Nosotros vimos nacer la leyenda

Victoria frente un valiente Rayo

El partido ofrece razones para el optimismo y para la inquietud, sírvase usted mismo. El análisis más entusiasta nos señala la extraordinaria recuperación del Real Madrid, que encajó un tanto a los quince segundos y terminó metiendo seis goles que disparan los cañones del confeti. Y con diez jugadores durante 35 minutos, no lo olvido. La segunda lectura es más fría y se sirve cruda: el Real Madrid ganó al Rayo Vallecano jugando al contragolpe. En el Bernabéu y dominado durante largos ratos por su humilde vecino: en la segunda parte, el visitante acaparó la posesión hasta el 59%.

El examen del juego también acepta diversas perspectivas. Se podrá decir que Mourinho, hábil mariscal de campo, tocó las teclas adecuadas para hacer reaccionar al equipo. La sustitución de Lass por Özil en el minuto 28 tuvo el efecto de afilar los cuchillos del Madrid. Si el francés no se muda en los próximos días a París, habrá que considerarla un ejemplo de astucia. La entrada de Khedira y Benzema, ya en la segunda mitad, contuvo al Rayo en la misma medida que ayudó a sentenciarlo.

También se podrá afirmar lo contrario. Que el Madrid entró penosamente en el partido y que todos los arreglos posteriores fueron remiendos del problema primigenio: la crisis de juego. Ese bloqueo que persiste y que ayer se disfrazó de emoción desgarradora.

Sandoval tampoco escapa de esta crítica que se debate entre el elogio y el reproche. Su planteamiento fue hermosamente suicida y será recordado durante algún tiempo, hasta que solamente quede el 6-2. En lugar de acortar el campo, lo alargó hasta hacerlo llanura esteparia. Tan valiente fue que retó a un galgo en un canódromo. Tan hidalgo, que convirtió un partido de cara en un frenético intercambio de golpes que eran contragolpes a su mentón.

Fidelidad.

En definitiva: el Rayo quiso ser fiel a su estilo, aunque su estilo potenciara las virtudes del Madrid. Y el resultado es que palmó con la misma sonrisa que mostraba en el velatorio el cadáver de Bing Crosby, fallecido en 1977 en el campo de golf de La Moraleja por un fallo cardiaco en el mismo momento de embocar un putt.

Pero esa es otra historia. En la que nos ocupa nos quedará la duda de qué hubiera sido del Rayo si se hubiera ahorrado los momentos más conmovedores. Pero no lo hizo. Tras el gol de Michu buscó el de Lass Bangoura, sastre de Marcelo en varios trajes a medida. Me reitero: fue emocionante ver al Rayo comportarse como si no hubiera mañana, ni segundas partes, ni capitalismo, ni ira divina.

Su última pirueta fue reengancharse al partido después de que Cristiano (2) e Higuaín pusieran con ventaja al Madrid. Otra vez marcó Michu, que es un futbolista a tener en cuenta. Y la esperanza del Rayo se aferró luego a la boba expulsión de Di María.

Un choque tan inesperado sólo lo podía resolver un héroe imprevisto: Varane. El francés, que por alto se maneja como Lindbergh, marcó de espuela y mató al Rayito. Luego bailaron sobre su tumba Benzema y Cristiano, pero ni eso borró la sonrisa de Sandoval. Como Crosby, él había golpeado primero.

Cristiano anotó 3 goles.

Una respuesta

  1. estefi

    sois los mejores os quiero

    noviembre 18, 2011 en 21:27

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