Nosotros vimos nacer la leyenda

Archivo para abril, 2011

Mourinho castiga a CR7, y Ferguson le tienta

Mou le castiga

Las palabras de Cristiano Ronaldo tras el clásico reconociendo que no le gustaba el planteamiento conservador de Mourinho, pero que no le quedaba otro remedio que aceptarlo, han tenido su coste. El técnico le dejó fuera de la lista, con lo que CR7 tendrá una oportunidad menos de alcanzar a Messi en su lucha por el pichichi.

Desde el club se filtra que más que un castigo es un toque de atención y una llamada a la motivación para que el jugador esté más fresco de cara al martes. Sin embargo, en la rueda de prensa, Mou prefirió mantener la duda sobre su decisión. Así como justificó las ausencias de Lass y Xabi Alonso “porque están muertos por haber tenido que jugar diez contra once”; y la de Albiol, porque “Ramos y Pepe no podrán jugar en Barcelona por sus acciones criminales” (así que jugarán hoy); sobre la baja de Cristiano se limitó a decir que “es una decisión mía”. Preguntado qué le habían parecido las críticas de CR7 a su planteamiento, respondió, incómodo, que “es su opinión y puede decirlo. No es un problema para mí”.

Guiño de Ferguson

Casi al mismo tiempo que en Madrid se vislumbrara un distanciamiento entre Cristiano Ronaldo y José Mourinho, desde Inglaterra llegaban elogios del entrenador del Manchester United, Alex Ferguson, al delantero portugués, al que tuvo en sus filas antes de que CR7 fichara por el Real Madrid.

Las palabras de Ferguson, que algunos han interpretado sin tapujos como un claro guiño del técnico escocés a Cristiano Ronaldo por si el futuro inmediato del luso no pasara por el Santiago Bernabéu, suponen un claro elogio al delantero, aunque el técnico de Old Trafford también deja clara la absoluta confianza que tiene en su actual plantilla. Ferguson señaló que “posiblemente nos falta la fantasía que aportaba Cristiano Ronaldo con su juego, pero el equipo actual mantiene un nivel muy alto y la ausencia de Cristiano no significa que por nuestra mente pase la palabra derrota”.

En verano de 2009, el Manchester United traspasó a Cristiano Ronaldo al Real Madrid por 93 millones de euros, una cifra record. El conjunto de Old Trafford, sin la presencia del delantero de Madeira, ha perdido brillantez a juicio de algunos, aunque el rendimiento no se ha resentido, como demuestran los resultados y presume Ferguson: “Este es un equipo muy determinado, muy profesional y que logra grandes momentos. No practicamos un fútbol como cuando estaba Cristiano pues no tenemos tanta fantasía, pero el equipo es solvente”. Según el veterano técnico, “el juego que hemos visto esta temporada por parte del United en ocasiones ha sido tremendo, de gran nivel”. Ferguson se muestra orgulloso de que el equipo “es capaz de ganar cualquier título y hace buen fútbol”.

Aunque afirmó que ve “muy difícil” que el astro portugués Cristiano Ronaldo pueda regresar al equipo, en un momento en el que la prensa especula con posibles tensiones con su técnico en el Real Madrid, Jose Mourinho.”Sería muy difícil. Tuvo grandes momentos aquí, pero está ahora en un gran club”, comentó Ferguson cuando fue preguntado por los periodistas acerca de esta posibilidad.

“Hablé con él tras el partido (de las semifinales de la ‘Champions’). Pasó mucho tiempo aquí, estuvimos seis años con él. Le recibí cuando era un niño y se fue al Madrid siendo un hombre”, recordó Ferguson, que estuve en la capital española para ver el encuentro entre Real Madrid y Barcelona.


Cristiano y Ferguson, ¿volverán a estar juntos algún dia?

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Cristiano Ronaldo: declaraciones tras el clásico (Madrid 0-2 Barcelona 26/04/2011)


Demasiado para 10

Los duelos entre Real Madrid y Barcelona pueden llegar a convertirse en contraproducentes para el fútbol. Después de tres enfrentamientos directos en apenas dos semanas ya deberíamos tener asumido que el espectáculo nunca tendrá como protagonista al balón, ni siquiera al juego y tendríamos que empezar a asimilar que llegará el día que no sea necesario que haya una pelota sobre el césped cuando estos dos equipos se miren frente a frente. Se retarán en las conferencias de prensa los entrenadores, se mandarán mensajes los jugadores a través de los medios, convertidos en correos de sus intereses, y afilarán los tacos y relajarán las manos para tenerlas bien ágiles cuando se citen sobre el césped. El encargado de mover el pulgar hacia arriba o hacia abajo podría ser el árbitro o el jurado de Eurovisión. Dará igual. El fútbol parece que es lo último que importa y en el primer partido de esta eliminatoria a nadie se ha despreciado más que a los aficionados, sufridores de un castigo cruel.

El partido nos dejó argumentos para que presuman unos y excusas para que exageren sus lamentos otros. Pero por encima del fango, del alboroto y de la tensión surgió la figura de Messi para decidir seguramente la eliminatoria y dejarnos un gol para el recuerdo, un eslalon perfecto en el que desparramó sobre el césped a cuanto jugador vestido de blanco intentó salir a su cruce.

A la figura de Messi se agarrarán en el Barcelona para justificar su triunfo. A eso y a que fue el único equipo que intentó crear algo de fútbol en toda la noche. Apenas lo consiguió, pero su abrumadora superioridad en la posesión del balón le permitió defenderse teniendo la pelota en su poder. Sin sufrir, sin casi sobresaltos. Y en el Bernabéu.

En el Real Madrid la visión será diferente y justificarán el declive final de su equipo en la expulsión de Pepe a los 61 minutos por un plantillazo a Alves. Una expulsión justa, pero que podría llegar a admitir un debate sobre ello. Esa roja provocó la inmediata expulsión de Mourinho y la ruina del Madrid, que se descompuso de mala manera. Sin el trabajo y el carácter de Pepe en el centro del campo, las costuras del Madrid saltaron por los aires y el equipo cayó rendido a la genialidad de Messi. Primero aprovechó una buena jugada por la derecha de Afellay, que se fue con insultante facilidad de Marcelo, para anticiparse a Sergio Ramos y batir por primera vez a Casillas. Después llegó esa maravilla de gol que pone al Barcelona en la puerta de embarque para Wembley.

De lo que ocurrió antes nadie se acordará y es que poco merece ser recordado. Fue el combate del miedo, sin espacio para nada de fútbol. Comenzaron los dos con el freno de mano, con el Barcelona tocando y el Madrid esperando, estudiando los movimientos del enemigo. El Barça, fiel a su estilo de elaboración y toque, frente al fútbol directo del Madrid, que se quedó a medio camino entre ir a presionar o esperar atrás. Se plantó en el círculo central, permitiendo al Barça pensar cada movimiento hasta adentrarse en territorio rival. Pero fueron avances lentos, demasiado previsibles y en los que olvidó las bandas. Apenas se vio a Alves correr por el lateral.

Con este prudente planteamiento, los principales damnificados fueron Özil, Di María y Cristiano, que se hizo notar más por sus aspavientos que por su fútbol. En el primer tiempo sólo apareció para acribillar a pelotazos a la barrera en cada falta que lanzó y en un disparo que desvió con dificultades Valdés. En el segundo tiempo, el madrid aún hizo menos.

Xabi se situó por delante de la zaga, barriendo toda la pradera central, con Lass a su derecha y Pepe a su izquierda, ligeramente adelantados. Mientras los tres estuvieron sobre el campo, el Madrid aguantó con la cabeza alta, sin jugar al fútbol, pero sin sufrir daños. Antes del descanso apenas se pudieron anotar dos disparos de Villa y de Xavi. El primero salió desviado por centímetros y el segundo lo despejó Casillas. Del Madrid no hubo noticias en el área rival.

El segundo tiempo comenzó a otra velocidad, con el Madrid queriendo vivir más arriba y el Barcelona queriendo parecerse más a sí mismo, y con cambios en la disposición de los dos equipos. Adebayor sustituyó a Özil y por primera vez e Madrid tuvo una referencia en ataque que permitió liberar a Cristiano. Tanto se liberó que no se le volvió a ver. En el Barcelona, Villa se cambió a la derecha y Pedro pasó a la izquierda.

El aire le duró al Madrid lo que tardó el árbitro alemán Stark en expulsar a Pepe. Sea rigurosa o no, no parece lógico que un equipo de ese nivel se descomponga de tal manera sólo por la expulsión del portugués. Pero lo peor quizá no fue que el equipo no tuviera capacidad de reacción, sino que en los siguientes minutos esa reacción no llegara desde el banquillo, en el que ya no estaba sentado el expulsado Mourinho. Tampoco no podrá sentarse en el banquillo del Camp Nou, donde tampoco acudirá Sergio Ramos, que vio una amarilla que le impedirá jugar la vuelta.

Mal dia para el Madrid y para CR7.


Cristiano Ronaldo, en busca del segundo balón de oro

Cristiano Ronaldo está dispuesto a volver a lo más alto del fútbol mundial y para ello debe desbancar a su gran oponente, Leo Messi. En una temporada sin Eurocopa ni Mundial, la Champions League puede ser definitiva en la elección del próximo Balón de Oro. El sorteo y el buen hacer de Real Madrid y Barcelona les ha vuelto a emparejar esta temporada, tras dos clásicos disputados y un aparente dominio blanco, Messi y Cristiano vuelven a verse las caras en el partido definitivo, no solo la Champions está en juego, sino también el título de mejor jugador del mundo, el portugués ha ganado por ahora el primer asalto, la Copa del Rey, ¿qué ocurrirá en el continente?

El duelo liguero se saldó con empate a uno y gracias a dos penaltis. Messi rompió su maldición marcando por fin a un equipo entrenado por José Mourinho, mientras que Ronaldo vio como su gafe de cara a la portería de Valdés también se esfumaba. En cambio, en la final de la Copa del Rey, Messi terminó eclipsado por Cristiano, el tanto del portugués en la prórroga le brindó la victoria al Real Madrid a pesar de la gran segunda parte del conjunto blaugrana. El argentino presionado por Pepe no pudo brillar como acostumbra, los pases, las combinaciones con Xavi, Pedro, Iniesta y Villa, incluso el gol se le atragantaron. Esta vez, el hombre decisivo fue Ronaldo.

El tercer clásico, que se disputará en Europa es determinante, ambos jugadores se encuentra inmersos en una lucha sin cuartel que este miércoles cerrará su penúltima tanda. Messi consciente de la cacería a la que será sometido en el Bernabéu, llega con el fin de romper su mala racha en semifinales, ronda en la que nunca ha visto puerta, mientras que Ronaldo pretende seguir siendo importante en un equipo que le ficho para ello. La final de Wembley, presumiblemente ante el Manchester United, está en juego, el liderazgo mundial también.

Cristiano en el entrenamiento pre-partido frente al Braça.


Alex Ferguson prefiere a Cristiano Ronaldo antes que a Messi

Alex Ferguson, entrenador del Manchester United, ha reconocido que pensó en fichar a Rául, ex jugador del Real Madrid y actualmente delantero del Schalke 04.

“En el Real Madrid tuvo una gran carrera y jugadores como él siempre son útiles. Pero con Michael Owen, Rooney y Dimitar Berbatov junto con la llegada de Javier Hernández, ficharle significaba tener demasiados delanteros”, asegura.

Ferguson también espera que la cifra de 71 goles marcados en la Champions League por el delantero del club de Gelsenkirchen, no aumente en las próximas semanas.

“Es espectacular. 71 goles en la Champions League no lo marca cualquier jugador. Pero realmente espero que esa cifra no suba en las próximas dos semanas”.

Respecto a la otra semifinal, entre Real Madrid y Barcelona, Ferguson opina. “Estuve viendo la final de la Copa del Rey y fue un partid muy intenso, en la Champions quizá no sea tanto, pero seguro que se verá una gran eliminatoria”.

“¿Messi o Ronaldo? Son dos grandes jugadores, pero siempre elegiré a Ronaldo antes que a Messi. Es un jugador fantástico, rápido, potente y que va muy bien de cabeza”.

“Messi es un jugador diferente, aunque también tiene una gran calidad”, concluye.

Ferguson siempre está del lado de CR7.


El otro Madrid también brilla

Algo tiene Mestalla y mucho tiene el Madrid. Tres días después de la final de Copa, el campeón regresó al estadio de su éxito, vía pasillo, para completar otra exhibición, aunque completamente distinta en el estilo y en los modos, relajada en lugar de angustiosa, entregada al fútbol ofensivo y despreocupada en el mejor sentido de la expresión. Así juega la versión B del Madrid, según pudo comprobar en carne propia el Valencia, que tal vez estudió los vídeos equivocados, los dos últimos.

Y es que el Real Madrid, como su entrenador, tiene dos caras, aunque podrían ser más. La primera nos presenta a un equipo que se agiganta en el esfuerzo y la solidaridad, definido, si hubiera que resumir, por el fútbol directo y por Cristiano Ronaldo. Ya saben, el campeón de Copa. La segunda se construye en ausencia de Cristiano. Sin él, los movimientos de ataque se hacen más combinativos por la sencilla razón de que sus compañeros tocan a más.

Así sucedió ayer. Después de dos partidos espartanos, el Real Madrid se presentó en Mestalla sin más titulares que Casillas y Carvalho, entendamos por titulares a los héroes de la Copa. Con el resto de la plantilla disponible, Mourinho alineó, conforme o resignado, a un equipo de más talento que trabajo, que reunía de mediocampo hacia adelante a Granero, Canales, Kaká, Higuaín y Benzema, peculiar concentración de jugones, mediapuntas, delanteros y otras gentes de buen vivir.

El resultado fue óptimo. Si algo caracterizó al equipo fue su capacidad para conectar y divertirse. Durante 65 minutos, el Real Madrid dio la sensación de pasarlo verdaderamente bien y la prueba es que marcó seis goles y solventó con asombrosa facilidad un partido en el que todo parecía en contra.

Fue tanta la complicidad entre los tres jugadores más adelantados del Madrid que ellos se repartieron medallas y diplomas: Higuaín marcó tres goles y dio dos asistencias, Kaká marcó dos tantos y asistió en otros dos y Benzema, que consiguió un gol, participó de todas las acciones de peligro, incluido un disparo al larguero que casi lo troncha.

Hubo goles de todas las clases. Goles de pillo, goles regalados, goles tocados hasta la línea de gol y un gol exquisito, el segundo de Kaká, tras caño a Stankevicius y rosca al segundo palo. Y todo sucedió en los primeros 65 minutos, sin que el Valencia, sobrepasado (Banega, Topal y Maduro siguen ilocalizables), acertara a oponer más que un gol, de Soldado, tras magnífico autopase de Jonas.

Obsesión. Sin embargo, coincidiendo con la entrada de Cristiano por Higuaín, el Madrid se olvidó del partido y se obsesionó con el séptimo tanto. El resultado fue inmediato: el Valencia marcó dos goles. Jonas y Jordi Alba aprovecharon los pases de Mata para dignificar el marcador, más ajustado aún (aunque indiscutible) si el árbitro hubiera pitado un penalti de Albiol sobre Soldado o si Jonas no se hubiera topado con Casillas.

Kaká renacido, Higuaín de vuelta y Benzema inspirado. Nadie espera que el Madrid repita equipo contra el Barcelona, pero suspirar está permitido. Creo.

Cristiano salió desde el banquillo.


Cristiano Ronaldo Rey de España

Dieciocho años son demasiados para casi todo. En especial si uno se los pasa esperando. El Real Madrid ha acudido siempre a la cita, pero unas veces con desgana y las más de ellas distraído, ocupado en otras cuestiones que entendía de mayor enjundia. Acumuló decepciones y desengaños que terminaron por convertir el sueño de la Copa del Rey en la peor de las pesadillas que amargó al madridismo durante esas casi dos décadas. Pero no conviene dudar de los grandes, y el Real Madrid es de los más grandes. Ha vuelto a ganar en el mismo escenario donde conquistó su última Copa y lo ha hecho después de superar al considerado por todos como el mejor equipo del mundo, al Barcelona, lo que multiplica el valor de este trofeo. Y es que la Copa no es un trofeo menor, nunca mereció tal consideración. Sólo lo ven así quienes no lo ganan. Si la final de Copa es la fiesta del fútbol español, esta fiesta tiene ahora un rey indiscutible, el Real Madrid. No fue un partido brillante, como no suelen serlo las finales, pero sí intenso, nervioso, eléctrico. En juego estaba un título y el orgullo de los dos mejores equipos del mundo.

Muchos querrán ver en este título el fin que justifica todos los medios para conseguirlo, pero sólo debería verse como el primer impulso para que el Madrid siga creciendo. Debería ser sólo su primer paso de un camino de largo recorrido. Para la historia quedará el gol de Cristiano y la imagen de Mourinho celebrando su primer título como entrenador del Real Madrid. Es el momento de la celebración, no de pasar factura. Aunque el técnico no vino aquí para hacer amigos, que cantaría Loquillo.

En la primera parte el partido lo gobernó el Real Madrid, en lo táctico y en lo anímico. Decidió dónde y cómo jugar hasta sacar de punto al Barcelona, al que se vio incómodo y desconcertado como pocas veces. El árbitro no se libró de la hipertensión con la que actuó el Madrid, cuyos futbolistas acudieron en bloque a protestar cada falta señalada por Undiano Mallenco, que fue a Valencia a dirigir un partido de fútbol y por momentos se vio en medio de una pelea de barrio. Imposible gobernar un encuentro así, con más tensión que juego, con más emoción que virtuosismo.

El Madrid alborotó la final y creó un escenario en el que reinó sin discusión mientras le aguantó el físico. Volvió a ceder el balón y la iniciativa al Barcelona, pero esta vez adelantó la presión hasta el campo rival, lo que obligó a los defensas del Barça a iniciar el juego. Por primera vez en mucho tiempo se vio a los hombres de Guardiola quitándose el balón de encima, golpeándolo en vez de acariciarlo.

Este cambio en el Madrid no fue una cuestión de jugadores y sí de planteamiento táctico. Se demostró que al Barcelona se le puede y se le debe defender más arriba. Es ahí cuando sufre, cuando lo pasa mal para encontrar su camino. Xabi Alonso ocupó el mediocentro con Khedira y Pepe por delante. Arriba, Özil, Cristiano y Di María. Un 4-3-3 que en defensa se convirtió en un 4-5-1, con Cristiano como hombre más adelantado.

Guardiola respondió situando a Mascherano como central junto a Piqué, lo que permitió a Busquets mantenerse en su hábitat natural, en el centro del campo junto a Iniesta y Xavi. Arriba, Villa, Messi y Pedro, un tridente que en el primer tiempo sólo tuvo una punta, Messi.

El centro del campo del Madrid devoró a todo el equipo del Barcelona, que se vio partido en dos, con sus delanteros totalmente desconectados del resto del equipo. La estrategia del Madrid obligó a Messi a caer hasta el centro del campo para intentar una heroica aventura en solitario. Allí se encontró con un impenetrable bosque de rivales imposible de superar con éxito. Nadie más activo que Pepe, que antes del descanso vio una amarilla que bien pudieron ser dos. Como se jugó la expulsión de forma inexplicable Arbeloa, con un pisotón a destiempo a Villa. No fue el encuentro más centrado del casi siempre cabal Arbeloa, demasiado revolucionado.

La tensión, la emoción, el electrificado ambiente en el que se desarrollaba el choque se comió también el fútbol. El nivel de juego de la primera parte fue mediocre y en ese erial futbolístico mereció salir triunfante el Madrid. Dispuso de cuatro claras ocasiones para ello y tres de ellas las malgastó Cristiano el peor jugador del Madrid, un lastre para su equipo en demasiadas fases del encuentro. Tan desesperante fue la actitud de Cristiano que hasta su entrenador se lo reprochó en público. Esta censura a lo que fue su rendimiento durante gran parte del choque no es incompatible con los bien merecidos elogios al magnífico gol que marcó después. La cuarta y más clara oportunidad del Madrid sólo el poste impidió que terminara en gol. Fue un espectacular cabezazo de Pepe a pase de Özil y que por la belleza plástica del remate mereció ser gol.

El paso por los vestuarios trajo otro panorama, otro escenario más del gusto del Barcelona. Iniesta abandonó el costado en el que palideció en el primer tiempo y se asoció a Xavi en el centro. Con esta maniobra se activó él y activó a su equipo, que apenas necesitó cinco minutos para generar más fútbol que en toda la primera parte.

Desapareció la presión tan adelantada del Madrid, que se vio empujado unos metros hacia atrás. El balón continuó siendo del Barcelona, pero esta vez lo manejó en el campo del Madrid y trató de avanzar en vertical y no en horizontal, como antes. Apareció Alves, que dio una salida eterna al balón por la derecha, banda por la que comenzó a caer Messi, que ya no jugó sólo por el centro. Los problemas se le acumularon al Madrid y las opciones de ataque se le multiplicaron al Barça. Pedro y Villa, decepcionantes en el primer tiempo, decidieron empezar a jugar la final.

El Madrid se quedó sin aire, perdió el centro del campo y entregó el partido al Barcelona, que sólo tuvo que tirar de manual de estilo para mandar. Desde el banquillo del Madrid no se aportó ninguna alternativa, ninguna solución para variar el mal rumbo que había tomado su equipo. La entrada de Adebayor por Özil no mejoró nada.

Las ocasiones comenzaron a acumulársele al Barcelona y surgió la figura de Casillas para acabar con todas. Messi, Pedro e Iniesta fueron los damnificados. Antes, Undiano acertó al anular un gol a Pedro por claro fuera de juego. Las actuaciones del portero del Madrid tuvieron una única pero valiosa respuesta en el del Barcelona. Pinto se lució a un tiro de Di María cuando el único destino del partido parecía la prórroga.

En la prórroga el balón continuó siendo del Barcelona, con el Madrid agazapado, administrando sus escasas fuerzas para intentar aprovechar sus ocasiones. Y le llegaron. Xabi Alonso encontró por primera vez a Cristiano y de esa asociación en la que cada uno se pareció a sí mismo estuvo cerca de nacer un gol. El disparo del portugués se perdió lejos de los guantes de Pinto y cerca del poste.

No falló en la siguiente. Una magnífica pared entre Marcelo y Di María, que acumula más kilómetros en sus piernas que un ciclista, la culminó Cristiano con un cabezazo de manual. Un gol que vale un título. El Madrid vio reforzada su autoestima y el Barcelona se quedó sin argumentos. Ni Afellay ni Keita, que terminó como delantero centro junto a Piqué, mejoraron a Villa y Busquets. Hubo espacio para la épica, como esa imagen de Pinto acudiendo a rematar.

Hacía ya demasiados minutos que la ansiedad era del Barcelona y el dominio de la situación, como el título, del Madrid, donde esta vez nadie se recordará que terminó con diez jugadores por la expulsión de Di María. Son esas estadísticas que uno sólo maneja cuando el viento sopla en contra y esta vez una agradable brisa acaricia el rostro ilusionado y sonriente de los madridistas.

La noche soñada por Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo ha entrado en la historia del Real Madrid al anotar el gol que le dio un título de Copa que se le resistía desde hace 18 años. La de Mestalla fue la noche que tanto ansiaba el portugués, su primer título con un gol suyo y ante el eterno rival. Y encima un gol de récord.

Su golazo de cabeza en Valencia nunca lo olvidará el portugués porque le sirvió además para batir su récord personal al ser su gol 43 esta temporada, superando los 42 tantos que firmó en el Manchester United en la 2007-08, campaña en la que conquistó el Balón de Oro.

CR7 no había sido capaz de marcar al Barça en sus seis primeros partidos frente al Barça y sólo le había ganado en una ocasión (semifinales de la Champions 08-09 en Old Trafford). El sábado en la Liga acabó con su maldición goleadora en el Bernabéu, donde Cristiano pudo celebrar el primer gol del Madrid en un Clásico desde que el portugués fichó por los blancos y este miércoles se quitó la espina clavada con un gol que vale un título.

El crack portugués ha firmado 30 goles en Liga, siete en Copa y seis en Champions para un total de 43 tantos. Además, ha igualado a Leo Messi en el Pichichi de la Copa.

Cristiano ha igualado a Hugo Sánchez (89-90) y Di Stéfano (56-57), que firmaron 43 goles en una sola temporada. Sólo hay un futbolista en la historia del Real Madrid que ha marcado más goles en una temporada: Pancho Puskas, que llegó a anotar 49 tantos en la 59-60.

Cristiano celebra su 1er titulo de blanco, la Copa del Rey 2011.

Gol histórico