inmersos en una lucha sin cuartel que este miércoles cerrará su penúltima tanda. Messi consciente de la cacería a la que será sometido en el Bernabéu, llega con el fin de romper su mala racha en semifinales, ronda en la que nunca ha visto puerta, mientras que Ronaldo pretende seguir siendo importante en un equipo que le ficho para ello. La final de Wembley, presumiblemente ante el Manchester United, está en juego, el liderazgo mundial también.

Cristiano en el entrenamiento pre-partido frente al Braça.


Gol y a semifinales

La idea era no arrugarse el traje y el Madrid salió de White Hart Lane sin otra mota de polvo que la amarilla de Carvalho, que no podrá jugar contra el Barça en la ida de las semifinales. Un inconveniente mínimo (algún día tenía que caer) si se compara con la victoria (600.000 euros) y con la sensación de absoluta superioridad, de cabo a rabo, en Madrid y en Londres.

Porque el infierno inglés duró cinco minutos. De modo que más que infierno fue infiernillo. Los ingleses ya no son lo que eran, dicho sea sin faltar. Antes cualquier equipo de las islas garantizaba en su estadio un asedio salvaje, casi conmovedor. El asunto se entiende mejor si hacemos notar que el Tottenham alineó ayer, en su once titular, a tres ingleses y un galés. Apenas un leve aroma británico.

En esos minutos de asalto anotamos dos aproximaciones que tuvieron a Bale como protagonista. En la primera reclamó un penalti falso. En la otra hizo exhibición de sus virtudes: carrera por banda, defensas convertidos en conos y centro malvado desde donde termina el campo. No llegó nadie, pero Terminator no puede hacer más.

El Madrid, sin sofocarse. Antes de ese arreón local, Özil había encarado al portero en posición muy ventajosa, pero golpeó el balón como quien arroja pétalos a la Esperanza de Triana. Dulcemente, quiero decir. Ocurre con los poetas y Özil lo es: de tanto en cuanto se les evapora el seso. Como luego vendrá cargado de metáforas, sólo hay pedir que llegue a tiempo.
Solidarios.

La conclusión más positiva de la primera parte es que el Madrid es un equipo muy sólido en cualquiera de las variantes que propone. Anoche, en previsión de las incursiones de Lennon (muy activo), Arbeloa jugó por detrás de Marcelo y si el dibujo se alteró poco (o nada) es porque jamás se quedó descolgada una línea, todos juntos y solidarios.

Sobre esa base sólo hace falta esperar a que el enemigo pierda fuelle. Y el Tottenham hace aguas con cierta facilidad. Modric, por ejemplo, es una caja llena de espumillón pero sin regalo dentro. Pavlyuchenko, por su parte, quedó retratado con un disparo que debió ser gol (o Casillas) y que mandó al nuboso cielo londinense.

Más allá de su facilidad para manejar el partido, el Madrid también dejó cosas para corregir. Adebayor no hizo un desmarque entre líneas y lejos del área fue Tarzán en Nueva York. Tampoco el Marcelo extremo mejoró al Marcelo lateral y, en general, sobró autocomplacencia.

El gol, ya se sabe, fue un obsequio. Cristiano chutó una de tantas y a Gomes se le doblaron las manos. Pero no fue esa su peor desgracia. Lo peor fue que el efecto del balón todavía le dio una oportunidad para retroceder y atraparlo. Y entonces se le descubrió viejo como un mayordomo viejo.

La voz se corrió. Y las pocas veces que volvió a acercarse el Madrid fue para arrojar cualquier pelota al portero de mantequilla, por si volvía a entonar. No sucedió. El partido se esfumó con demasiado tiempo por delante, casi 20 minutos, con el Tottenham entregado y el Madrid dejando correr los minutos y corriendo poco, pensando ya en el enemigo que viene, en la telenovela con el Barcelona.

Cristiano fué sustituido después del gol para reservarle.


El Madrid pide un lugar en las semifinales

El Real Madrid se vistió con el traje de gala, sólo le faltó el bombín como deferencia a su invitado, y despachó con la misma naturalidad que un inglés se toma un café y la rapidez con la que uno trata de huir de casa de los suegros a un Tottenham que decepcionó. No estuvo el conjunto inglés a la altura del reto. La explicación quizá haya que buscarla en el rápido gol de Adebayor, en la exagerada y absurda expulsión de Crouch, al que le faltó calma y le sobraron revoluciones, o, simplemente, en que el Madrid es mejor equipo. El razonamiento más fiable parece este último. Subido a hombros de Adebayor, ese futbolista de sonrisa eterna, el Madrid va de cabeza hacia las semifinales. La mitad del camino ya está recorrido. Completaron el trabajo Di María, con un golazo espectacular, y Cristiano.

El Madrid superó con claridad al Tottenham, sobrepasado por la magnitud del rival y del acontecimiento. El Madrid supo manejar mejor la situación, al fin y al cabo está más habituado a estos duelos, pese a esa eterna ausencia de seis temporadas. Volver a cuartos ha sido para el Madrid como cuando uno regresa al lugar en el que pasó su infancia. Por muy larga que sea la ausencia, cuando uno vuelve se siente como si nunca se hubiera ido. La majestuosidad del escenario, de un Bernabéu de Champions, hizo el resto para convertir el encuentro en otra especial noche europea. Con momentos de buen fútbol, otros de tensión, acciones para discutir y momentos de relajación excesiva. Continúa siendo ese uno de los grandes defectos del Madrid, incapaz de mantener un ritmo alto de forma continuada.

La mejor versión del Madrid se vio en el primer cuarto de hora, cuando fue un equipo armónico, que movió el balón con lucidez, con las líneas muy juntas, que presionó con intensidad y sentido, obligando a los centrocampistas del Tottenham a vivir con el aliento en la nuca. Anuló a su rival y se abrazó al gol. Fue a los cinco minutos, cuando Adebayor marcó de cabeza a la salida de un córner. Falló la defensa y tampoco fue la acción más inspirada del portero Gomes. El togolés repitió en la segunda parte y ya ha marcado diez goles al Tottenham en 13 partidos, lo que hace pensar que tiene algo personal con el máximo rival del Arsenal.

La expulsión de Crouch al cuarto de hora por doble amarilla, la segunda exagerada, terminó de dibujar un panorama que parecía ideal para el Madrid. Nada más lejos. Se calmó el Madrid, bajó el ritmo de forma inexplicable y permitió que el Tottenham se recompusiera. En ello tuvo mucho que ver la decisión de Redknapp de cambiar de banda a Bale. El brillante zurdo galés pasó de agobiarse por las subidas de Marcelo a disfrutar intentando ganar la espalda a Sergio Ramos, al que amargó la vida.

Se juntó mucho el Tottenham, que tapó espacios, defendió mejor y, lo que es de agradecer, nunca renunció a ese juego de toque que le ha permitido llegar hasta aquí, aunque sus mejores ocasiones llegaran al contragolpe.

Se consumió el resto del primer tiempo con el Madrid añorando a Xabi Alonso y a Özil, lamentándose por la escasa participación de Cristiano y por los pocos balones que recibió Di María, quien tuvo tiempo de forzar un penalti que el alemán Brych no pitó. Fue un disparo del argentino que desvió con sus brazos el central Dawson.

Despertó el Madrid en su paso por los vestuarios, de donde salió decidido y lanzado en busca del segundo gol. Sólo encontró respuesta en Gareth Bale, un futbolista espectacular que está para grandes proyectos, pero que terminó difuminado en ese cuadro gris en el que acabó convertido su equipo, reventado físicamente. El Tottenham, que en el descanso había retirado a un discreto Van der Vaart para dar entrada a Defoe, decidió vivir con todos sus futbolistas lo más cerca posible de Gomes, optó por la resistencia, por intentar sobrevivir sin más daño de ahí al final. Tan arriesgada apuesta tuvo su castigo.

El Madrid, bien dirigido por Xabi Alonso y con Marcelo cabalgando una y otra vez por su banda, no tuvo piedad y martilleó al agotado Tottenham, al que sometió a un asedio tan intenso como constante. Llegaron dos nuevos goles y bien pudo haber sido alguno más. Hizo doblete Adebayor con un nuevo tanto de cabeza a pase de Marcelo y puso la guinda a la noche Di María, con un tanto extraordinario. Con la izquierda, desde el vértice derecho del área, puso el balón en la escuadra contraria. Espectacular.

La distancia en el marcador ya sí se ajustaba a la diferencia que hubo entre los dos conjuntos. Y así lo debió entender también Mourinho, que antes había dado entrada a Lass por Khedira, más entonado que de costumbre, y sustituyó a Adebayor y Di María por Higuaín y Kaká. Sí, el brasileño volvió a la vida. Veremos si su regreso es de nuevo tan efímero como acostumbra.

Lo que ya no parece nada efímero es el viaje del Real Madrid por esta Liga de Campeones. El billete para la siguiente estación lo terminó de sacar Cristiano, con un tanto firmado a medias con el portero Gomes.

El partido de vuelta, en el que no estará Pepe por sanción, sólo debe ser un cómodo tránsito hasta llegar a semifinales.

Cristiano que reaparecia, marcó el cuarto gol que deja la eliminatoria casi resuelta.


Cristiano Ronaldo, Marcelo y Di María, en la convocatoria ante el Tottenham

Pese a las dudas de los últimos días, Cristiano Ronaldo, Marcelo, Kaká y Di María han entrado en la lista de 19 jugadores que José Mourinho ha convocado para disputar el partido de ida de cuartos de final de la Champions ante el Tottenham inglés. (Real Madrid – Tottenham, en directo, martes 20:45 en La 1, RNE, IPhone y RTVE.es).

Según anuncia la web madridista, los futbolistas están “recuperados de sus respectivas dolencias”, por lo que el técnico portugués ha decidido incluirlos en la convocatoria.

El portugués con una lesión de grado I en el bíceps femoral de la pierna izquierda y el brasileño con un golpe en las costillas, regresan a una convocatoria después de hqberse ejercitado este lunes con normalidad y es posible que sean titulares.

Ángel Di María también está entre los seleccionados pese a que se ha entrenado al margen del grupo en la sesión de esta mañana. El argentino, se tuvo que retirar del partido que el Real Madrid perdió 0-1 ante el Sporting de Gijón, al recibir un fuerte golpe en el vasto interno de la pierna izquierda.

A la lista también regresa Ricardo Kaká, también restablecido de sus molestias, según ha publicado el club. La otra novedad es Xabi Alonso, que vuelve tras cumplir un partido de sanción en el último encuentro de Liga.

Por otro lado, se han quedado fuera de la convocatoria Gago, Benzemá y Pedro León por lesión y Albiol y Canales por decisión técnica.

La lista de 19 convocados para el encuentro ante el totenhan la forman: Casillas, Adán y Dudek para la portería. Ramos, Arbeloa, Pepe, Carvalho, Garay y Marcelo, en la defensa. Lass, Xabi Alonso, Khedira, Granero, Kaká, Özil y Di María, como centrocampistas. Y por último Cristiano Ronaldo, Higuaín y Adebayor, convocados en la delantera.

Cristiano, en Valdebebas.


Mourinho forzará a Cristiano Ronaldo y Marcelo

La importancia del encuentro ante el Tottenham obligará a Mourinho a forzar a dos jugadores claves en el Real Madrid. Marcelo, con un fuerte golpe en la zona costal producida con su selección, y Ronaldo, con una lesión muscular en el bíceps femoral izquierdo, estarán a disposición del técnico pese a que el departamento médico no los ve aptos para el partido ante los ingleses.

A Mourinho no le queda más remedio que arriesgar porque la Liga está perdida y en este mes de abril están en juego las dos competiciones a las que aspira el conjunto blanco: Liga de Campeones y Copa del Rey.

Ante el Tottenham debe poner el mejor once posible para llegar con opciones al partido de vuelta en Londres y a día de hoy CR7 y Marcelo son fundamentales. El portugués por lo que representa para el equipo y por el respeto que infunde en el rival y el brasileño ya demostró ante los franceses su verticalidad haciendo el gol que abrió el camino del triunfo.

El que lo tiene muy complicado es Benzema. La contractura producida con su selección ante Croacia necesita ser tratada con prudencia porque el francés podría recaer y perderse definitivamente la final de Copa en Mestalla. Afortunadamente para Mourinho la recuperación de Higuaín llega en el mejor momento y el argentino tiene hambre de gol.

Marcelo y CR7 forzarán.


El Real Madrid se enfrentará al Tottenhan en cuartos de final de la Liga de Campeones

El Real Madrid se enfrentará al Tottenham inglés en los cuartos de final de la Liga de Campeones, según el sorteo que se ha celebrado en Nyon (Suiza).

El partido de ida se disputará en el Santiago Bernabéu el 5/6 de abril y el de vuelta en Londres el 12/13.

Semifinal contra el ganador de Barça-Shaktar

El ganador de la semifinal Madrid-Tottenham se enfrentará en semifinales contra el ganador del Barça.Shaktar, con lo podriamos tener un clasico en las semifinales de la Champions, donde el Madrid jugaria de local en la ida, y visitaria el Camp Nou en la vuelta.

Cristiano quiere volver a alzar la liga de Campeones.


Ronaldo: “Estaba al límite, pero la decisión de jugar fue mía”

Cristiano Ronaldo mostró su felicidad por el pase a cuartos de final de la Liga de Campeones y valoró como “lo más importante” que no se lesionó después de haber estado alejado de los terrenos de juego dos semanas. “Lo más importante es que no me lesioné. Estaba en el límite y no estaba al cien por cien. La decisión de jugar ha sido mía. Mourinho me preguntó y le dije que adelante”, indicó el portugués, quién confía “mucho” en los médicos y en los fisios del club. “Si este Madrid estaba fuera de la ‘Champions’ yo también me quedaba fuera. Lógicamente si no estás bien puede afectar a tu rendimiento, pero quería estar con el equipo”, manifestó Ronaldo, que espera “entrenar bien los dos próximos días” y “estar mucho mejor” de cara al partido contra el Atlético de Madrid.

Por otro lado, Cristiano también se refirió al “buen partido” que firmó Karim Benzema, autor del segundo tanto. “Está jugando muy bien, es un jugador decisivo y espero que siga así”, aseveró el luso, que no se pronunció sobre qué rivales prefiere para cuartos. “Quiero a los equipo que teóricamente tenemos más posibilidad. Quiero el rival que Dios quiera. Ahora estamos felices por todos estos años, por pasar a cuartos, por la afición y por estos jugadores”, manifestó el ‘7’ del Real Madrid.

Por último, Cristiano mandó un mensaje de ánimo para Eric Abidal, que será sometido este jueves a una intervención para solucionar un tumor en el hígado. “Deseo fuerza para él, para su familia y mucho ánimo. Estas cosas son las verdaderamente importantes y seguro que las cosas van a salir bien”, finalizó.

Ronaldo celebra el gol de Benzema.


El Madrid vuelve a su casa

El Real Madrid comienza a reconstruir su maltrecha imagen en la Liga de Campeones. Las enormes decepciones acumuladas en las seis temporadas anteriores han convertido en un hecho excepcional lo que no debía ser más que una normalidad para este equipo. El Madrid ha vuelto a su casa, porque estar entre los mejores de Europa es el hogar de este club, a los cuartos de final, tierra prohibida de la que le alejaron en los cursos anteriores sus enormes torpezas, de distinto tamaño y condición, deportivas y cometidas lejos del césped. Vuelve a estar entre los ocho mejores de Europa. Su historia y su presupuesto le obligaban a ello. El Madrid no ha hecho nada que no debiera y estar donde ha llegado no debe interpretarse como un éxito ni como la sensación de que el objetivo ya está cumplido. Debe ser sólo un paso para seguir creciendo.

Superó al Lyon a hombros de un Marcelo superlativo, brillantísimo en ataque, y apoyado en el sentido común de Xabi Alonso, la visión periférica de Özil, la seguridad de Ramos y la brillantez de Benzema, al que se vio con los ojos bien abiertos desde el inicio. Compensaron la discreta aportación de Cristiano, falto de ritmo y fuera de sitio, de Khedira, tan insulso e intrascendente como acostumbra, y las alocadas acometidas de Carvalho y Pepe, cuyos cortocircuitos son preocupantes. Con todo decidido y después de haber visto ya una amarilla tuvo la genial idea de pisar a Delgado. Hay cabezas que ni están ni se las espera y la de Pepe es una de ellas.

Fue una tarea más sencilla de lo esperado terminar el trabajo iniciado en Lyon, aunque la inseguridad que transmitió el Madrid al inicio de la noche provocó algunas dudas. El francés es un conjunto bien trabajado, que apenas dio señales de vida en ataque y tan incómodo como poco atractivo a la vista. El resultado fue un encuentro demasiado gris de inicio, que derivó en un paseo conforme se agrandó la distancia en el marcador. En general fue un choque de difícil consumo si le despojamos de la trascendencia de lo que había en juego y el majestuoso escenario que es el Bernabéu una noche de Champions. Lo animaron los goles. Tres buenos tantos que justificaron la presencia en el estadio y alejaron la ansiedad y los miedos.

El Madrid encontró en la banda izquierda el camino para llegar hasta cuartos. Quien primero supo verlo fue Marcelo, que encontró en Özil y Benzema a sus mejores socios para desactivar las maniobras defensivas del Lyon. Los franceses se sintieron cómodos desde el inicio, presionando muy arriba, no concedieron espacios al Madrid y con algo tan sencillo como el orden y la concentración pusieron en un aprieto a los de Mourinho.

Y la primera ocasión clara fue para el Lyon, un tiro de Delgado desde el borde del área al que respondió Casillas con una mano salvadora. El Lyon elaboraba más y el Madrid sólo asustaba a la contra. Lo del Madrid eran ataques en solitario contra el mundo. El que recibía el balón no tenía más objetivo que llegar hasta el área rival. Sólo Xabi Alonso intentaba poner cordura y sentido. Nada nuevo. Se consumió casi media hora hasta que se decidió a crear espacios desde el toque y la paciencia.

Demasiadas dudas e indefinición, que desaparecieron cuando surgió Marcelo para componer la mejor acción de todo el choque. Xabi robó un balón, Marcelo construyó con Cristiano una pared, el recurso más viejo del fútbol, con la que rompió la defensa del Lyon, a continuación eludió a Cris y mandó al suelo a Lovren con un recorte con la derecha antes de definir con maestría ante Lloris con la izquierda. Un gol excelente que hubiera firmado el delantero más exquisito.

A partir de ahí todo fue cuesta abajo para el Madrid, que no encontró obstáculo ni rival para cerrar una eliminatoria que desde ese gol ya nunca pareció en peligro. Incluso pudo aumentar la cuenta Benzema antes del descanso, después de otra gran maniobra ofensiva de Marcelo. Lo evitó Lloris.

Los cambios no fueron esta vez los aliados de Claude Puel, que no encontró ningún argumento táctico a su alcance para ahogar al Madrid. La salida de Gomis por Briand en el descanso no pasó de la anécdota que supuso ver al primero correr con las rastas al viento. Hasta Lisandro terminó devorado por la desilusión que se apoderó por completo del Lyon con el segundo tanto del Madrid. Lo firmó Benzema, que superó con facilidad en el mano a mano a Lloris. Para entonces, el francés ya pisaba más la zona izquierda del ataque, desde donde se asoció más con Özil para que Cristiano buscara su espacio en el centro. Cerró la cuenta Di María, después de recibir un pase prolongado con la cabeza por Özil. El argentino definió con naturalidad, levantando el balón ante la salida de Lloris.

Para entonces ya no estaba en el campo Cristiano, sustituido por Adebayor y al que el Bernabéu agradeció más el esfuerzo que el acierto. Más generoso se mostró el público cuando se puso en pie para despedir a Benzema cuando le reemplazó Lass. Buen partido del delantero, al que la afición del Real Madrid ya le considera uno de ellos.

CR7, que reaparecia, tuvo que ser sustituido, ya que no está al 100%


Buen resultado en Gerlands

Partidos extraños para hombres extraños. El de ayer se convirtió en algo tan enredado que sólo Benzema podía deshacer el primer nudo. Luego, cuando el marcador parecía decidido en favor del Madrid, surgió Gomis, de nombre Bafétimbi, lo que explica no pocas cosas. Un delantero particular: cuesta saber si tiene el ingenio al derecho o las botas al revés. Él consiguió el empate, tan solo en el área que parecía abandonado.

Pero ni el tanto del Lyon nos puede distraer de una imagen que competirá con la de Gadafi en los noticieros del mundo. Florentino Pérez, ejemplo de estoica formalidad, persona que aceptaría con un suspiro el aguijonazo de una avispa, se desparramó con el gol de Benzema. Quien fuera gélido presidente se levantó del palco riendo y gesticulando hasta quedar de pie con los brazos en uve, de victoria y de vendetta. Así, encajado en el troquelado de Rocky, permaneció unos segundos eternos que nos permitieron observar partes de él jamás vistas: la pasión, el descontrol, los molares y las axilas.

Se entiende y se disculpa: hace año y medio Florentino viajó hasta Lyon para contratar a un delantero que no termina de cuajar. Hasta ayer, al menos. Con ningún jugador había hecho un esfuerzo personal tan significado y a ninguno ha protegido tanto de las críticas. Llámenlo química o tozudez. Intuición, a tenor de lo visto anoche.

El caso es que el partido estaba encallado cuando Benzema entró al campo en el minuto 63, relevo de un Adebayor casi inédito. El público de Gerland le recibió con más entusiasmo que los cien millones de madridistas que pululan por el mundo, según estimaciones evangélicas. Parecía el Benzema de siempre, el introvertido, el indolente; en definitiva, el ariete que ha sido adelantado por el alumno recién llegado.

Al minuto percibimos el cambio. Benzema porfió un balón encasquillado en los pies de Toulalan, terrenos del lateral izquierdo. Su iniciativa fue seguida por la persistencia de Özil, que picoteó hasta sacar de allí la pelota. Luego se apoyó en Cristiano, que no se pierde una pelea, y a ambos se les unió Benzema, que seguía la jugada con interés inusitado. Lo que siguió fue el resumen de sus peculiaridades. Benzema controló el balón y lo condujo recorriendo en horizontal el área pequeña. Le abordaron, sucesivamente, defensas, estibadores de muelle y orcos. Le gritaron ¡chuta! desde Lugo, Helsinki y Pekín. Lo hizo cuando le dio la gana que fue en el único momento que pudo. Un disparo mordido, asediado, a medio caer. Tan accidentado fue el golpeo que el balón no salió rodando, sino dando volteretas. Así pasó entre las piernas de Lloris y así burló el esfuerzo de Cris, atrapado en la red como un besugo. Pensándolo bien, estuvo contenido Florentino.

A favor.
Lo que divisamos como una cuesta arriba se convirtió en terreno llano y luego favorable. Bastos, el más impetuoso de los franceses, vio una tarjeta amarilla que le impedirá jugar el partido de vuelta. Se lo tomó como si le hubieran comunicado una defunción por carta. Para el Madrid fue justo lo contrario.

Acto seguido, Cristiano, escorado en la izquierda, estrelló un tomahawk en el palo; habrá que talar un árbol y cambiarlo por otro. Luego, casi de inmediato, Sergio Ramos cabeceó al larguero un balón que volaba desde el córner. Reconozcamos que le sobra barullo, pero admitamos también que le falta suerte.

No habíamos superado el cuarto de hora del segundo tiempo y el Madrid ya había transformado la cerrazón en asedio. Y aún faltaba un acercamiento más, el que Gourcuff repelió con un codo sin que el árbitro (ni su ayudante) advirtiera que esa articulación picuda forma parte del brazo. Mourinho se lo recordó más tarde en conferencia de prensa.

Después, el cambio y el gol. Benzema que despierta los aplausos y que hace enmudecer al estadio entero, vecinos y familiares. La jugada está narrada, también el descorche de Florentino. No había bajado los brazos el presidente y Lass ya había entrado por Khedira para asegurar el resultado. Costaba imaginar que algo pudiera ocurrir, algo malo.

Pero sucedió. Los cambios animaron más al Lyon que al Madrid, básicamente, porque Marcelo entró (por Özil) con la consigna de no cruzar el medio campo. Pjanic, por contra, es un futbolista interesante y malvado que se inspira contra el campeón de los campeones.

El gol del empate confirmó la mala noche de los centrales madridistas. Cris les ganó el salto y cabeceó al centro del área, donde Gomis sacó ventaja de la posición de Sergio Ramos, que no estuvo rápido para escapar del área. Bafétimbi se encontró ante un arco iris de siete metros y no falló el remate.

Di María.

Los escasos cinco minutos que quedaron fueron para repetirse sustos y ocasiones, la última de Di María, que completó un maratón, carrera de más mérito cuando te patean las piernas y debes levantarte cien veces.

La sensación final fue extraña porque nadie se sintió totalmente satisfecho del resultado. Ambos pudieron ganar y perder, y ambos se tendrán que jugar el apartamento en la vuelta. Sin Bastos, lo que será una ventaja, y con Lisandro, lo que compensará su baja.

Ahora Mourinho debe decidir a quién quita para poner a Marcelo y con qué delantero centro pelea por el pase a cuartos de final. Si preguntan a Florentino ya conocen la respuesta.

El Madrid se llevó un buen resultado para la vuelta.


Sorteo de octavos de final de la UEFA Champions League 2010-2011

Los rivales de los equipos españoles serán Olimpic de Lyon, Arsenal y Shalcke 04. Tras una fase de grupos cómoda y asequible para los representantes españoles, ha llegado la hora de la verdad y, a partir de ahora, cualquier error se pagará muy caro.

En el sorteo, no es posible jugar ni contra equipos de la misma nacionalidad, lo que evita los choques entre los equipos españoles, ni contra el otro equipo que ha clasificado del mismo grupo.


Rival del Real Madrid en octavos: Olimpic de Lyon

El conjunto entrenado por Jose Mourinho tendrá enfrente al Olimpic de Lyon, la auténtica bestía negra del conjunto español en las últimas temporadas y varios jugadores del Madrid han expresado las ganas que tenían de volver a enfrentarse al conjunto francés. Eso sí, las estadísticas están en contra del Madrid, pues nunca ha logrado ganar en el campo del Lyon.

La prueba para el conjunto blanco es doblemente importante pues hace seis temporadas que es incapaz de superar esta ronda y cualquier cosa que no sea ganar, será considerada un fracaso en toda regla.

Sin duda, Cristiano Ronaldo, Iker Casillas, Higüaín y Ozïl dirigirán a un Madrid hambriento de títulos y ansioso por alcanzar la final de Wembley a finales de mayo de 2011. Por si fuera poco, el Madrid podrá volver a contar con el inédito, en la presente edición de la Copa de Europa, Kaká.

Cuándo juega el Madrid contra el Olimpic de Lyon

A la espera de la todopoderosa televisión, el partidos de ida se disputarán, bien el próximo 15 o 23 de febrero y el de vuelta, en el Santiago Bernabéu gracias al factor campo, se jugará o el 8 o el 16 de marzo de 2011.

CR7 está preparado.


Benzema y Cristiano doblegan al Auxerre

El Real Madrid cumplió el trámite. Puso un sello con aplicada vocación funcionarial y despachó al Auxerre sin mayor esfuerzo ni motivación. Completó invicto la fase de grupos, purgó las sanciones por la pantomima de Amsterdam , los suplentes habituales acumularon minutos, alguno sin mayor gloria, y Karim Benzema vivió su gran noche. Dejó su nombre para el recuerdo, al marcar el gol 300 del Madrid desde que la Copa de Europa se llama Liga de Campeones, y firmó su primer hat-trick vestido de blanco. El francés continúa con su lento despertar y fue quien más provecho sacó de un encuentro que no olvidarán los canteranos Adán y Sarabia. El primero dispuso de 45 minutos, el segundo, de poco más de 20 y dejó detalles para la ilusión y la esperanza. Tiene descaro y calidad. Hay vida en Valdebebas, sólo hay que atreverse a descubrirla.

El partido se presentaba extraño y extraño fue. Porque ya es un hecho excepcional ver a Dudek como portero titular, pero más raro aún es que ni pudiera terminar la primera parte después de recibir un golpe en la cara. Le sustituyó Adán. Tampoco es normal que el entrenador del Madrid tuviera que ver el encuentro aislado en algún punto del Bernabéu. Fue la peculiar penitencia que le impuso la UEFA por el teatrillo que montó en el Amsterdam Arena. Pero nada puede superar el hecho de ver a Mahamadou Diarra luciendo el brazalete de capitán. Algo debe estar fallando para que eso suceda. Ni tan simbólica cinta calma los ánimos del impetuoso malí, que protagonizó la acción más fea de la noche, una brutal entrada a Birsa que mereció la roja.

Todo lo que se vio en el Bernabéu se resume en los goles y en el estreno de los canteranos Adán y Sarabia. Morata tendrá que esperar. El primer gol, de Benzema de cabeza a pase de Cristiano. El segundo, del portugués, que efectuó un desmarque de manual y fusiló a Sorin con potencia y precisión después de recibir el balón de Marcelo, el futbolista más enchufado del Madrid junto al francés. Repitió Benzema, que regaló un fabuloso control del balón con el que se cocinó más de medio gol. Mejoró con esa acción el ya de por sí buen pase de Lass. En el cuarto, y tercero suyo, el francés aprovechó un regalo de Sorin para batirle con una sutil vaselina. Cuatro acciones que solucionaron una noche que quedó justificada más que por esos tantos, por la ilusión que despertó Sarabia. Se movió bien entre líneas, se asoció con soltura con sus compañeros, regaló incluso un taconazo y se movió por el césped del Bernabéu como si llevara toda la vida haciéndolo. Quizá es porque lleva toda la vida soñándolo.

El Madrid volvió a presentarse con su dibujo más habitual, el 4-2-3-1. Diarra y Lass formaron un mediocentro de dos cuerpos y una sola cabeza, la de Lass. Volvió a malgastar una nueva oportunidad Granero, que combinó algún detalle de calidad con interminables minutos de ausencia. Lo mismo vale para Pedro León, un futbolista que por ahora parece demasiado disperso para exprimir su enorme talento. Tan solvente como de costumbre estuvo Albiol, que terminó de lateral derecho; Arbeloa se mostró correcto y acabó en la banda izquierda cuando Garay sustituyó a Marcelo. Dudek dejó un par de buenas intervenciones y a Adán no le tembló el pulso.

Estuvo generoso el árbitro con el Madrid, al mirar hacia otro lado cuando Carvalho derribó a Oliech a los diez minutos. El rápido y hábil extremo representó, junto a Pedretti, la mejor cara de un discreto Auxerre, que apenas asustó en toda la noche. Los suplentes del Madrid son mejores que los titulares de los franceses, que fueron perdiendo toda motivación conforme le caían encima los goles del Madrid y los del Ajax, que ganó al Milan y continuará su aventura continental en la Europa League.

El Madrid dominó sin discusión de principio a fin, apoyado en la autoridad de su pegada, que disimula defectos propios y exagera la de los rivales. Ganó con solvencia y no sufrió, que es lo mínimo que se le puede exigir en estos partidos tan intrascendentes. El trabajo lo había hecho antes.

Este par fueron los protagonistas de la noche.


Benzema, Arbeloa y Ronaldo se ‘comen’ al Ajax

Los madridistas van a inmortalizar el Amsterdam Arena en su lista de escenarios míticos. Aquí logró Mijatovic que el mundo entero recordarse que el Madrid era, es y seguirá siendo el Rey de Europa. Anoche y para dar continuidad a la magia de este estadio ubicado en el santoral de los merengues, el Madrid firmó un triunfo colosal, imponente, propio de un equipo que presenta a lo grande su candidatura al título. Al histórico Ajax jamás le habían metido en Europa un 0-4. Es el Real sin fronteras. El Arena cerró su estructura por el techo, elevó ocho grados su temperatura y los morados (así vestían anoche) se pusieron ídem ante unos holandeses asustados frente a esta máquina tan imponente y bien engrasada. Y eso que faltaban cinco titulares. Pero da igual. Aquí se recita la lección de carrerilla y el cambio de piezas no altera la velocidad punta del Fórmula 1 de Mourinho. Queda asegurada la primera plaza, también el factor campo en octavos y la sensación, en un grupo que tenía 20 Copas de Europa entre Milán (7), Ajax (4) y Madrid (9), de que la UE del fútbol tiembla ante el regreso de ese viejo, admirable, legendario y eterno Real. Por fin hemos vuelto, señores.

Mago de Öz (il). Por cosas como las que hizo este turco-alemán merece la pena gastarse el precio de cualquier entrada. Su taconazo orientado a Benzema en el 0-1 fue de cinemascope. Y la maniobra en el penalti del 0-4, para enmarcar en la galería en la que Butragueño o Juanito demostraban que hasta la cal, todo es toro. Özil nos recuerda al Guadiana, aparece y desaparece. Pero cuando coge la varita de Harry Potter (no seas celoso, míster), el muchacho magnifica la estética de este deporte. Costó 15 millones de euros. O sea, menos de la cuarta parte de lo que valió Kaká. Al brasileño le espera mucho trabajo si quiere sentarle…

BZ50.El Panzer de Lyon ha asumido su rol de jugador número 12 con grandeza. De hecho, ese es el número de goles que lleva de blanco desde que llegó aquí hace año y medio. Su tanto de anoche fue espléndido en puntería y ejecución. Era su partido oficial número 50 con el Madrid. Así, sí. Allez Karim!

Dinamita de Funchal.En Madeira deberían declarar fiesta nacional cada 5 de febrero, día en el que vino al mundo Cristiano en 1985. Qué portento, qué ambición con botas, que vigorosidad física y mental, qué nivel Maribel… Se negó a ser suplido y eso que ganó el espectáculo. Dos goles más a la buchaca y 51 con su firma en 54 partidos oficiales (¡0,94 de promedio!) con la camiseta que ha aprendido a amar imitando esa genética ganadora de los tiempos de Di Stéfano, Puskas y Gento. Puso en pie a los 2.000 madridistas del Arena, con las peñas La Gran Familia, 5 Estrellas, Olaf El Vikingo, Barajas y Espinosa de Navacerrada al frente. Ellos ya huelen la Décima.

Reproche.La felicidad nunca es completa y reconozco que el numerito de las expulsiones no me gustó, como tampoco me sedujo nunca el personaje de Maquiavelo. Cierto que con las rojas de Ramos y Xabi Alonso te evitas que luego en octavos o cuartos les eches de menos si les cae una amarilla traicionera, pero el Madrid debe estar por encima de esto. No es normal que en una noche radiante con un 0-4 que deslumbró a todos los analistas del fútbol europeo, estemos gastando líneas en el asuntito de marras. Mourinho es tan meticuloso en su trabajo que pensó sólo en el beneficio directo del equipo, pero no valoró el desgaste de imagen. Míster, es un pecado venial pero a ningún madridista le gustó ver que se terminase el partido con Casillas haciendo de correo del zar. Sabe que con usted al fin del mundo, pero creo que esta vez, con nueve no basta…

Cristiano celebra su 2º gol de la noche y la calsificación como 1º de grupo del Madrid.


El Real Madrid empata en San Siro y pasa a octavos

Pese a las críticas que acumula gracias a su peculiar manera de hacer y entender las cosas, lo cierto es que el estilo de José Mourinho va calando en el Real Madrid, que además de ser líder de la Liga ayer obtuvo su pase a octavos de final de la Champions League. Lo hizo, además, ante un rival complicado que jugaba en casa, el Milan de Allegri, y soportando el nefasto arbitraje de Howard Webb, el mismo colegiado que dirigió la final del Mundial 2010 entre España y Sudáfrica.

Así, el Real Madrid se presentó en San Siro con el once de gala que habitualmente usa el técnico portugués y que buena parte de la afición recuerda de memoria. Tras una fase de tanteo, pronto Cristiano Ronaldo, Di María, Higuaín y demás se afanaron en perforar la meta del Milan, que iba soportando como podía las embestidas del equipo merengue. Sin embargo, el gol no llegaría hasta el final del primer tiempo, cuando una jugada de equipo terminó con un excelente pase de Di María para que Higuaín, con clase y por bajo, batiera a Abbiati al tiempo que hacía el gol 700 del Real Madrid en Champions League.

Sin tiempo para más se llegó al descanso, aunque tras la reanudación el Real Madrid bajó las revoluciones y su aparente conformismo lo aprovechó el Milan gracias a Inzaghi, todo un ‘matador’ del área pese a su avanzada edad, y a Howard Webb. Corría el minuto 67 de partido cuando Ibrahimovic le robó la cartera a Pepe y lo que parecía iba a ser un centro fue repelido por Casillas, que ya se había tirado al lado contrario, de modo que Inzaghi sólo tuvo que empujar el balón con la cabeza para empatar.

Tan sólo diez minutos después, ‘Pippo’ Inzaghi lograba el segundo merced a la relajación del Real Madrid al recibir un pase en evidente fuera de juego para marcar por debajo de las piernas de Casillas, que no estuvo demasiado afortunado. No obstante, cuando parecía que la victoria milanista sería el resultado final, y mientras Webb dejara que Gattuso y los suyos se emplearan con notable dureza, aparecían dos de los suplentes más discutidos del club de Chamartín para hacer el empate. Exquisito pase de Benzema para el desmarque de Pedro León y el murciano no perdonó ante Abbiati, que llegó a tocar el balón, para reivindicarse y poner al Real Madrid en la siguiente ronda.

Cristiano Ronaldo: «Hemos aprendido mucho de este partido»

El jugador del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, aseguró tras el empate a dos contra el Milan en San Siro que el equipo ha aprendido mucho con el partido.
“Pensábamos que el partido estaba ganado, pero la Champions, a este nivel, es muy complicada. Hemos aprendido mucho con este partido. Al final se ha hecho justicia porque el segundo gol fue en fuera de juego. Sacamos un punto que pudieron ser tres porque jugamos mejor. Pero hay que pensar en positivo: la reacción fue muy buena”, analizó el delantero portugués.
Más contrariado se mostró el capitán, Iker Casillas, que lamentó la forma en la que llegaron los goles del Milan.
“Con dos errores, uno nuestro y otro del árbitro, se ha complicado todo, es increíble. Pero estas cosas pasan. Por suelte al final hemos conseguido un empate que, a mí me deja muy mal sabor de boca, porque creo que el equipo se merecía mucho más”, aseguró.

Cristiano fué el referente blanco.


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