Nosotros vimos nacer la leyenda

Archivo para abril, 2011

Mourinho castiga a CR7, y Ferguson le tienta

Mou le castiga

Las palabras de Cristiano Ronaldo tras el clásico reconociendo que no le gustaba el planteamiento conservador de Mourinho, pero que no le quedaba otro remedio que aceptarlo, han tenido su coste. El técnico le dejó fuera de la lista, con lo que CR7 tendrá una oportunidad menos de alcanzar a Messi en su lucha por el pichichi.

Desde el club se filtra que más que un castigo es un toque de atención y una llamada a la motivación para que el jugador esté más fresco de cara al martes. Sin embargo, en la rueda de prensa, Mou prefirió mantener la duda sobre su decisión. Así como justificó las ausencias de Lass y Xabi Alonso “porque están muertos por haber tenido que jugar diez contra once”; y la de Albiol, porque “Ramos y Pepe no podrán jugar en Barcelona por sus acciones criminales” (así que jugarán hoy); sobre la baja de Cristiano se limitó a decir que “es una decisión mía”. Preguntado qué le habían parecido las críticas de CR7 a su planteamiento, respondió, incómodo, que “es su opinión y puede decirlo. No es un problema para mí”.

Guiño de Ferguson

Casi al mismo tiempo que en Madrid se vislumbrara un distanciamiento entre Cristiano Ronaldo y José Mourinho, desde Inglaterra llegaban elogios del entrenador del Manchester United, Alex Ferguson, al delantero portugués, al que tuvo en sus filas antes de que CR7 fichara por el Real Madrid.

Las palabras de Ferguson, que algunos han interpretado sin tapujos como un claro guiño del técnico escocés a Cristiano Ronaldo por si el futuro inmediato del luso no pasara por el Santiago Bernabéu, suponen un claro elogio al delantero, aunque el técnico de Old Trafford también deja clara la absoluta confianza que tiene en su actual plantilla. Ferguson señaló que “posiblemente nos falta la fantasía que aportaba Cristiano Ronaldo con su juego, pero el equipo actual mantiene un nivel muy alto y la ausencia de Cristiano no significa que por nuestra mente pase la palabra derrota”.

En verano de 2009, el Manchester United traspasó a Cristiano Ronaldo al Real Madrid por 93 millones de euros, una cifra record. El conjunto de Old Trafford, sin la presencia del delantero de Madeira, ha perdido brillantez a juicio de algunos, aunque el rendimiento no se ha resentido, como demuestran los resultados y presume Ferguson: “Este es un equipo muy determinado, muy profesional y que logra grandes momentos. No practicamos un fútbol como cuando estaba Cristiano pues no tenemos tanta fantasía, pero el equipo es solvente”. Según el veterano técnico, “el juego que hemos visto esta temporada por parte del United en ocasiones ha sido tremendo, de gran nivel”. Ferguson se muestra orgulloso de que el equipo “es capaz de ganar cualquier título y hace buen fútbol”.

Aunque afirmó que ve “muy difícil” que el astro portugués Cristiano Ronaldo pueda regresar al equipo, en un momento en el que la prensa especula con posibles tensiones con su técnico en el Real Madrid, Jose Mourinho.”Sería muy difícil. Tuvo grandes momentos aquí, pero está ahora en un gran club”, comentó Ferguson cuando fue preguntado por los periodistas acerca de esta posibilidad.

“Hablé con él tras el partido (de las semifinales de la ‘Champions’). Pasó mucho tiempo aquí, estuvimos seis años con él. Le recibí cuando era un niño y se fue al Madrid siendo un hombre”, recordó Ferguson, que estuve en la capital española para ver el encuentro entre Real Madrid y Barcelona.


Cristiano y Ferguson, ¿volverán a estar juntos algún dia?


Cristiano Ronaldo: declaraciones tras el clásico (Madrid 0-2 Barcelona 26/04/2011)


Demasiado para 10

Los duelos entre Real Madrid y Barcelona pueden llegar a convertirse en contraproducentes para el fútbol. Después de tres enfrentamientos directos en apenas dos semanas ya deberíamos tener asumido que el espectáculo nunca tendrá como protagonista al balón, ni siquiera al juego y tendríamos que empezar a asimilar que llegará el día que no sea necesario que haya una pelota sobre el césped cuando estos dos equipos se miren frente a frente. Se retarán en las conferencias de prensa los entrenadores, se mandarán mensajes los jugadores a través de los medios, convertidos en correos de sus intereses, y afilarán los tacos y relajarán las manos para tenerlas bien ágiles cuando se citen sobre el césped. El encargado de mover el pulgar hacia arriba o hacia abajo podría ser el árbitro o el jurado de Eurovisión. Dará igual. El fútbol parece que es lo último que importa y en el primer partido de esta eliminatoria a nadie se ha despreciado más que a los aficionados, sufridores de un castigo cruel.

El partido nos dejó argumentos para que presuman unos y excusas para que exageren sus lamentos otros. Pero por encima del fango, del alboroto y de la tensión surgió la figura de Messi para decidir seguramente la eliminatoria y dejarnos un gol para el recuerdo, un eslalon perfecto en el que desparramó sobre el césped a cuanto jugador vestido de blanco intentó salir a su cruce.

A la figura de Messi se agarrarán en el Barcelona para justificar su triunfo. A eso y a que fue el único equipo que intentó crear algo de fútbol en toda la noche. Apenas lo consiguió, pero su abrumadora superioridad en la posesión del balón le permitió defenderse teniendo la pelota en su poder. Sin sufrir, sin casi sobresaltos. Y en el Bernabéu.

En el Real Madrid la visión será diferente y justificarán el declive final de su equipo en la expulsión de Pepe a los 61 minutos por un plantillazo a Alves. Una expulsión justa, pero que podría llegar a admitir un debate sobre ello. Esa roja provocó la inmediata expulsión de Mourinho y la ruina del Madrid, que se descompuso de mala manera. Sin el trabajo y el carácter de Pepe en el centro del campo, las costuras del Madrid saltaron por los aires y el equipo cayó rendido a la genialidad de Messi. Primero aprovechó una buena jugada por la derecha de Afellay, que se fue con insultante facilidad de Marcelo, para anticiparse a Sergio Ramos y batir por primera vez a Casillas. Después llegó esa maravilla de gol que pone al Barcelona en la puerta de embarque para Wembley.

De lo que ocurrió antes nadie se acordará y es que poco merece ser recordado. Fue el combate del miedo, sin espacio para nada de fútbol. Comenzaron los dos con el freno de mano, con el Barcelona tocando y el Madrid esperando, estudiando los movimientos del enemigo. El Barça, fiel a su estilo de elaboración y toque, frente al fútbol directo del Madrid, que se quedó a medio camino entre ir a presionar o esperar atrás. Se plantó en el círculo central, permitiendo al Barça pensar cada movimiento hasta adentrarse en territorio rival. Pero fueron avances lentos, demasiado previsibles y en los que olvidó las bandas. Apenas se vio a Alves correr por el lateral.

Con este prudente planteamiento, los principales damnificados fueron Özil, Di María y Cristiano, que se hizo notar más por sus aspavientos que por su fútbol. En el primer tiempo sólo apareció para acribillar a pelotazos a la barrera en cada falta que lanzó y en un disparo que desvió con dificultades Valdés. En el segundo tiempo, el madrid aún hizo menos.

Xabi se situó por delante de la zaga, barriendo toda la pradera central, con Lass a su derecha y Pepe a su izquierda, ligeramente adelantados. Mientras los tres estuvieron sobre el campo, el Madrid aguantó con la cabeza alta, sin jugar al fútbol, pero sin sufrir daños. Antes del descanso apenas se pudieron anotar dos disparos de Villa y de Xavi. El primero salió desviado por centímetros y el segundo lo despejó Casillas. Del Madrid no hubo noticias en el área rival.

El segundo tiempo comenzó a otra velocidad, con el Madrid queriendo vivir más arriba y el Barcelona queriendo parecerse más a sí mismo, y con cambios en la disposición de los dos equipos. Adebayor sustituyó a Özil y por primera vez e Madrid tuvo una referencia en ataque que permitió liberar a Cristiano. Tanto se liberó que no se le volvió a ver. En el Barcelona, Villa se cambió a la derecha y Pedro pasó a la izquierda.

El aire le duró al Madrid lo que tardó el árbitro alemán Stark en expulsar a Pepe. Sea rigurosa o no, no parece lógico que un equipo de ese nivel se descomponga de tal manera sólo por la expulsión del portugués. Pero lo peor quizá no fue que el equipo no tuviera capacidad de reacción, sino que en los siguientes minutos esa reacción no llegara desde el banquillo, en el que ya no estaba sentado el expulsado Mourinho. Tampoco no podrá sentarse en el banquillo del Camp Nou, donde tampoco acudirá Sergio Ramos, que vio una amarilla que le impedirá jugar la vuelta.

Mal dia para el Madrid y para CR7.


Cristiano Ronaldo, en busca del segundo balón de oro

Cristiano Ronaldo está dispuesto a volver a lo más alto del fútbol mundial y para ello debe desbancar a su gran oponente, Leo Messi. En una temporada sin Eurocopa ni Mundial, la Champions League puede ser definitiva en la elección del próximo Balón de Oro. El sorteo y el buen hacer de Real Madrid y Barcelona les ha vuelto a emparejar esta temporada, tras dos clásicos disputados y un aparente dominio blanco, Messi y Cristiano vuelven a verse las caras en el partido definitivo, no solo la Champions está en juego, sino también el título de mejor jugador del mundo, el portugués ha ganado por ahora el primer asalto, la Copa del Rey, ¿qué ocurrirá en el continente?

El duelo liguero se saldó con empate a uno y gracias a dos penaltis. Messi rompió su maldición marcando por fin a un equipo entrenado por José Mourinho, mientras que Ronaldo vio como su gafe de cara a la portería de Valdés también se esfumaba. En cambio, en la final de la Copa del Rey, Messi terminó eclipsado por Cristiano, el tanto del portugués en la prórroga le brindó la victoria al Real Madrid a pesar de la gran segunda parte del conjunto blaugrana. El argentino presionado por Pepe no pudo brillar como acostumbra, los pases, las combinaciones con Xavi, Pedro, Iniesta y Villa, incluso el gol se le atragantaron. Esta vez, el hombre decisivo fue Ronaldo.

El tercer clásico, que se disputará en Europa es determinante, ambos jugadores se encuentra inmersos en una lucha sin cuartel que este miércoles cerrará su penúltima tanda. Messi consciente de la cacería a la que será sometido en el Bernabéu, llega con el fin de romper su mala racha en semifinales, ronda en la que nunca ha visto puerta, mientras que Ronaldo pretende seguir siendo importante en un equipo que le ficho para ello. La final de Wembley, presumiblemente ante el Manchester United, está en juego, el liderazgo mundial también.

Cristiano en el entrenamiento pre-partido frente al Braça.


Alex Ferguson prefiere a Cristiano Ronaldo antes que a Messi

Alex Ferguson, entrenador del Manchester United, ha reconocido que pensó en fichar a Rául, ex jugador del Real Madrid y actualmente delantero del Schalke 04.

“En el Real Madrid tuvo una gran carrera y jugadores como él siempre son útiles. Pero con Michael Owen, Rooney y Dimitar Berbatov junto con la llegada de Javier Hernández, ficharle significaba tener demasiados delanteros”, asegura.

Ferguson también espera que la cifra de 71 goles marcados en la Champions League por el delantero del club de Gelsenkirchen, no aumente en las próximas semanas.

“Es espectacular. 71 goles en la Champions League no lo marca cualquier jugador. Pero realmente espero que esa cifra no suba en las próximas dos semanas”.

Respecto a la otra semifinal, entre Real Madrid y Barcelona, Ferguson opina. “Estuve viendo la final de la Copa del Rey y fue un partid muy intenso, en la Champions quizá no sea tanto, pero seguro que se verá una gran eliminatoria”.

“¿Messi o Ronaldo? Son dos grandes jugadores, pero siempre elegiré a Ronaldo antes que a Messi. Es un jugador fantástico, rápido, potente y que va muy bien de cabeza”.

“Messi es un jugador diferente, aunque también tiene una gran calidad”, concluye.

Ferguson siempre está del lado de CR7.


El otro Madrid también brilla

Algo tiene Mestalla y mucho tiene el Madrid. Tres días después de la final de Copa, el campeón regresó al estadio de su éxito, vía pasillo, para completar otra exhibición, aunque completamente distinta en el estilo y en los modos, relajada en lugar de angustiosa, entregada al fútbol ofensivo y despreocupada en el mejor sentido de la expresión. Así juega la versión B del Madrid, según pudo comprobar en carne propia el Valencia, que tal vez estudió los vídeos equivocados, los dos últimos.

Y es que el Real Madrid, como su entrenador, tiene dos caras, aunque podrían ser más. La primera nos presenta a un equipo que se agiganta en el esfuerzo y la solidaridad, definido, si hubiera que resumir, por el fútbol directo y por Cristiano Ronaldo. Ya saben, el campeón de Copa. La segunda se construye en ausencia de Cristiano. Sin él, los movimientos de ataque se hacen más combinativos por la sencilla razón de que sus compañeros tocan a más.

Así sucedió ayer. Después de dos partidos espartanos, el Real Madrid se presentó en Mestalla sin más titulares que Casillas y Carvalho, entendamos por titulares a los héroes de la Copa. Con el resto de la plantilla disponible, Mourinho alineó, conforme o resignado, a un equipo de más talento que trabajo, que reunía de mediocampo hacia adelante a Granero, Canales, Kaká, Higuaín y Benzema, peculiar concentración de jugones, mediapuntas, delanteros y otras gentes de buen vivir.

El resultado fue óptimo. Si algo caracterizó al equipo fue su capacidad para conectar y divertirse. Durante 65 minutos, el Real Madrid dio la sensación de pasarlo verdaderamente bien y la prueba es que marcó seis goles y solventó con asombrosa facilidad un partido en el que todo parecía en contra.

Fue tanta la complicidad entre los tres jugadores más adelantados del Madrid que ellos se repartieron medallas y diplomas: Higuaín marcó tres goles y dio dos asistencias, Kaká marcó dos tantos y asistió en otros dos y Benzema, que consiguió un gol, participó de todas las acciones de peligro, incluido un disparo al larguero que casi lo troncha.

Hubo goles de todas las clases. Goles de pillo, goles regalados, goles tocados hasta la línea de gol y un gol exquisito, el segundo de Kaká, tras caño a Stankevicius y rosca al segundo palo. Y todo sucedió en los primeros 65 minutos, sin que el Valencia, sobrepasado (Banega, Topal y Maduro siguen ilocalizables), acertara a oponer más que un gol, de Soldado, tras magnífico autopase de Jonas.

Obsesión. Sin embargo, coincidiendo con la entrada de Cristiano por Higuaín, el Madrid se olvidó del partido y se obsesionó con el séptimo tanto. El resultado fue inmediato: el Valencia marcó dos goles. Jonas y Jordi Alba aprovecharon los pases de Mata para dignificar el marcador, más ajustado aún (aunque indiscutible) si el árbitro hubiera pitado un penalti de Albiol sobre Soldado o si Jonas no se hubiera topado con Casillas.

Kaká renacido, Higuaín de vuelta y Benzema inspirado. Nadie espera que el Madrid repita equipo contra el Barcelona, pero suspirar está permitido. Creo.

Cristiano salió desde el banquillo.


Cristiano Ronaldo Rey de España

Dieciocho años son demasiados para casi todo. En especial si uno se los pasa esperando. El Real Madrid ha acudido siempre a la cita, pero unas veces con desgana y las más de ellas distraído, ocupado en otras cuestiones que entendía de mayor enjundia. Acumuló decepciones y desengaños que terminaron por convertir el sueño de la Copa del Rey en la peor de las pesadillas que amargó al madridismo durante esas casi dos décadas. Pero no conviene dudar de los grandes, y el Real Madrid es de los más grandes. Ha vuelto a ganar en el mismo escenario donde conquistó su última Copa y lo ha hecho después de superar al considerado por todos como el mejor equipo del mundo, al Barcelona, lo que multiplica el valor de este trofeo. Y es que la Copa no es un trofeo menor, nunca mereció tal consideración. Sólo lo ven así quienes no lo ganan. Si la final de Copa es la fiesta del fútbol español, esta fiesta tiene ahora un rey indiscutible, el Real Madrid. No fue un partido brillante, como no suelen serlo las finales, pero sí intenso, nervioso, eléctrico. En juego estaba un título y el orgullo de los dos mejores equipos del mundo.

Muchos querrán ver en este título el fin que justifica todos los medios para conseguirlo, pero sólo debería verse como el primer impulso para que el Madrid siga creciendo. Debería ser sólo su primer paso de un camino de largo recorrido. Para la historia quedará el gol de Cristiano y la imagen de Mourinho celebrando su primer título como entrenador del Real Madrid. Es el momento de la celebración, no de pasar factura. Aunque el técnico no vino aquí para hacer amigos, que cantaría Loquillo.

En la primera parte el partido lo gobernó el Real Madrid, en lo táctico y en lo anímico. Decidió dónde y cómo jugar hasta sacar de punto al Barcelona, al que se vio incómodo y desconcertado como pocas veces. El árbitro no se libró de la hipertensión con la que actuó el Madrid, cuyos futbolistas acudieron en bloque a protestar cada falta señalada por Undiano Mallenco, que fue a Valencia a dirigir un partido de fútbol y por momentos se vio en medio de una pelea de barrio. Imposible gobernar un encuentro así, con más tensión que juego, con más emoción que virtuosismo.

El Madrid alborotó la final y creó un escenario en el que reinó sin discusión mientras le aguantó el físico. Volvió a ceder el balón y la iniciativa al Barcelona, pero esta vez adelantó la presión hasta el campo rival, lo que obligó a los defensas del Barça a iniciar el juego. Por primera vez en mucho tiempo se vio a los hombres de Guardiola quitándose el balón de encima, golpeándolo en vez de acariciarlo.

Este cambio en el Madrid no fue una cuestión de jugadores y sí de planteamiento táctico. Se demostró que al Barcelona se le puede y se le debe defender más arriba. Es ahí cuando sufre, cuando lo pasa mal para encontrar su camino. Xabi Alonso ocupó el mediocentro con Khedira y Pepe por delante. Arriba, Özil, Cristiano y Di María. Un 4-3-3 que en defensa se convirtió en un 4-5-1, con Cristiano como hombre más adelantado.

Guardiola respondió situando a Mascherano como central junto a Piqué, lo que permitió a Busquets mantenerse en su hábitat natural, en el centro del campo junto a Iniesta y Xavi. Arriba, Villa, Messi y Pedro, un tridente que en el primer tiempo sólo tuvo una punta, Messi.

El centro del campo del Madrid devoró a todo el equipo del Barcelona, que se vio partido en dos, con sus delanteros totalmente desconectados del resto del equipo. La estrategia del Madrid obligó a Messi a caer hasta el centro del campo para intentar una heroica aventura en solitario. Allí se encontró con un impenetrable bosque de rivales imposible de superar con éxito. Nadie más activo que Pepe, que antes del descanso vio una amarilla que bien pudieron ser dos. Como se jugó la expulsión de forma inexplicable Arbeloa, con un pisotón a destiempo a Villa. No fue el encuentro más centrado del casi siempre cabal Arbeloa, demasiado revolucionado.

La tensión, la emoción, el electrificado ambiente en el que se desarrollaba el choque se comió también el fútbol. El nivel de juego de la primera parte fue mediocre y en ese erial futbolístico mereció salir triunfante el Madrid. Dispuso de cuatro claras ocasiones para ello y tres de ellas las malgastó Cristiano el peor jugador del Madrid, un lastre para su equipo en demasiadas fases del encuentro. Tan desesperante fue la actitud de Cristiano que hasta su entrenador se lo reprochó en público. Esta censura a lo que fue su rendimiento durante gran parte del choque no es incompatible con los bien merecidos elogios al magnífico gol que marcó después. La cuarta y más clara oportunidad del Madrid sólo el poste impidió que terminara en gol. Fue un espectacular cabezazo de Pepe a pase de Özil y que por la belleza plástica del remate mereció ser gol.

El paso por los vestuarios trajo otro panorama, otro escenario más del gusto del Barcelona. Iniesta abandonó el costado en el que palideció en el primer tiempo y se asoció a Xavi en el centro. Con esta maniobra se activó él y activó a su equipo, que apenas necesitó cinco minutos para generar más fútbol que en toda la primera parte.

Desapareció la presión tan adelantada del Madrid, que se vio empujado unos metros hacia atrás. El balón continuó siendo del Barcelona, pero esta vez lo manejó en el campo del Madrid y trató de avanzar en vertical y no en horizontal, como antes. Apareció Alves, que dio una salida eterna al balón por la derecha, banda por la que comenzó a caer Messi, que ya no jugó sólo por el centro. Los problemas se le acumularon al Madrid y las opciones de ataque se le multiplicaron al Barça. Pedro y Villa, decepcionantes en el primer tiempo, decidieron empezar a jugar la final.

El Madrid se quedó sin aire, perdió el centro del campo y entregó el partido al Barcelona, que sólo tuvo que tirar de manual de estilo para mandar. Desde el banquillo del Madrid no se aportó ninguna alternativa, ninguna solución para variar el mal rumbo que había tomado su equipo. La entrada de Adebayor por Özil no mejoró nada.

Las ocasiones comenzaron a acumulársele al Barcelona y surgió la figura de Casillas para acabar con todas. Messi, Pedro e Iniesta fueron los damnificados. Antes, Undiano acertó al anular un gol a Pedro por claro fuera de juego. Las actuaciones del portero del Madrid tuvieron una única pero valiosa respuesta en el del Barcelona. Pinto se lució a un tiro de Di María cuando el único destino del partido parecía la prórroga.

En la prórroga el balón continuó siendo del Barcelona, con el Madrid agazapado, administrando sus escasas fuerzas para intentar aprovechar sus ocasiones. Y le llegaron. Xabi Alonso encontró por primera vez a Cristiano y de esa asociación en la que cada uno se pareció a sí mismo estuvo cerca de nacer un gol. El disparo del portugués se perdió lejos de los guantes de Pinto y cerca del poste.

No falló en la siguiente. Una magnífica pared entre Marcelo y Di María, que acumula más kilómetros en sus piernas que un ciclista, la culminó Cristiano con un cabezazo de manual. Un gol que vale un título. El Madrid vio reforzada su autoestima y el Barcelona se quedó sin argumentos. Ni Afellay ni Keita, que terminó como delantero centro junto a Piqué, mejoraron a Villa y Busquets. Hubo espacio para la épica, como esa imagen de Pinto acudiendo a rematar.

Hacía ya demasiados minutos que la ansiedad era del Barcelona y el dominio de la situación, como el título, del Madrid, donde esta vez nadie se recordará que terminó con diez jugadores por la expulsión de Di María. Son esas estadísticas que uno sólo maneja cuando el viento sopla en contra y esta vez una agradable brisa acaricia el rostro ilusionado y sonriente de los madridistas.

La noche soñada por Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo ha entrado en la historia del Real Madrid al anotar el gol que le dio un título de Copa que se le resistía desde hace 18 años. La de Mestalla fue la noche que tanto ansiaba el portugués, su primer título con un gol suyo y ante el eterno rival. Y encima un gol de récord.

Su golazo de cabeza en Valencia nunca lo olvidará el portugués porque le sirvió además para batir su récord personal al ser su gol 43 esta temporada, superando los 42 tantos que firmó en el Manchester United en la 2007-08, campaña en la que conquistó el Balón de Oro.

CR7 no había sido capaz de marcar al Barça en sus seis primeros partidos frente al Barça y sólo le había ganado en una ocasión (semifinales de la Champions 08-09 en Old Trafford). El sábado en la Liga acabó con su maldición goleadora en el Bernabéu, donde Cristiano pudo celebrar el primer gol del Madrid en un Clásico desde que el portugués fichó por los blancos y este miércoles se quitó la espina clavada con un gol que vale un título.

El crack portugués ha firmado 30 goles en Liga, siete en Copa y seis en Champions para un total de 43 tantos. Además, ha igualado a Leo Messi en el Pichichi de la Copa.

Cristiano ha igualado a Hugo Sánchez (89-90) y Di Stéfano (56-57), que firmaron 43 goles en una sola temporada. Sólo hay un futbolista en la historia del Real Madrid que ha marcado más goles en una temporada: Pancho Puskas, que llegó a anotar 49 tantos en la 59-60.

Cristiano celebra su 1er titulo de blanco, la Copa del Rey 2011.

Gol histórico


Cristiano y Messi empatan el primer clásico desde los onze metros

Se silenciaron las palabras y habló el fútbol. Era el momento de poner las cartas boca arriba, de descubrir quién iba de farol y quién llevaba la mano buena. La retórica se le acabó al Real Madrid cuando comenzó a rodar el balón. Fue entonces el momento del Barcelona, que dejó la Liga vista para sentencia, si es que no lo estaba ya antes. Si no ganó el clásico fue porque le faltó ambición, decisión y también algo de fútbol para rematar al Madrid cuando lo tenía tumbado en la lona. También tuvo su influencia la nefasta actuación del árbitro, Muñiz Fernández, que lo enredó todo y no dejó satisfecho a nadie. No pitó un claro penalti a Villa, señaló otro dudoso de Alves a Marcelo y perdonó la expulsión del lateral azulgrana. Si pitó penalti debió mostrarle la segunda amarilla. Otra muestra más de la incongruencia de los árbitros. El Madrid sólo reaccionó cuando se vio derrotado, con todo perdido. Efectuó entonces un lavado de cara que acabó por dejar un recuerdo agradable entre su afición. Sucedió cuando ya jugaba con diez, por la expulsión de Albiol, pero sobre todo, con Özil en el campo. En un equipo que no anda sobrado de fútbol, la presencia del alemán se antoja indispensable. Se resolvió todo con dos penaltis, transformados por Messi, que nunca había marcado a Mourinho, y por Cristiano, que nunca había marcado al Barcelona. Medicamento para calmar los egos.

El encuentro se disputó en un tablero de ajedrez, con los entrenadores moviendo piezas e intentando adelantarse con cada maniobra a la del contrario. Pero con una notable diferencia, el Barcelona nunca renunció a su estilo. El Madrid se protegió en el centro y descuidó el ataque. Le entregó el balón al Barcelona y buscó el contragolpe de forma descarada. Renunció a llevar la iniciativa y levantó una muralla apenas unos metros por delante del área hasta completar un dibujo que en defensa fue un 4-5-1.

Decidió el Madrid buscar el triunfo sin discutir de fútbol. Buscó anular las virtudes del Barcelona amontonando hombres en el centro del campo para intentar anular la línea de pase. Pero lo hizo demasiado atrás, lo que produjo dos graves consecuencias para el Madrid. Primero, con esa táctica facilitó el inicio de las jugadas del Barcelona, que lo pasa mal cuando le presionan arriba. Es entonces cuando más problemas tiene para efectuar las transiciones entre la defensa y la zona de creación. Cuando el Madrid adelantó la presión le hizo daño a los de Guardiola. Y segundo, defendió tan atrás, que cuando robó el balón se encontró con todo un universo por conquistar. Pase en largo y a rezar para que una cabalgada de Di María o de Cristiano, que maquilló con su gol otra nefasta actuación en un duelo de altos vuelos, finalizara con uno de ellos clavando la bandera en territorio enemigo. Fue el planteamiento de un equipo pequeño que llega al Bernabéu atemorizado por el escenario y el rival. Un grave error de cálculo cuando eres el Real Madrid y el Bernabéu es tu casa.

Pepe, que de forma inexplicable se fue sin ser amonestado, comenzó como mediocentro, con Khedira a su derecha y Xabi Alonso a su izquierda. Lo que el Madrid ganó en músculo lo perdió en ideas. En concreto las de Özil, relegado al banquillo. Fue una evidente declaración de intenciones que dejó al contragolpe como único argumento ofensivo. Lo padeció Benzema y lo sufrió todo el público, que apenas vio en su equipo la más mínima intención de crear, de inventar.

La acumulación de hombres en el centro del campo convirtió cada arrancada de Messi en una carrera de obstáculos y por ahí sí logró entorpecer algo el Madrid el juego del Barcelona. Tampoco favoreció las maniobras ofensivas del Barcelona un césped demasiado seco y alto, que frenó el balón.

Si el Madrid sabía a lo que no quería jugar, el Barcelona también tuvo claro siempre cuál debía ser el camino para llegar al gol. Lo suyo fue un ejercicio de paciencia, de esperar el momento, que sabes que terminará llegando si atraviesas fases con un 80% de posesión a favor. No fue la representación más brillante que se le recuerda al Barcelona, pero tampoco le hacía falta para dominar a un Madrid que pareció sentirse inferior durante la mayor parte de la noche.

El Barcelona no necesitó la mejor versión de ninguno de sus futbolistas para dominar al Madrid. Apenas apareció Iniesta, Pedro tampoco estuvo muy activo y Villa fue quien más hizo porque el Madrid no recibiera un gol en el primer tiempo. Él y el árbitro, Muñiz Fernández, quien no señaló un claro derribo de Casillas a Villa. Una vez más, el portero fue el mejor de su equipo y con dos afortunadas intervenciones evitó dos tantos de Messi antes del descanso. Como lo evitó Adriano en la misma línea a cabezazo de Cristiano.

El segundo tiempo comenzó con un lanzamiento de falta de Cristiano al poste, al que respondió el Barcelona con el primer tanto de la noche. Un balón largo a Villa acabó con el delantero derribado por Albiol. Penalti y expulsión del central. Messi ejecutó desde los once metros y ahí empezó a recuperarse el Madrid y a perder el control el Barcelona.

Pepe se retrasó hasta el centro de la defensa, Özil sustituyó a Benzema y Keita reemplazó a Puyol, la gran novedad en la alineación del Barcelona y que se retiró lesionado. Busquets pasó a actuar como central y con esa maniobra el Barça perdió consistencia en el centro del campo y, sobre todo, seguridad en la zaga.

Arbeloa y Adebayor sustituyeron después a Di María y a Xabi Alonso en el Madrid, que agradeció las ideas de Özil, relegado de forma inexplicable a la suplencia, y por primera vez se vio con posibilidades de salir vivo del choque, que no de la Liga. Se arrugó el Barcelona, se estiró el Madrid, al que ya no le podía ir peor y los de Guardiola comenzaron a temer por un triunfo que creían tener asegurado.

La recompensa a ese arranque de orgullo del Madrid, otro más y no será el último, la obtuvo a falta de apenas diez minutos, cuando Muñiz indicó un dudoso penalti por derribo de Alves a Marcelo. Lo transformó Cristiano para poner fin al primer capítulo de una serie que continuará el miércoles con la final de la Copa del Rey. Pero eso será otra historia.

CR7 celebra su primer gol a los azulgrana.


Gol y a semifinales

La idea era no arrugarse el traje y el Madrid salió de White Hart Lane sin otra mota de polvo que la amarilla de Carvalho, que no podrá jugar contra el Barça en la ida de las semifinales. Un inconveniente mínimo (algún día tenía que caer) si se compara con la victoria (600.000 euros) y con la sensación de absoluta superioridad, de cabo a rabo, en Madrid y en Londres.

Porque el infierno inglés duró cinco minutos. De modo que más que infierno fue infiernillo. Los ingleses ya no son lo que eran, dicho sea sin faltar. Antes cualquier equipo de las islas garantizaba en su estadio un asedio salvaje, casi conmovedor. El asunto se entiende mejor si hacemos notar que el Tottenham alineó ayer, en su once titular, a tres ingleses y un galés. Apenas un leve aroma británico.

En esos minutos de asalto anotamos dos aproximaciones que tuvieron a Bale como protagonista. En la primera reclamó un penalti falso. En la otra hizo exhibición de sus virtudes: carrera por banda, defensas convertidos en conos y centro malvado desde donde termina el campo. No llegó nadie, pero Terminator no puede hacer más.

El Madrid, sin sofocarse. Antes de ese arreón local, Özil había encarado al portero en posición muy ventajosa, pero golpeó el balón como quien arroja pétalos a la Esperanza de Triana. Dulcemente, quiero decir. Ocurre con los poetas y Özil lo es: de tanto en cuanto se les evapora el seso. Como luego vendrá cargado de metáforas, sólo hay pedir que llegue a tiempo.
Solidarios.

La conclusión más positiva de la primera parte es que el Madrid es un equipo muy sólido en cualquiera de las variantes que propone. Anoche, en previsión de las incursiones de Lennon (muy activo), Arbeloa jugó por detrás de Marcelo y si el dibujo se alteró poco (o nada) es porque jamás se quedó descolgada una línea, todos juntos y solidarios.

Sobre esa base sólo hace falta esperar a que el enemigo pierda fuelle. Y el Tottenham hace aguas con cierta facilidad. Modric, por ejemplo, es una caja llena de espumillón pero sin regalo dentro. Pavlyuchenko, por su parte, quedó retratado con un disparo que debió ser gol (o Casillas) y que mandó al nuboso cielo londinense.

Más allá de su facilidad para manejar el partido, el Madrid también dejó cosas para corregir. Adebayor no hizo un desmarque entre líneas y lejos del área fue Tarzán en Nueva York. Tampoco el Marcelo extremo mejoró al Marcelo lateral y, en general, sobró autocomplacencia.

El gol, ya se sabe, fue un obsequio. Cristiano chutó una de tantas y a Gomes se le doblaron las manos. Pero no fue esa su peor desgracia. Lo peor fue que el efecto del balón todavía le dio una oportunidad para retroceder y atraparlo. Y entonces se le descubrió viejo como un mayordomo viejo.

La voz se corrió. Y las pocas veces que volvió a acercarse el Madrid fue para arrojar cualquier pelota al portero de mantequilla, por si volvía a entonar. No sucedió. El partido se esfumó con demasiado tiempo por delante, casi 20 minutos, con el Tottenham entregado y el Madrid dejando correr los minutos y corriendo poco, pensando ya en el enemigo que viene, en la telenovela con el Barcelona.

Cristiano fué sustituido después del gol para reservarle.


Un gran gol de Cristiano Ronaldo y retorno en San Mamés del mejor Kaká

Cambio de planes y muchas pruebas en el Real Madrid en San Mamés como apuntó Hechos de Hoy. Jose Mourinho hizo apuestas de riesgo y ganó en todas en San Mamés en un partido de muchas lecturas donde la pizarra final quedó en un 4-3-3. Ante próximas semanas de infarto, Mourinho probó una línea de centrales con Arbeloa, Ricardo Carvalho, Albiol y Sergio Ramos. Como centro campistas, el entrenador apostó finalmente por el ensayo de Granero, Pepe y Lass Diarra. Y en la línea de ataque a Kaká, Cristiano Ronaldo y Xabi Alonso.

– En las notas interesantes de esta importante victoria del Real Madrid en San Mamés, un escenario que impone y en el que se han vivido partidos muy disputados, gran gol de Cristiano Ronaldo. El Real Madrid consiguió el tercer tanto en San Mamés gracias a Cristiano Ronaldo, que había salido minutos antes por Higuaín. El portugués se fue como quiso de San José y batió a Iraiozoz con un trallazo.

– El mensaje de Mourinho con su once final en San Mamés resultó claro. Habrá rotaciones en la Liga pensando en la Champions y la final de Copa del Rey. A su lado en el banquillo, además de Jerzy Dudek, estaban seis jugadores que forman la columna vertebral del equipo: Marcelo, Carvalho, Xabi, Özil, Cristiano y Adebayor.

– Kaká fue una de las grandes novedades en el once titular de Mourinho y lo celebró con dos goles de penalti. Hay que remontarse a hace dos meses para encontrar el último tanto del jugador brasileño. Di María sigue siendo rentable para el Real Madrid. Kaká marcó dos veces de penalti en San Mamés y los dos se los hicieron al argentino, que es el futbolista que más penas máximas ha provocado en la Liga. A Di María le han hecho seis en todo el campeonato.

– Y por último, una confesión. Iker Casillas no dudó en afirmar que su mayor deseo es “poder acudir a Cibeles a final de temporada”. “Mi mayor deseo es poder acudir a Cibeles a final de temporada. Significaría que habríamos conseguido alguno de los objetivos marcados, y qué mejor forma de celebrarlo que con toda nuestra afición”, comentó.

Cristiano volvió a mojar y ya lloeva 28 goles.


Berlusconi quiere a Cristiano Ronaldo en el Milán

El primer ministro italiano y dueño del Milan, Silvio Berlusconi, parece que se ha empeñado en intentar el fichaje de Cristiano Ronaldo. Según publica la Gazzetta dello Sport, Berlusconi ya ha dado la orden a su vicepresidente, Adriano Galliani, para que ponga en marcha los primeros contactos.

“He dado carta blanca a Galliani para su fichaje”, dijo el máximo dirigente milanista al diario deportivo. “Sueño con tener en mi equipo al astro portugués”, añadió. Hay que recordar que Berlusconi ya le comentó a Ronaldo, en la final de la Champions 2009 en Roma, sus intenciones. “Antes o después te llevaré a Milán”, le dijo.

Como gran enamorado del Milan desde niño, Berlusconi asegura que si tiene la oportunidad de fichar a un gran campeón que le permita al equipo dar un salto de calidad “no se echará atrás”.

“Los italianos lo entenderán. En el Milan necesitamos un gran campeón, de esos que marcan la diferencia. Uno como Ronaldo”, destacó Berlusconi, obsesionado por reforzar la plantilla de su club.

Ahora está por ver si el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, es receptivo o no a la oferta, aunque seguramente no tenga intención de dejar salir a su estrella, por la que pagó 96 millones de euros al Manchester United.

Ayer, el entrenador blanco, José Mourinho, quiso opinar sobre el interés de Berlusconi. El portugués, como casi siempre, no dejó indeferente a nadie: “Si Cristiano se va, yo también me voy, pero no al Milán”.

Cristiano en uno de sus partidos contra el Milan.


El Madrid pide un lugar en las semifinales

El Real Madrid se vistió con el traje de gala, sólo le faltó el bombín como deferencia a su invitado, y despachó con la misma naturalidad que un inglés se toma un café y la rapidez con la que uno trata de huir de casa de los suegros a un Tottenham que decepcionó. No estuvo el conjunto inglés a la altura del reto. La explicación quizá haya que buscarla en el rápido gol de Adebayor, en la exagerada y absurda expulsión de Crouch, al que le faltó calma y le sobraron revoluciones, o, simplemente, en que el Madrid es mejor equipo. El razonamiento más fiable parece este último. Subido a hombros de Adebayor, ese futbolista de sonrisa eterna, el Madrid va de cabeza hacia las semifinales. La mitad del camino ya está recorrido. Completaron el trabajo Di María, con un golazo espectacular, y Cristiano.

El Madrid superó con claridad al Tottenham, sobrepasado por la magnitud del rival y del acontecimiento. El Madrid supo manejar mejor la situación, al fin y al cabo está más habituado a estos duelos, pese a esa eterna ausencia de seis temporadas. Volver a cuartos ha sido para el Madrid como cuando uno regresa al lugar en el que pasó su infancia. Por muy larga que sea la ausencia, cuando uno vuelve se siente como si nunca se hubiera ido. La majestuosidad del escenario, de un Bernabéu de Champions, hizo el resto para convertir el encuentro en otra especial noche europea. Con momentos de buen fútbol, otros de tensión, acciones para discutir y momentos de relajación excesiva. Continúa siendo ese uno de los grandes defectos del Madrid, incapaz de mantener un ritmo alto de forma continuada.

La mejor versión del Madrid se vio en el primer cuarto de hora, cuando fue un equipo armónico, que movió el balón con lucidez, con las líneas muy juntas, que presionó con intensidad y sentido, obligando a los centrocampistas del Tottenham a vivir con el aliento en la nuca. Anuló a su rival y se abrazó al gol. Fue a los cinco minutos, cuando Adebayor marcó de cabeza a la salida de un córner. Falló la defensa y tampoco fue la acción más inspirada del portero Gomes. El togolés repitió en la segunda parte y ya ha marcado diez goles al Tottenham en 13 partidos, lo que hace pensar que tiene algo personal con el máximo rival del Arsenal.

La expulsión de Crouch al cuarto de hora por doble amarilla, la segunda exagerada, terminó de dibujar un panorama que parecía ideal para el Madrid. Nada más lejos. Se calmó el Madrid, bajó el ritmo de forma inexplicable y permitió que el Tottenham se recompusiera. En ello tuvo mucho que ver la decisión de Redknapp de cambiar de banda a Bale. El brillante zurdo galés pasó de agobiarse por las subidas de Marcelo a disfrutar intentando ganar la espalda a Sergio Ramos, al que amargó la vida.

Se juntó mucho el Tottenham, que tapó espacios, defendió mejor y, lo que es de agradecer, nunca renunció a ese juego de toque que le ha permitido llegar hasta aquí, aunque sus mejores ocasiones llegaran al contragolpe.

Se consumió el resto del primer tiempo con el Madrid añorando a Xabi Alonso y a Özil, lamentándose por la escasa participación de Cristiano y por los pocos balones que recibió Di María, quien tuvo tiempo de forzar un penalti que el alemán Brych no pitó. Fue un disparo del argentino que desvió con sus brazos el central Dawson.

Despertó el Madrid en su paso por los vestuarios, de donde salió decidido y lanzado en busca del segundo gol. Sólo encontró respuesta en Gareth Bale, un futbolista espectacular que está para grandes proyectos, pero que terminó difuminado en ese cuadro gris en el que acabó convertido su equipo, reventado físicamente. El Tottenham, que en el descanso había retirado a un discreto Van der Vaart para dar entrada a Defoe, decidió vivir con todos sus futbolistas lo más cerca posible de Gomes, optó por la resistencia, por intentar sobrevivir sin más daño de ahí al final. Tan arriesgada apuesta tuvo su castigo.

El Madrid, bien dirigido por Xabi Alonso y con Marcelo cabalgando una y otra vez por su banda, no tuvo piedad y martilleó al agotado Tottenham, al que sometió a un asedio tan intenso como constante. Llegaron dos nuevos goles y bien pudo haber sido alguno más. Hizo doblete Adebayor con un nuevo tanto de cabeza a pase de Marcelo y puso la guinda a la noche Di María, con un tanto extraordinario. Con la izquierda, desde el vértice derecho del área, puso el balón en la escuadra contraria. Espectacular.

La distancia en el marcador ya sí se ajustaba a la diferencia que hubo entre los dos conjuntos. Y así lo debió entender también Mourinho, que antes había dado entrada a Lass por Khedira, más entonado que de costumbre, y sustituyó a Adebayor y Di María por Higuaín y Kaká. Sí, el brasileño volvió a la vida. Veremos si su regreso es de nuevo tan efímero como acostumbra.

Lo que ya no parece nada efímero es el viaje del Real Madrid por esta Liga de Campeones. El billete para la siguiente estación lo terminó de sacar Cristiano, con un tanto firmado a medias con el portero Gomes.

El partido de vuelta, en el que no estará Pepe por sanción, sólo debe ser un cómodo tránsito hasta llegar a semifinales.

Cristiano que reaparecia, marcó el cuarto gol que deja la eliminatoria casi resuelta.


Cristiano Ronaldo, Marcelo y Di María, en la convocatoria ante el Tottenham

Pese a las dudas de los últimos días, Cristiano Ronaldo, Marcelo, Kaká y Di María han entrado en la lista de 19 jugadores que José Mourinho ha convocado para disputar el partido de ida de cuartos de final de la Champions ante el Tottenham inglés. (Real Madrid – Tottenham, en directo, martes 20:45 en La 1, RNE, IPhone y RTVE.es).

Según anuncia la web madridista, los futbolistas están “recuperados de sus respectivas dolencias”, por lo que el técnico portugués ha decidido incluirlos en la convocatoria.

El portugués con una lesión de grado I en el bíceps femoral de la pierna izquierda y el brasileño con un golpe en las costillas, regresan a una convocatoria después de hqberse ejercitado este lunes con normalidad y es posible que sean titulares.

Ángel Di María también está entre los seleccionados pese a que se ha entrenado al margen del grupo en la sesión de esta mañana. El argentino, se tuvo que retirar del partido que el Real Madrid perdió 0-1 ante el Sporting de Gijón, al recibir un fuerte golpe en el vasto interno de la pierna izquierda.

A la lista también regresa Ricardo Kaká, también restablecido de sus molestias, según ha publicado el club. La otra novedad es Xabi Alonso, que vuelve tras cumplir un partido de sanción en el último encuentro de Liga.

Por otro lado, se han quedado fuera de la convocatoria Gago, Benzemá y Pedro León por lesión y Albiol y Canales por decisión técnica.

La lista de 19 convocados para el encuentro ante el totenhan la forman: Casillas, Adán y Dudek para la portería. Ramos, Arbeloa, Pepe, Carvalho, Garay y Marcelo, en la defensa. Lass, Xabi Alonso, Khedira, Granero, Kaká, Özil y Di María, como centrocampistas. Y por último Cristiano Ronaldo, Higuaín y Adebayor, convocados en la delantera.

Cristiano, en Valdebebas.


Mourinho forzará a Cristiano Ronaldo y Marcelo

La importancia del encuentro ante el Tottenham obligará a Mourinho a forzar a dos jugadores claves en el Real Madrid. Marcelo, con un fuerte golpe en la zona costal producida con su selección, y Ronaldo, con una lesión muscular en el bíceps femoral izquierdo, estarán a disposición del técnico pese a que el departamento médico no los ve aptos para el partido ante los ingleses.

A Mourinho no le queda más remedio que arriesgar porque la Liga está perdida y en este mes de abril están en juego las dos competiciones a las que aspira el conjunto blanco: Liga de Campeones y Copa del Rey.

Ante el Tottenham debe poner el mejor once posible para llegar con opciones al partido de vuelta en Londres y a día de hoy CR7 y Marcelo son fundamentales. El portugués por lo que representa para el equipo y por el respeto que infunde en el rival y el brasileño ya demostró ante los franceses su verticalidad haciendo el gol que abrió el camino del triunfo.

El que lo tiene muy complicado es Benzema. La contractura producida con su selección ante Croacia necesita ser tratada con prudencia porque el francés podría recaer y perderse definitivamente la final de Copa en Mestalla. Afortunadamente para Mourinho la recuperación de Higuaín llega en el mejor momento y el argentino tiene hambre de gol.

Marcelo y CR7 forzarán.


El Madrid sin CR7 y Benzema tira la liga

El Real Madrid se alejó de la Liga el día más insospechado, pero se podrá decir que no hizo méritos para ello. Mourinho, que tantas otras veces salvó a su equipo con sus alineaciones y sus cambios, se equivocó esta vez al diseñar el once inicial y al ordenar las sustituciones, que terminaron por desorientar todavía más a un equipo que nunca estuvo centrado. El Sporting hizo su trabajo, y lo hizo bien, aprovechó al máximo sus recursos y supo controlar al Madrid, al que se le fue el campeonato entre las manos, como se le fue a Mourinho su récord de nueve años sin perder como local en Liga.

Se podrá excusar el Madrid por sus numerosas bajas o por ese penalti que no vio el árbitro por mano de Lora, pero la primera respuesta a sus males debe buscarla en él mismo, en su incapacidad para generar fútbol. El Madrid demostró que tener el balón no sirve de nada si no sabes qué hacer con él. Su dominio en el primer tiempo fue tan intenso como intrascendente, con el Sporting aguardando cómodamente atrás, a la espera de sus oportunidades. Y las tuvo, la más clara un mano a mano de Novo con Casillas, cosa que no pudo decir el Madrid, que tocó, intentó crear y combinó, pero con poco sentido y más en horizontal que en vertical. Combinaciones sin orden, que sólo sirvieron para despertar bostezos y ver cómo el aburrimiento se extendía por la grada, que disfrutó más viendo al gran Ronaldo pisando de nuevo el césped del Bernabéu que con el juego de su equipo. Se consumió la primera parte sin que el Madrid se acordara de tirar a portería y con Adebayor viviendo desconectado del resto del equipo, como si fuera un ente extraño.

La alineación del Madrid no invitaba a la alegría. No fue una cuestión del dibujo, el habitual 4-4-2 de Mourinho, sino de las piezas que compusieron ese esquema. La defensa no fue esa línea sólida y contundente que permite al equipo vivir más tranquilo. Ramos y Arbeloa ocuparon los laterales y se olvidaron de que había vida en el campo rival, mientras que Albiol se pasó el partido intentando corregir los desbarajustes de Carvalho.

Mucho peor fueron las sensaciones que dejó el centro del campo. Lass, al que los cables se le cruzan cada vez con más frecuencia y volvieron a perdonarle la expulsión, y Khedira, a cuyos genes regateó el talento, formaron el mediocentro menos creativo, plano e insulso que puede presentar el Madrid. Su presencia en esa posición clave arrastró hasta las tinieblas al resto del equipo, que no logró sobreponerse del lastre que supone no tener a nadie capacitado para crear juego en ese puesto. Cada ausencia de Xabi Alonso es una demostración de lo indispensable que es su presencia.

Por delante de ellos apareció Granero, que no tuvo su día más inspirado, pero al menos intentó crear algo diferente con su juego entre líneas. En las bandas, Özil directamente no compareció y Di María probó la solución individual también con nula fortuna. Adebayor fue el peor del equipo.

El primer tramo dejó dos acciones polémicas. González González anuló a los dos minutos un gol a Carvalho por entender que el balón ya había salido cuando Albiol lo cedió hacia atrás. Imposible saber si acertó o no. Sí pareció que se equivocó al no señalar penalti por mano de Lora poco antes del descanso.

En el segundo tiempo reinó el caos, con el Sporting defendiendo sin mucho esfuerzo las alocadas acometidas del Madrid, que se enredó aún más y por momentos transmitió una sensación de desidia que no se correspondía con lo que había en juego. Nada menos que la Liga.

El desbarajuste del Madrid en la segunda parte, donde ya renunció a cualquier tipo de fútbol elaborado y se entregó sin pudor al juego directo, fue de enorme proporciones y mucha culpa de ello la tuvo Mourinho, que si en otras ocasiones ayudó con sus cambios e inventos tácticos a ganar partidos, esta vez dio a su equipo el empujón que le faltaba para estrellarse de forma calamitosa.

La reaparición de Higuaín ilusionó al Bernabéu, que pasó la tarde temiéndose lo peor y quedó desconcertado al ver que el sustituido era Granero, uno de los pocos con capacidad para inventar. Y fue Higuaín quien malgastó la mejor ocasión de su equipo en toda la tarde, un disparo que desvió el inspiradísimo Juan Pablo después un contragolpe bien llevado por Di María.

El caos en el Madrid se multiplicó con los dos últimos cambios de Mourinho, que dio entrada a Pepe y Canales por Arbeloa y Di María. Pasó a defender con tres centrales y dejó los laterales a Sergio Ramos y Canales, que en los 20 minutos que jugó fue de lo mejor de su equipo.

Con el Madrid pensando que no había más salida que la heroica, el recurso del que sólo le queda el orgullo para atrapar la victoria, llegó el gol del Sporting. Una acción bien elaborada que culminó De las Cuevas. Un gol que silenció el Bernabéu, reventó la Liga y despertó al Madrid, que sólo reaccionó cuando lo vio todo perdido.

Los últimos minutos fueron un asedio continuo, con los jugadores del Madrid convertidos en un pelotón de fusilamiento y Juan Pablo esquivando todas las balas. Atrapando los balones fáciles y despejando los imposibles. Inmenso estuvo el portero, escoltado por Botía e Iván Hernández, como enorme estuvo ese pequeño genio que es Rivera manejando a su equipo en el centro del campo.

El Sporting supo hacer su trabajo, exprimió sus recursos y aprovechó la oportunidad que tuvo. Todo lo contrario que el Madrid.