Nosotros vimos nacer la leyenda

Archivo para enero, 2012

Liga encarrilada

El Real Madrid demostró ayer que la superioridad con la que barrió al Barcelona del campo el miércoles, en el Nou Camp, no fue algo ocasional. Con un fútbol de altura venció con claridad al Zaragoza, aventajando en dos puntos más al Barcelona, que no pudo pasar del empate.

El fútbol de los blancos no sólo debe imponerse a sus rivales, sino también a un descarado Villarato, ya que para seguir en la línea de Teixeira Vitienes, Iturralde González dejó de pitar otros tres penaltis a favor de los de Mourinho. En el Villarreal – Barcelona, los culés volvieron a tener un trato de favor arbitral, pero ni así lograron los tres puntos. Tras la jornada, el Real Madrid se ve catapultado hacia el campeonato.

Sin embargo, el inicio de partido no fue bueno para los locales, que no salieron con la debida intensidad. El Zaragoza, debido a su condición de colista, tiene urgencias en todos los partidos, así que pillaron al Real Madrid todavía dormido, a los 11 minutos, con un gol de Lafita que aprovechó un grave error en la marca de Pepe, para recibir solo dentro del área y batir a Casillas.

Pero el Real Madrid no estaba para sorpresas. El once de Mourinho fue toda una declaración de intenciones, recordando aquel partido liguero de la pasada temporada en Santander, en el que el fútbol de toque del Real Madrid maravilló tanto a seguidores como detractores de Mourinho.

El técnico portugués parece haber olvidado, al menos de momento, las tácticas ultradefensivas. Así el Real Madrid dio un baño de juego al Barcelona en el partido de vuelta de la Copa y así ganó ayer, con un fútbol total, llegando a superar el 70% de la posesión del balón.

Parafraseando al entrañable Andrés Montes, José Mourinho puso en liza a los “jugones”. Y cuando el Real Madrid juega con los buenos, es imparable. Dos hombres de gran visión de juego como Xabi Alonso y Esteban Granero, ocuparon las posiciones de medios centro. Kaká y Özil, con libertad de movimientos, oscilaban entre la media punta, las bandas y las incursiones en área. Cristiano Ronaldo atacaba desde la banda izquierda, secundado por Marcelo, aunque tampoco jugaba en estático, lo mismo que Benzema, que se dejaba caer continuamente a banda derecha desde su posición en punta.

Con semejante equipo dentro del terreno de juego, el balón era para el Real Madrid. La movilidad y la visión de sus futbolistas se tradujo en continuas ocasiones de gol. Kaká dio los dos primeros avisos y a la tercera, el media punta brasileño acertó a batir al guardameta Roberto, para empatar el partido, resultado con el que se llegaría al descanso.

El público del Santiago Bernabéu no parecía asustado. Jugando así, la victoria de su equipo sólo era cosa de tiempo. Y eso se demostró al inicio de la segunda mitad, ya que antes de que hubiera transcurrido el primer cuarto de hora, Cristiano Ronaldo primero, a pase de Özil y el propio media punta alemán después, sentenciaron el choque con el 3-1 final.

El partido de ayer tuvo un nombre propio: Mesut Özil. La elegancia en sus movimientos y su enorme visión de juego recordaban por momentos a uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol como Zinedine Zidane, que tantas tardes de gloria dio al madridismo.

El inicio de temporada del alemán fue bastante irregular, pero parece que las pequeñas vacaciones de Navidad le han servido para recargar las pilas, sobre todo atendiendo a la lección de fútbol que dio en el Nou Camp y al partidazo que disputó ayer, encandilando a aficionados y rivales.

Özil se entendió a la perfección con Kaká. Entre los dos abrieron muchos espacios para las llegadas de Granero, que cuajó un partido muy completo, los desmarques de Benzema o las arrancadas de Marcelo e incluso de Altintop, que también se animó a buscar la portería contraria.

Cristiano Ronaldo padeció una fortísima defensa, lo que también habilitó al resto de sus compañeros. La superpoblación defensiva del Zaragoza en banda izquierda, para maniatar a Ronaldo, fue aprovechada por el resto de sus compañeros. El Real Madrid tuvo mucha presencia en el área rival, creando superioridad numérica en muchas zonas y traduciéndola en un sinfín de ocasiones, que derivaron en la victoria final.

Cristiano sigue siendo el pichichi de la Liga con 24 tantos en 20 partidos.


El Barcelona pasa de ronda, el Madrid renace

Fue un partido excelente, intenso, un espectáculo de los grandes, en el que un afortunado Barcelona despidió de la Copa al Real Madrid, que se marchó con la cabeza alta, dejando una imagen de gran equipo, en especial en el primer tiempo. Perdió una eliminatoria, pero recuperó valores como la autoestima y la identidad, que tanto se echaron en falta en la ida, pero sobre todo recuperó el juego. El Madrid se demostró a sí mismo en el Camp Nou que sabe jugar al fútbol y con ese argumento como base principal de su comportamiento es capaz de discutirle el triunfo al Barça. Al Madrid le abandonó su pegada cuando le acompañó el juego. Un juego que fue muy superior al del Barcelona, que sufrió como nunca ante un Madrid que mandó, se hizo respetar y supo disputar la posesión del balón a los hombres de Guardiola, al que se le vio incómodo e inquieto, más apurado que de costumbre. Quizá agobiado por la presión del nudo de su corbata. No mereció salir derrotado el Madrid del Camp Nou y no se le puede poner ningún reproche a su comportamiento.

El Madrid jugó mejor, fue más brillante que el rival y llevó todo el partido con la lengua fuera al Barcelona, que sobrevivió gracias a los goles de Messi y Alves, que llegaron en dos acciones aisladas y no como consecuencia del juego. Fue un premio excesivo para el Barça y un castigo desmesurado para el Madrid, que nunca perdió la figura y terminó acariciando el milagro con los tantos de Cristiano, muy centrado y metido en el partido en todo momento, y de Benzema, sustituto del desacertadísimo Higuaín y que completó un segundo tiempo sencillamente espectacular. Y por encima de ese nivel estuvo Özil, lúcido, participativo, con una enorme capacidad para asociarse y desequilibrante con todos sus movimientos y sus pases.

Esta versión mejoradísima del Madrid, la más brillante en un Clásico desde que manda Mourinho, hizo más evidentes los errores cometidos en la ida y aumenta el sonrojo por la versión que se vio en el Bernabéu. Por qué en los duelos contra el Barcelona no se ve allí a un Madrid con la predisposición, personalidad, actitud y juego que se vio en el Camp Nou es algo que sólo sabe Mourinho.

La salida del Real Madrid estuvo a la altura de lo que siempre se espera de él. Afrontó el partido de cara, sin miedo, con personalidad e iniciativa. Lo quiso jugar y con esa actitud metió en un lío al Barcelona, al que hizo daño cuando se fue a buscarlo arriba y también cuando lo esperó atrás para hacerle correr al contragolpe. El Barça pareció desubicado y le faltó la pausa y la capacidad para leer el partido. Pero por encima de todo, le faltó el balón y sin la pelota, el Barcelona no ya es que sea incapaz de mandar, sino que sufre, y mucho, hasta convertirse en un equipo vulnerable.

El Madrid ocupó todas las zonas del campo y las ocupó bien, con sentido, salvo los destrozos que originó en el lateral izquierdo Coentrao, incapaz de tirar bien un fuera de juego, y la habitual inoperancia de Kaká, un pesado lastre. Si en la ida fue Pepe el eje del Madrid en el centro del campo, esta vez correspondió a Özil ser la referencia del equipo. Lo agradeció su equipo y lo padeció al Barça. Xavi no apareció, Iniesta se fue lesionado, Busquets tuvo que multiplicarse para intentar contener la avalancha, Messi apenas apareció para dar el primer gol a Pedro, que ya es bastante dirán algunos, pero no suficiente para lo que se exige del mejor futbolista del mundo. Cesc nunca encontró su sitio y las diagonales, los desmarques de Alexis, especialista en aparecer donde más daño hace, no fueron tan dañinos como en el Bernabéu. En definitiva, el Madrid se encargó de difuminar al Barcelona.

El comienzo del Madrid fue arrollador y ayudado por la inestabilidad defensiva del Barcelona disfrutó de tres clarísimas ocasiones en diez minutos. Y todas las malgastó. A los diez segundos, Higuaín se quedó solo ante Pinto, después de una falta de entendimiento entre Alves y Piqué, y mandó el balón fuera. Tres minutos después Pintó evitó el gol en un remate de Higuaín después de una falta sacada por Xabi Alonso. Y a los 11 llegó la tercera ocasión, en un contragolpe que acabó rematando Cristiano para que Pinto despejara como enormes dificultades. El Madrid falló donde no acostumbra a hacerlo y lo pagó.

Llegó después un tiro de Özil que hizo retumbar el larguero de la portería de Pinto y a todo el Camp Nou e Higuaín volvió a malgastar a continuación una nueva oportunidad para hacer daño.

Todas las ocasiones fueron del Madrid y todas las desperdició. Lo contrario que el Barcelona. Cuando apenas faltaban dos minutos para cerrar el primer tiempo apareció Messi para destrozar la defensa del Madrid y abrir una profunda sima por la que se empezaron a perder todas las ilusiones de remontada de los blancos. Fue un eslalon en el que terminó encontrando a Pedro, sustituto minutos antes del lesionado Iniesta, para que batiera a Casillas.

En el tiempo añadido, el pésimo Teixeira Vitienes perdonó la segunda amarilla a Lass por una entrada a Messi. La falta se resolvió con un golazo de Dani Alves. Fue un misil teledirigido que entró por la escuadra de Casillas, que tuvo que recoger el balón de la red en los dos únicos tiros que hizo el Barcelona en la primera parte.

Fue muy discutida la actuación de Teixeira, al que se le reclamaron hasta tres penaltis en ese primer tiempo. Primero, una posible mano de Busquets en un balón cabeceado por Pepe; después, un derribo de Pepe a Alexis y para terminar, una mano de Abidal en un remate de chilena de Ramos dentro del área.

El Madrid pareció perder efervescencia al inicio de la segunda parte. Fue un engaño. Tuvo más peligro y presencia, demostrando estar en todo momento a la altura del fenomenal reto que tenía por delante. Siguió apostando Mourinho por el juego. Retiró a Lass, Kaká e Higuaín y dio entrada a Granero, Callejón y Benzema. El Madrid creció con los cambios y el Barcelona, sometido por el empuje del rival, se fue empequeñeciendo. Por primera vez en mucho tiempo, en vez de mirar hacia delante, Guardiola lo tuvo que hacer hacia atrás. Thiago salió por Cesc para reforzar el centro del campo y buscar la posesión del balón, que nunca llegó, y Mascherano entró por Alexis.

Para entonces el marcador ya señalaba el 2-2 después de los goles de Cristiano, que tras un gran pase de Özil superó con una maestría natural al nervioso Pinto en el mano a mano, y de Benzema, que firmó un golazo que dio todavía más brillo a su excelente partido. Nada que reprochar al gol anterior anulado a Ramos, que terminó expulsado por doble amarilla.

Se despidió el Madrid de la Copa, pero lo hizo a lo grande, sin esconderse nada, con su versión más reconocible. Se fue siendo fiel a sí mismo, jugando al fútbol.

Cristiano celebra el 2-1.


Remontada vital

Higuaín fue el protagonista, pero Mourinho escribió y dirigió la película. Lo de la escritura no es metáfora. Logrado el segundo gol, el técnico repartió entre los futbolistas anotaciones a modo de chuletas. Parte del contenido de los papelitos lo descubrió el entrenador en conferencia de prensa y se resume así: “Váyanse atrás y no se dejen marcar un gol, caballeros”. Los jugadores cumplieron a rajatabla. No hay como ser educado y poner las instrucciones por escrito.

Una vez más el entrenador volvió a tener una participación clave (casi demiúrgica) en la reacción y la victoria. De nuevo pudimos comprobar que Mourinho no hace cambios: lo suyo son zapateados, revoleras dignas de Raphael, representaciones teatrales de su descontento. Más que sustituir piezas, reemplaza estados de ánimo. Es innegable su capacidad para tocar el orgullo de los futbolistas. También su alianza con la fortuna. Con la fortuna de tener a Higuaín, quiero decir.

El delantero al que llaman Pipita (apodo inapropiado por escasamente feroz) entró en la segunda mitad en sustitución de Lass. Tan importante como la variación táctica fue el gesto. Después de una primera parte penosa sin mejor oportunidad que un cabezazo al poste de Sergio Ramos en el minuto 44, el Madrid anunciaba carga ligera. Por delante, cuatro atacantes entre los que estaba Cristiano según el acta del partido; por detrás, Xabi y Özil.

Congelemos la imagen de la caballería y pasemos ahora al Mallorca. Completó una primera parte impecable y la ganó con todo merecimiento. En la segunda mitad su única obsesión fue conservar el marcador y el resultado es que perdió con toda justicia. La única duda es saber si su renuncia a la pelota fue totalmente voluntaria (voluntad de Caparrós, se entiende) o estuvo provocada por la repentina voracidad del Madrid. Nos inclinaremos por los tonos grises.

Cuatro caras. La consecuencia es que ayer no vimos a dos equipos, sino a cuatro. La primera versión del Mallorca fue digna de Mourinho. Equipo de presión asfixiante, directo y batallador. Mil balones robados y otros tantos regalados por el Madrid sin oponer resistencia. Arriba, dos escopetas: Chori, flecha conocida, y Hemed, falso tronco y falso lento. Del primero nació la asistencia y del segundo el testarazo que valió el primer gol. Del Madrid, sin noticia.

Tras el descanso salieron otros veintidós, incluido Higuaín. Los del Mallorca jugaron con el etéreo objetivo de pillar una contra. Los de Mourinho a vencer o morir. El resultado es que el Madrid fue ganando metros hasta arrinconar a su rival. Sin jugadas primorosas, pero con la machacona insistencia de quien no piensa abandonar. El talento hizo lo demás. E Higuaín. En la primera pared con fundamento (con Özil), marcó. A quien diga que tuvo suerte habrá que responderle que la suerte también se suda.

A siete del final, el hombretón llamado Pipita porfió por un balón improbable y provocó la carambola que propició el gol de Callejón. Otra vez la suerte, dirán. Ja. Aunque el Mallorca quiso recuperar el balón ya era demasiado tarde. Logró la pelota, pero los papelitos ya los tenía el Madrid. De puño y letra de Mourinho. Sobre todo de puño.

Cristiano felicita a callejón tras el 1-2.


Cristiano y Coentrao firman autografos en Malaga


Un Madrid incontenible

Aunque el maestro Dante Panzeri escribió un tratado sobre el fútbol como Dinámica de lo impensado, anoche, en el baile de 24 voluntades imprevisibles (incluyo al árbitro y al balón, los actores más inciertos), sucedió lo que casi todos imaginaban. Ganó el Madrid y marcó cinco, el número que redondea las goleadas. Para semejante viaje el Granada no hubiera necesitado tantas alforjas, ni tantas pizarras. Para un partido así Mourinho hubiera podido evitarse los berrinches habituales, que luego se nos disparan las canas.

Seamos generosos, no obstante. Quienes abandonan el Bernabéu cosidos con esparadrapo no merecen que la palmada consoladora se convierta en cachete acusador. Sin embargo, nos queda la sensación de que el Granada tenía para más. La prueba es que el marcador le condicionó demasiado el ánimo. Tuvo una actitud reservona para el empate, valerosa para el 1-0, distraída luego y apesadumbrada al final. Fabri olvidó una última consigna: ni miren al luminoso ni cuenten con los dedos.

Tampoco hay gran novedad en los héroes del Madrid. Tal y como había desdeñado en la víspera, Mourinho alineó juntos a Benzema e Higuaín y ambos ofrecieron buenos argumentos para repetir desdén en el futuro. Lo del francés se confirma: está raptado por las musas (o enamorado, que el efecto se confunde). Consiguió dos goles, el primero en el terreno del nueve tras una afortunada asistencia de Özil (espuela involuntaria). En el segundo nos recordó a esos abuelos que sacan monedas de las orejas de los niños. El inocente, en este caso, fue el brasileño Siqueira, blandísimo atrás, un carrilero interesante que en defensa es la Fábrica de Moneda y Timbre.

No crean que Higuaín anduvo lejos de Benzema. Ocurre, simplemente, que lo suyo es diferente, más industrial. Marcó su gol por puro empeño, y antes y después se peleó con el mundo, incansable y bregador. Hay una parte de su misión que siempre se cumple: es un crack de incógnito y aún hay bastantes que siguen sin reconocerle bajo el disfraz de Peter Parker.

El cabezazo de Ramos que valió el segundo tanto completó una actuación personal impecable y frenó el ímpetu del Granada, mejor durante diez minutos, los del empate. Tan pulcro como su compañero estuvo Varane, un muchacho al que ya se le ha borrado el estigma del enchufe. Ayer le ganó todas la carreras a Dani Benítez, uno de los futbolistas más activos y toreros de su equipo.

Teoría

Fuera de aquel arreón, del visitante no hubo apenas nada. Si acaso la tenacidad de Martins, el cabezazo de Mikel Rico y algún detalle de Uche. Obsesionado con evitar los contragolpes del Madrid, el Granada se dejó el partido contra las cuerdas, demasiado pendiente de la teoría para terminar con el mismo castigo que aquellos que no estudian nada.

El quinto lo marcó Cristiano, pero ni eso le libró de la nube gris. Sentirse excluido de la fiesta le nubla tanto la vista que le hace acumular fallos que le excluyen de la fiesta. Ni celebró el gol, por tardío y por regalado. Ya se sabe: su mundo es otro y tiene origen volcánico. Como Madeira.

Cristiano no tuvo una gran noche.


Remontada de campeón

Cuando pasen las horas, el Málaga se dará cuenta de que ha conseguido mucho en el Bernabéu: marcar dos goles y perder por uno, llegar vivo y tiro de gol de poner en jaque mate al campeón de Copa. Para firmarlo vistos sus antecedentes y los de casi cualquiera que pasa por Chamartín. Cuando pasen las horas, reposen las emociones y se valore todo con la mesura que no tuvo un partido loco y abracadabrante, un partido con pedigrí de Copa. Pero en caliente, entre calambres y moratones, seguro que lamenta la resolución de un partido que ganaba 0-2 en el minuto 68.

Cuando pasen las horas, el Real Madrid se dará cuenta de que hizo un primer tiempo como mínimo cuestionable, que encajó dos goles en dos córners mal defendidos, que protestó más de lo que jugó y acumuló más tarjetas que remates con peligro. Y se dará cuenta de que el 3-2 convertirá La Rosaleda en una piscina llena de tiburones en la que tendrá que hilar muy fino ante un rival que busca un triunfo sobre el que construir todo un proyecto, la piedra sobre la que se edifique un futuro que a veces, siempre pasa, titubea.

Cuando pasen las horas, los dos equipos pensarán donde acertaron y donde se suicidaron. Los dos lo hicieron, lo uno y lo otro. Seguramente ni Real Madrid ni Málaga estén del todo felices ni del todo infelices con el resultado. Así es el deporte, así es el fútbol y así es la Copa del Rey, un torneo único y maravilloso cuando ofrece partidos así de descarnados y así de dislocados. Con detalles brillantes y errores estruendosos, con épica y taquicardias, con las distancias acortadas y tambores retumbando mientras todos se ven obligados a elegir: ser cazador o presa, comensal o parte del menú.

La sonrisa de Pellegrini

El primer tiempo del partido -año nuevo, vida nueva- rompió cualquier guión previsto. El Málaga, un equipo elegante pero titubeante en defensa y sin dinamita física, a priori un rival ideal para el Real Madrid, capeó los primeros minutos, controló el partido desde su trinchera defensiva, conservó el balón hasta donde pudo y tuvo la efectividad de la que normalmente presume su rival: dos goles en dos córners, los dos pésimamente defendidos por el Real Madrid, los dos bien rematados por Sergio Sánchez y Demichelis.

El Real Madrid se quedó en un barullo poco edificante. Presionó mal y robó muy atrás, se hizo horriblemente espeso en la elaboración y buscó atajos que siempre pasaban por el balón largo y los movimientos individuales. Sólo Callejón buscaba el espacio pero sus viajes al centro dejaban sin banda derecha a un equipo fiado a las acciones de un Cristiano que terminó desquiciado. Xabi entró poco en juego, Kaká retrocedió demasiados metros y Lass fue metralla sin control cerca de un Málaga que resistió impertérrito y que sólo achicó agua con cara de susto en los últimos minutos, un entremés que anunciaba el segundo plato. Un aviso para navegantes.

Revolución y pegada

El segundo tiempo fue un empacho, un tiovivo. El Málaga tiró por tierra en dos minutos su excelente trabajo de más de una hora. Entre el 68 y el 70, Khedira avanzó y marcó por coraje e Higuaín aprovechó un regalo de Sergio Sánchez, de héroe a villano (así fue el partido), que creía ceder a Caballero cuando en realidad asistía al Pipa. Benzema marcó el tercero y pudo marcar el cuarto, Cristiano tuvo una tonelada de remates, todos al limbo, y el Málaga dejó escapar un par de contras y acabó descosido y superado, rezando por mantener un 3-2 que un suspiro antes era un resultado horrible (así fue el partido).

La remontada del campeón de Copa, que pasó por un órdago serio, se puede analizar por atmósfera o por pequeños detalles, por la épica de las remontadas del Bernabéu y los noventa minutos demasiado largos o por el cambio de Isco, un demonio que reventó el sistema defensivo del Real Madrid hasta que dejó el campo… instantes antes del 1-2 y después de que Van Nistelrooy se fuera entre la ovación cerrada del Bernabéu, a punto de perder la paciencia pero incapaz de perder la memoria con el que fue uno de los suyos.

Pero la remontada hay que analizarla sobre todo en clave de fútbol: Mourinho, por lo demás enredado en peleas fútiles con Teixeira, interpretó el cogotazo del primer tiempo y movió de un plumazo a Callejón, Kaká y Arbeloa. Puso a Lass de lateral y a Özil, Benzema y Khedira en el campo. Y el Real Madrid comenzó a carburar con más Xabi, con las conducciones de Özil, con movilidad y el campo ensanchado y con las dos bandas bien trabajadas. El Real Madrid percutió a conciencia, a veces por juego y a veces por corazón. Pero llegó y llegó, un oleaje que finalmente resquebrajó el muro del Málaga y que tuvo como centro neurálgico a Benzema, que estuvo en todos los ataques de su equipo, se asoció, cayó a las bandas, jugó en la media punta, marcó el tercero y redefinió el juego de ataque del Real Madrid. Con él, todos parecieron mejores quizá con la excepción de un Cristiano enfrentado con los hados.

El Real Madrid estuvo a punto de quedar grogui y también de dejar el pase casi sentenciado. El Málaga pasó del paraíso a la lona y la eliminatoria sólo ha vivido su primer capítulo. Eso es lo que hace a la Copa y eso es lo que hace grande al fútbol: la tozudez del Málaga por no ser una víctima propiciatoria, la del Real Madrid por defender la corona que le costó sangre, sudor y lágrimas. Así son estos partidos, así es la Copa y ahí queda un brindis para la vuelta: un marcador ajustado, un Real Madrid sobre aviso, un Málaga en busca de un triunfo que lo cambie todo. Pellegrini, Van Nistelrooy, Cristiano, Cazorla, Mourinho… Morbo, emoción y fútbol. Que nadie se lo pierda.

Cristiano anotó un espectacular gol en fuera de juego.


Cristiano quiere seguir en el Madrid de momento

Cristiano Ronaldo y Alessandro del Piero fueron premiados el miércoles en la gala de los premios Globe Soccer en la Conferencia Internacional de los Deportes que se celebra entre el miércoles y el jueves en Dubai.

Cristiano recibió un galardón por ser el futbolista del año con mayor número de goles múltiples (dobletes y tripletes), mientras que Del Piero resultó premiado por toda una trayectoria en el mundo del fútbol. Globe Soccer es una conferencia anual organizada por los agentes del fútbol mundial.

“Estoy feliz en el Real Madrid. Quiero seguir en este club en el futuro. Disfruto de este momento y quiero continuar divirtiéndome en el Real Madrid”, dijo Cristiano Ronaldo, quien confesó que en la Premier League aprendió reglas básicas del mundo del fútbol como la disciplina. Cristiano alabó el nivel de la Liga española, que definió como excepcional. “Es la mejor Liga del mundo”, subrayó Cristiano.

El jugador regresará el jueves al trabajo junto al resto de sus compañeros en la Ciudad Real Madrid para comenzar a preparar el choque de Copa del Rey ante el Málaga del próximo 3 de enero.

Cristiano e Irina con los premis que CR7 ganó en Dubai.