Nosotros vimos nacer la leyenda

“No he visto nada igual a Cristiano Ronaldo desde que se retiró Di Stéfano”

Los registros goleadores de Cristiano Ronaldo son de otra época, se dice, y es cierto. Manuel Fernández, Pahíño para el siglo, contempla al portugués de la cumbre de sus 87 años. Fue el último en marcar once goles en nueve jornadas con la casaca merengue antes que el luso. Al vigués no le irrita que le copien la marca. No codicia los millones o la juventud de su heredero. Cuando Pahíño y su amigo Di Stéfano charlan, coinciden en lo de Cristiano: “Es un fenómeno”.

Cristiano Ronaldo asombra con sus cifras marcianas. Transita por una senda que en el Real Madrid llevaba sesenta años cegada. Once goles en nueve encuentros ligueros. El último merengue en lograr semejante proeza fue el vigués Manuel Fernández “Pahíño”, que se declara admirador del luso. “Es un fenómeno, un privilegiado”, sostiene.

El tiempo transcurrido prueba la dificultad del reto. Marca incluso concede a Cristiano doce tantos para el Trofeo Pichichi, que este diario entrega (el árbitro anota el de Anoeta a Pepe). Pahíño lo logró en la temporada 50-51, aunque después se anclaría. Su culmen llegó en la liga siguiente, con 28 goles en 27 partidos. El de Navia forma parte del exclusivo club de los que han superado el gol por choque de media. Di Stéfano, Zarra, César, Mundo, Pruden, Bata, Gorostiza… El último fue Puskas, en 1960. Cristiano aspira a reabrir la admisión. Juega para la historia, donde Pahíño tiene plaza fija con Celta (43-48), Real Madrid (48-53), Deportivo (53-56) y Granada (56-57). En el Real Madrid atesora varios hitos. Marcó el gol 1.000 en Liga. Es su décimo máximo anotador. Y el mejor en promedio (0.82), aunque Cristiano se lo arrebata provisionalmente (0,95).

Si a Pahíño le quedó pena fue porque abandonó Chamartín justo antes de que aterrizase Di Stéfano. La “Saeta Rubia” lo ha lamentado en muchas entrevistas. “Hubiéramos marcado muchos goles juntos”. “Aún me lo decía el otro día”, revela Pahíño.
Ambos son los ex madridistas vivos más viejos. El vigués, 87; el bonaerense, 84. “Nos vemos con frecuencia, cada mes. Somos amigos”. La Asociación de Veteranos del Real Madrid es el punto de reunión. A Di Stéfano se lo quiso traer a Vigo el pasado verano, cuando inauguraron el campo de Coia con su nombre. “Me dijo: “No puedo, che”, con su deje argentino. Yo estoy pachucho pero él, más”. Por contra, no mengua su pasión por el fútbol. Charlan y Cristiano “sale a colación. Nos gusta mucho. Yo ya lo veía en el Manchester. El taco que arma con los tiros de falta… Recuperarán lo que gastaron en él”.


Ni siquiera Messi

Su amigo es de hecho la referencia que emplea: “No he visto nada igual desde que se fue Di Stéfano”. Pahíño mezcla en su discurso reminiscencias del gallego, palabras chelis y expresiones cultas. Tiene poesía: “Cristiano arranca en soledad, salta en marcha sobre los contrarios, los deja atrás, les obliga a darle patadas… Es el peligro que yo le veo, un día verás la que se arma”. Para Pahíño, ni siquiera Messi se le iguala: “Cuando me dicen que el chaval del Barça es el “non plus ultra”, será para ellos. Para mí es superior Cristiano, más completo, el futbolista que reúne todas las condiciones”.

Al menos en esa riqueza de catálogo se le parece. Pahíño fue el rematador más versátil de su época, de cabeza y ambas piernas, algo que atribuye al trabajo antes que al talento. Albéniz, su entrenador en el Celta, ordenaba a su ayudante Armando que lo instruyese. Cientos de centros, a diferentes alturas. “Así fui mejorando”.

También era similar la saña que empleaban los defensas en su marcaje. Y aunque Cristiano se revuelva a veces y suelte la mano, Pahíño asegura: “Él es más noble. Yo iba más al grano”. Con el central azulgrana Biosca tuvo reyertas legendarias. “Me pegó por detrás y perdí el sentido. La única vez que me ha sucedido. Tengo problemas de cervicales por eso. Era buen jugador pero tenía mala leche. Cuando volvi a encontrarlo le saqué ventaja, pegué un impulso y caí sobre sus tripas. Que no me hubiese hecho la faena. Es de las pocas veces que me expulsaron”.

Jamás se resignó Pahíño ni puso la otra mejilla. Escribió el último capítulo que más se le ajustaba a su biografía. Fue años después, ya en el Granada. Jugaba ante el Betis en Heliópolis. Un defensa quiso interrumpir su galopada. Lo cazó a la tercera zancadilla. “El árbitro estaba a dos pasos. Un cantamañanas. Debía haber pitado a la primera patada y no hubiera pasado nada. Fue como el codazo de Cristiano al jugador del Málaga (Mtiliga). Ni corto ni perezoso me levanto y le pego una patada en la tripa. A la caseta y a los dos días me pegaron un multazo, doce partidos. Reaccioné a lo bestia. “Que le den a cada uno de esos falangistas asquerosos” y dejé el fútbol”. Pahíño supo cómo desaparecer de escena.

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Una respuesta

  1. jean k marquez

    pues c.ronaldo es el cras de los crases y por eso lo respeto mucho que nunca deje de jugar

    noviembre 7, 2010 en 23:40

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