Nosotros vimos nacer la leyenda

Vuelve el Cristiano en plan goleador

Para el Real Madrid sobró la segunda parte y para el Málaga sólo esa mitad debe ser recordada. Sin embargo, analizar el partido de ayer como dos partes sin conexión nos llevará al error. Evitemos el tópico, pues. No fue una parte para cada equipo, no seamos tan generosos, no asistimos a dos partidos distintos, era el mismo. Fue el Madrid quien decidió el destinatario de cada pedazo de tarta. El primero fue glotonamente suyo y el otro se lo cedió al Málaga para que se lo comiera con las velas puestas: 0-4.

Dicho esto, acepto que el resultado pudo ser otro, quizá 1-4, o tal vez 2-6, cuesta imaginar la venganza que se hubiera cobrado el Madrid por cada gol recibido. Es verdad que el Málaga disparó dos veces al larguero. En su mitad. Y es muy cierto que salió del descanso con más empuje, en rebelión contra su sino. Admirable resistencia, no habrá quien lo niegue.

La sensación, no obstante, es que el Madrid, con la victoria decidida, se dejó zarandear igual que los hermanos mayores fingen pelear con los pequeños. Y para hacer más verosímil la lucha, en lugar de poner la cara, puso a Casillas. Así se explica que el portero fuera uno de los mejores de la noche.

La incertidumbre del partido sólo duró diez minutos, hasta que marcó Higuaín. En ese tiempo, el anfitrión peleó valerosamente y a campo abierto, demasiado abierto, cabe sospechar. El liberal Mateu Lahoz ignoró dos penaltis, uno por barba (a Cristiano y Joaquín), y Casillas interceptó con los pies y fuera del área un mano a mano con Rondón. Es lo más cerca que estuvo el Málaga de cambiar la historia. O de modificar su inicio.

En la siguiente ola se desbordó el mar. Di María buscó la espalda de la defensa con un pase interior y no sólo propició un gol, sino un terrible descubrimiento: centrales lentos, desajuste defensivo, falta de tensión y portero tiritando.

Rumor. Se corrió la voz, naturalmente. Tiren, tiren. Khedira, en su mejor partido de blanco (incluso de negro) probó desde la línea Schwarzenbeck y Rubén repelió con sofoco. Luego, después de una excelente exhibición de toques y ayudas (muy bien Kaká), llegó el segundo. Di María repitió asistencia, pero en pase largo y desde la banda cambiada. Cristiano se coló entre los dulces centrales y remató a placer. Cuatro minutos después, batió al portero de tiro raso, apartando las flores de un campo que debía estar minado. Por último, marcó de espuela en boca de gol. Bien visto, no es tan raro que Rubén tiemble.

Se entiende la desolación del jeque, entregado al tabaco compulsivamente desde su butaca en el palco. Llegados a este trimestre, su papel es el de esos padres que pagan la universidad en Estados Unidos para que el chico sólo apruebe ciencias nocturnas. Paciencia, señor, y mercado de invierno.

Completado un primer tiempo primoroso, el Madrid se puso a pensar en otra cosa, en el domingo o en el FIFA 12. Se le puede reprochar eso, pero es poco en comparación con lo anterior. Isco y Joaquín aprovecharon la rendija para asomar y salvar el honor, la imagen del grupo. Todos amigos, al final. Hasta eso está cambiando.

Cristiano hizo un Hattrick en 15 minutos.

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