Nosotros vimos nacer la leyenda

Un paseo bajo la Un paseo bajo la lluvia

Partidos como el de ayer tienen el mismo efecto que observar una pared; blanca, en este caso. La mente vuela. La imaginación pasa, sin intermedio, del gotelé a la próxima cita con el dentista, de la lluvia incesante a la ropa tendida y de allí al taconazo de Cristiano, virguero. Estoy por decir que no hubo quien observara el partido sin pensar en otra cosa, algo que no es noticia en el caso de Benzema y demás genios introspectivos. Mourinho no tardó en imaginar al Lyon y el Levante acabó por poner la cabeza en Osasuna, su próximo rival en la Liga de los humanos. Es seguro que Cristiano se acordó de Messi, pensamiento recurrente, y también es posible que Ballesteros recordara los tiempos, lejanos, en que su cuerpo era un cómplice fiel.

No hubo intriga, quiero decir. A los seis minutos Di María emuló a Ingemar Stenmark, sorteando rivales como si fueran las puertas del eslalon gigante. Tres defensas, tres, de los que evitaremos los nombres porque está feo señalar. Luego hizo lo más sobresaliente: centrar con la derecha. Ese, y no otro, es el mayor sacrificio que se le puede pedir a un zurdo talentoso: culminar la jugada con la pierna del vulgo. Benzema, en boca de gol, empujó la pelota a la red.

El Levante, que se había preparado a conciencia para no volver a sufrir la humillación del 8-0 copero (defensa de cinco, Ballesteros con cetme), recibía el primer gol en el mismo minuto que entonces. Es fácil imaginar el desconsuelo de los futbolistas, su profunda decepción. Así se manejaron hasta el final, absolutamente descreídos, sin una gota de alegría. Y eso, el entusiasmo, se les echó más de menos que el fútbol.

Frente a un rival tan abatido, el Madrid completó un entrenamiento bajo la lluvia. Con Xabi en el banquillo, Lass y Khedira no tuvieron pareja opositora en el centro del campo. Sin Özil sobre el césped, Kaká disfrutó de 75 minutos para buscar el camino de vuelta; cierto es que anda lejos del ingenio que tuvo, pero ya está recuperando el físico y con aire en los pulmones lo demás será cuestión de esperar.

A cinco minutos del descanso, Carvalho sentenció, por si alguien tenía alguna duda. Cristiano se encontró ante un lanzamiento de falta lateral, muy escorado, y ejecutó lo que se llama un centro-chut, palabra que cubre cualquier intención pública o secreta, incluso la ausencia de intención. Al central, casi sobre la raya de gol, le bastó con poner la pierna para desviar el balón y marcar el segundo.

Penalti. No hay muchas más anotaciones sobre el partido (estaríamos pensando en la colada). Queda registrado un penalti a Cristiano por amoroso agarrón de Cerra y hay constancia de la impecable mojadura de Adán, que de tanto aguardar el balón que no llegaba pareció esperar el autobús. Bien pudo aprovechar la tarde para hacerse la manicura. O para pensar en Eva.

El partido sólo volvió a animarse con la entrada de Özil y Adebayor. Uno por bueno, buenísimo, y el otro por Bob Marley, por ser portador de la misma energía positiva. Cuesta explicar el encanto de ese futbolista con zancos. Lo cierto es que cuesta concentrarse en su fútbol con tantas distracciones en el aire.

Cristiano estuvo cerca del gol.

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