Nosotros vimos nacer la leyenda

El Barcelona vuelve a ser favorito al título de Liga

El panorama que deja el Clásico es desolador para el Real Madrid y de normalidad absoluta en el Barcelona, que salió de Bernabéu como líder de la Liga, aunque con un partido más. El Madrid acudió a la cita disfrutando de una superioridad estadística indiscutible, como dominador absoluto de los números, con la confianza de quien se cree indestructible. Cuando el nivel de exigencia se multiplicó, el Madrid suspendió el examen. El Barça dejó atrás sus dudas e inseguridades, supo levantarse después del enorme golpe que supuso recibir un gol a los 22 segundos, se sobrepuso a todos sus errores, que no fueron pocos en defensa, y cuando la cuestión fue determinar quién era mejor con el balón en los pies, cuando habló la pelota, sólo quedó constatar la superioridad del Barcelona, dirigido por un sublime Iniesta y un magistral Xavi. Iniesta ofreció un recital en el segundo tiempo, una lección de cómo se interpreta este juego.

Mientras el Barça sigue, con más o menos sobresaltos, su camino, el partido supuso una enorme marcha atrás para el Madrid, desarmado de nuevo en el centro del campo. Las deficiencias de antaño se volvieron a hacer visibles, como si el tiempo no hubiera pasado y nada hubiera evolucionado. Pero lo que ha pasado es que un Clásico más, el Barcelona fue mejor que el Madrid.

Quienes nieguen la evidencia de lo sucedido sobre el mojado césped del Bernabéu, siempre encontrarán alguna justificación ajena al balón. La mejor forma para corregir tus errores no es buscar los de los demás. Es imposible avanzar y mejorar cuando uno no asume sus limitaciones y reduce todo a conspiraciones maquiavélicas. Es cierto que Messi quizá mereció la expulsión poco antes del descanso, cuando debió ver su segunda amarilla por una entrada a Xabi Alonso. La primera le llegó por protestar. También debió irse antes a los vestuarios Coentrao. Es evidente que la trascendencia de una y otra expulsión no hubiera sido la misma, pero no es menos cierto que no se puede justificar lo sucedido con esa legítima petición de que Messi no debió terminar ni siquiera el primer tiempo.

Y es que el Madrid salió derrotado en todos los duelos que se ventilaron en el partido. Sólo Casillas demostró estar un peldaño por encima de Valdés y únicamente Benzema salió reforzado gracias a su sensacional actuación. El Madrid perdió en fútbol y fue claramente superado en la discusión táctica, un lenguaje que supo manejar mejor Guardiola que Mourinho. Guardiola movió piezas, introdujo variantes que acabaron por darle una superioridad aplastante en el centro del campo, el espacio en el que se cocinan las victorias. Busquets, Xavi, Iniesta y Cesc acabaron formando una línea que logró variar el rumbo inicial del partido, cuando el Barça parecía que iba a la deriva, y aplastó cualquier intento del Madrid por sacar la cabeza. Crearon y taparon a Xabi Alonso, anulando cualquier posibilidad de crear juego del Madrid, que no supo encontrar respuesta a ninguno de los movimientos tácticos del Barcelona. Con ese exuberante y reluciente centro del campo, el Barcelona compensó los numerosos errores cometidos en defensa, impropios no ya de este equipo, sino de cualquiera que se maneje en la elite.

Si dirigimos nuestra mirada al duelo entre Messi y Cristiano, la comparación no se sostiene. No hay ningún argumento favorable al portugués, obsesionado de nuevo por hacerse notar, dominado otra vez por la ansiedad que le provoca querer decidir el Clásico en cada jugada. Falló dos ocasiones clarísimas en momentos decisivos. No estuvo a la altura y eso ya no es novedad en un Madrid-Barça. Nuevo fracaso. Todo lo contrario que Messi, de nuevo determinante, desequilibrante, tan locuaz como acostumbra con el balón en los pies. Gozó de la inestimable colaboración de Alexis, un cuchillo que rasgó la línea defensiva del Madrid cada vez que entró en contacto con el balón.

El encuentro dejó a varios futbolistas desubicados, pero a nadie más que a Coentrao, caótico de nuevo como lateral derecho. No tiene condiciones para actuar en esa posición y con cada actuación suma nuevos argumentos para defender que no debe ser titular en el Madrid. Es lateral izquierdo y en esa posición actúa uno de los mejores del mundo, Marcelo. Tampoco Pepe y Ramos formaron ese muro infranqueable de jornadas pasadas.

El comienzo del choque no dejó adivinar lo que llegó después. El inicio del Madrid fue arrollador, por iniciativa propia y torpezas ajenas. Salió a buscar al Barcelona a su campo y aprovechó el regaló que le concedió Valdés, muy torpe toda la noche cuando el balón llegó a sus pies. Le entregó la pelota a Di María y en un instante se acumularon errores de remate o despeje que acabaron con el balón en Benzema, que no falló y celebró el primer gol cuando apenas se habían consumido 22 segundos.

El partido se puso como más le gusta al Madrid, con el Barcelona llevando la iniciativa y los de Mourinho luciéndose en la presión y el contragolpe. Esta efervescencia le duró al Madrid media hora, lo que tardó el Barça en empatar. Ya había avisado Messi, que aprovechó un resbalón de Ramos para irse como un rayo hacia el área, donde le esperó Casillas para evitar el tanto. Nada pudo hacer Iker después para evitar el empate. Messi bajó hasta el círculo central, le pidió la pelota a Xavi e inició un eslalon con el que rompió la defensa del Madrid, por el centro y con la ayuda de Coentrao, que habilitó a Alexis para que el chileno batiera a Casillas.

Hasta ese momento se disfrutó de un partido intenso, interpretado a gran velocidad. Después, los equipos se tomaron un respiro, se concedieron una tregua ficticia, porque el Barcelona por entonces ya era dueño del balón. Si en el primer tiempo lo movió con menos gracia que acostumbra, con circulaciones demasiado horizontales, en el segundo fue un recital que desnudó al Madrid y acabó elevando al Barcelona hasta el triunfo y el liderato.

Fue una cuesta abajo en la que Xavi, con la involuntaria colaboración de Marcelo, en el que rebotó el balón para que se alejara irremediablemente de Casillas, y Cesc trasladaron al marcador la indiscutible superioridad que hubo en el campo. De nada sirvió la entrada de Kaká por Özil, ni la tardía salida de Higuaín por Di María y mucho menos la entrada de Khedira por Lass.

Un Clásico más todo sigue igual, con el Barcelona disfrutando del fútbol y del resultado y el Madrid preguntándose cómo ha llegado de nuevo a esta situación.

Cristiano, realizó uno de sus peores clasicos.

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