Nosotros vimos nacer la leyenda

Archivo para febrero, 2012

Tacón de oro

El Real Madrid venció en Vallecas porque tiene a Cristiano Ronaldo y porque Fernández Borbalán masacró al Rayo. Ganó el Madrid porque le sobra la pegada que le faltó a un ambicioso Rayo, que jugó más y mejor e hizo méritos suficientes para llegar al gol antes que el Madrid. Su falta de tino en el remate acabó condenando a los vallecanos, que siempre miraron de frente a su ilustre visitante y nunca perdieron la cara al encuentro. Otro ejercicio de dignidad del Rayo, un equipo que entiende que la posesión del balón es la mejor forma de defenderse. Con esa filosofía puso en aprietos al Madrid durante buena parte de un encuentro del que no mereció irse derrotado.

El partido fue una demostración más de que el Madrid no necesita jugar bien para ganar y que cuando salta al campo sin la actitud y sin la intensidad necesarias, cualquier rival es capaz de hacerlo un lío. Cuando la iniciativa y el balón fueron del Rayo, el Madrid sufrió. Así fue durante todo el primer tiempo y en el tramo final del choque. Tras el descanso el Madrid salió más espabilado, adelantó líneas, se atrevió a presionar más arriba y acabó imponiendo su superioridad física. Aunque todo ello hubiera quedado en nada sin Cristiano, el único futbolista del Madrid que quiso la victoria desde el inicio. Se inventó un golazo de tacón apenas nueve minutos después de pasar por los vestuarios y a partir de esa acción, el partido fue para el Rayo como un intento de escalar el Everest sin oxígeno. Los tres únicos tiros peligrosos del Madrid en toda la tarde fueron de Cristiano. Uno acabó en gol y los otros dos los despejó un inspirado Joel, un portero con buena planta, reflejos, colocación y que transmite seguridad. Dejó inmejorables sensaciones.

La presencia del Madrid en Vallecas no intimidó al Rayo, que no varió su filosofía. Es un equipo que acostumbra a presionar la salida del contrario y exige la máxima precisión del rival en los pases y una concentración extrema. Al Rayo le sobra atrevimiento y ambición, juega el balón con descaro, no da un mal pelotazo y obliga al rival a que esté a su altura si no quiere quedar mal parado. No es un equipo que se asuste fácilmente este Rayo, que viaja por la Liga protegido con una coraza por las calamidades sufridas y regalando fútbol, con más lucimiento lejos de Vallecas.

El Madrid pareció desquiciado, incómodo, fuera de sitio, incapaz de dar dos pases seguidos. La culpa fue del Rayo, que le obligó a caminar cuesta arriba durante todo el primer tiempo. El juego fue del Rayo y el Madrid, incapaz de responder con fútbol, se entregó al contragolpe como única vía posible para intentar llegar al gol. En lo físico dominó el Madrid, en lo táctico y en el juego, el mando fue del Rayo, que llevó el partido por donde quiso.

Con Özil y Kaká durmiendo la siesta sobre el césped de Vallecas y Xabi Alonso ahogado por la presión del Rayo, sólo Cristiano se atrevió a inquietar a Joel. En estas situaciones es cuando más evidentes se hacen las limitaciones de Khedira, incapaz de estar a la altura que exige el Madrid cuando debe asumir la responsabilidad en la dirección. El alemán hace lo que puede y hay que reconocerle su abnegado esfuerzo, que ya es más de lo que se puede decir de Kaká, pero Khedira no está capacitado para manejar situaciones que requieren creatividad e imaginación.

Como tampoco está capacitado para estar en Primera Fernández Borbalán, que completó otra actuación muy deficiente, lo que ya no es novedad. Es un árbitro pésimo, que maltrató al Rayo Vallecano, perdonó la roja a Ramos por una agresión a Diego Costa que debió acabar en penalti y se inventó la expulsión de Michu por una acción con Khedira. El rayista tocó el balón y el alemán sufrió un desmayo.

Lo de Sergio Ramos fue a los 20 minutos, con todo un mundo por delante. Ramos sufrió una recaída de esas que le retrataban antaño y que ya creíamos superadas. En un intento quizá de ajustar cuentas pendientes, le dio un codazo a Diego Costa dentro del área. Le vio cómo llegaba por detrás y le saludó con un codazo cuando pasó a su altura. Una acción tan absurda como incomprensible que no venía a cuento. Ramos, que ya tenía una amarilla, debió ver la roja. Fernández Borbalán no señaló el claro penalti y solucionó la jugada con una amarilla a Diego Costa por protestar. Más argumentos para quienes defienden que en la carrera que mantienen Real Madrid y Barcelona, ninguno de los dos tiene autoridad moral para quejarse de los árbitros.

Diego Costa fue una pesadilla constante para Ramos y Pepe, a los que puso en aprietos como pocos lo han hecho últimamente. Lo acusó el Madrid y lo acusaron los centrales, más nerviosos e inseguros que de costumbre. Si la defensa del Madrid salió indemne no fue más que por la falta de puntería del Rayo, por alguna mano de Casillas y por la fortuna que también estuvo del lado visitante.

Como se vio cinco minutos antes del descanso, cuando Piti recortó con enorme facilidad a Arbeloa y lanzó un misil que se estrelló en la parte interior del poste más alejado de Casillas. El balón salió rebotado y se paseó por delante de la línea.

Con el susto todavía en el cuerpo, el Madrid inició la segunda parte con otro aire, más centrado y demostrando más intensidad, como ya ha quedado apuntado. Y a los nueve minutos se encontró con ese golazo de tacón de Cristiano que varió el rumbo del choque. El balón regateó un bosque de piernas hasta llegar a la portería.

A partir de ahí, el Madrid tuvo más presencia, que no juego, y Mourinho decidió utilizar los cambios para protegerse, todo lo contrario que el Rayo. Coentrao sustituyó al inédito Kaká, Callejón a Higuaín y Granero a Marcelo, lo que dejó a Cristiano como hombre más adelantado. Sandoval, el autor de esta gran obra que es el Rayo, retiró a Piti, Movilla y Casado para dar entrada a Lass, Trahorras y Tamudo. Metió imaginación y decidió mirar hacia delante sin importarle descubrirse atrás. Toda una declaración de intenciones.

El atrevimiento del Rayo no tuvo premio en la segunda parte porque Michu perdonó el empate, porque Casillas respondió con una mano excelente a un tiro magnífico de Casado desde más de 30 metros y, sobre todo, porque cuando el partido se consumía, Armenteros no acertó a rematar a puerta vacía. Por eso, por la falta de puntería del Rayo, Cristiano se llevó los tres puntos de Vallecas.

Cristiano celebra el golazo que da la victória.


El Madrid sigue imparable

Quien juega contra el Real Madrid no sólo se enfrenta a un equipo mejor, más dotado técnicamente, bendecido desde la cuna con la magia del talento. Se mide también a un equipo más fuerte y más ágil. Esa segunda virtud, digamos muscular, es la que impide cualquier escapatoria. El Madrid gana el partido de fútbol, pero ganaría también las carreras de sacos, el rescate y el pídola. Se trata, por tanto, de un adversario total, inabordable en el campo, en los 3.000 obstáculos y en las coreografías de Michel Teló.

Para el adversario de un monstruo así sólo cabe la resignación de los Washington Generals, aquel equipo que se dejaba marear por los Harlem Globetrotters. No hay otra opción. Ni siquiera perversa. Quien atiza a Cristiano descubre que Cristiano vuelve a levantarse tras sacudirse el polvo del edificio que se le cayó encima. El joven Álvaro sabe de lo que hablamos y el viejo tobillo de Cristiano también.

A los seis minutos ya ganaba el Madrid y a los 38 el Racing se quedó con diez jugadores. Habrá quien señale ese último momento como la clave del partido. Con 1-0 y el visitante descubriendo mundo, Cisma fue expulsado por doble amarilla. Su pecado, en ambos casos, fue tocar el balón con la mano, acción prohibida desde 1863. El problema, en la segunda amarilla, es determinar la voluntariedad del impacto. Cisma desvió con los brazos un centro de Cristiano y, aunque no se le puede exigir la amputación, sí cabe sugerirle el recogimiento. Con todo, la roja pareció un castigo excesivo e injusto para quien nada hizo por golpear la pelota, sino que se vio golpeado por ella.

Créanme si les digo que si no hubieran sido las manos de Cisma hubieran sido las manos de Manitú. El Madrid llegaba con cadencia y sólo Toño mantenía la intriga de un marcador abierto. Gracias a él el segundo gol se retrasó hasta el minuto 45, cuando Benzema burló sutilmente la salida de un guardameta a prueba de bombas, pero no de pellizcos. Ya dentro de la portería, Ramos y Bernardo se pelearon por un lugar en el acta.

El mérito del Racing fue volver tras el descanso. Y hacerlo con ánimo. El debutante Babacar cabeceó junto al palo en un contragolpe y alumbró una rendija para la sorpresa. Diop empujaba mientras Arana y Acosta se desplegaban por bandas… Sin embargo, atacar al Madrid es como escapar de Alcatraz. Excavado el túnel, superados los muros y burlados los guardias, toca lidiar con los tiburones.

A los diez minutos de entrar al campo, Di María logró uno de esos goles que tanto le gustan, zurdazo con efecto desde el flanco derecho. La cuenta la cerró Benzema con uno de los que le gustan a él: zambombazo sin mediar palabra.

Insólito.

Hubo otros prodigios. Kaká vio una amarilla por cortar una contra y se le recuerdan otras escaramuzas insólitas, incluido el escorzo que sirvió a Cristiano el primer gol. Ya en la segunda mitad, la iluminación perdió potencia un minuto, lo que aconseja revisión eléctrica al finalizar la temporada, enésima razón para no albergar la Copa. La última es que habrá que reponer el césped al término del campeonato. Para borrar las huellas.

Cristiano abrió el marcador con el 1-0.


Cristiano Ronaldo supera a Puskas y amenaza a Di Stéfano

El delantero portugués Cristiano Ronaldo logró el pasado domingo, ante el Levante, su decimotercer triplete como futbolista del Real Madrid, superando a Ferenc Puskas y situándose a la caza de Alfredo Di Stéfano, que se retiró marcando veintidós ‘hat-tricks’.

Los registros goleadores de Cristiano Ronaldo con el Real Madrid van camino de batir todos los récords históricos del club: 121 goles en 122 partidos. Si la temporada pasada fue la más goleadora, destrozando el récord de Telmo Zarra y Hugo Sánchez, al convertirse en el único jugador que marca 41 tantos en una campaña y 54 en todas las competiciones, en el presente va camino de superarse.

Ha marcado 27 goles en 22 jornadas de Liga y llega a 33 contando la Copa del Rey en la que el Real Madrid ha caído en semifinales ante el Barcelona y la Liga de Campeones en la que se encuentra en octavos de final.

Ante el Levante Cristiano firmó su decimotercer triplete desde que llegó al Real Madrid, el sexto de la presente campaña igualando a falta de 16 jornadas para el final del campeonato los que consiguió la pasada. Se sitúa entre dos mitos del madridismo tras superar a Puskas y comenzar la “persecución” a Di Stéfano.

En su primera temporada Cristiano logró su primer ‘hat-trick’ en la antepenúltima jornada. La pasada campaña ya batió récords y ahora ha conseguido tripletes en los partidos ante Rayo Vallecano, Osasuna y Levante en el estadio Santiago Bernabéu, más Real Zaragoza, Málaga y Sevilla a domicilio.

Con 94 goles en 85 partidos de Liga, Cristiano ya es dos años y medio el decimotercer goleador de la historia del Real Madrid. Clasificación que lidera Raúl González con 228 goles.

Cristiano ya es una leyenda blanca.


Cristiano deja el Barça a 10 puntos

La Liga es del Real Madrid y sólo él puede perderla. Al menos si mantiene la actitud, juego, intensidad y presencia física que mostró ante el Levante, que marcó a los cinco minutos y desató un vendaval del Madrid. Si no es capaz de superar al rival por juego, lo aniquila por agotamiento físico y mental. El nivel de exigencia al que eleva el Madrid los partidos requiere una respuesta similar del contrario si no quiere ser pasado por encima.

El Levante lo sufrió en el Bernabéu, pero dejó una imagen más que digna, supo mantenerse en pie y nunca sacó bandera blanca. Si se rindió fue porque le obligaron a ello. Le obligó la actitud y el juego del Madrid, con el magistral Özil y Benzema en primera línea, y los goles de Cristiano, que celebró un hat-trick, y del propio Benzema, que pusieron la firma a la avalancha ofensiva de su equipo. Con esa voracidad ofensiva compensó el Madrid sus lagunas en defensas, esos errores por falta de concentración que pagó con los goles de Cabral y Koné, justo premio para el Levante.

El triunfo del Madrid, tan merecido como trabajado, le deja con una ventaja de diez puntos sobre el Barcelona, una distancia sideral dada la igualdad que ha marcado la trayectoria reciente entre estos dos equipos.

El encuentro se consumió a una velocidad enorme, con algunos jugadores pasados de revoluciones, con mucho para disfrutar, pero también con mucho que ver y que pitar, y Undiano Mallenco no siempre supo hacerlo. Cometió dos errores de relieve. Anuló mal un gol a Benzema por fuera de juego que no era y perdonó la expulsión a Ramos, que decidió solucionar sus disputas con Del Horno dándole una patada sin estar el balón por medio después de que el lateral vasco hubiera soltado un manotazo. Los dos futbolistas mantuvieron un ‘diálogo’ a base de manotazos y patadas. Fue el único idioma en el que se entendieron durante el partido. Poco verbo y mucho genio. No se vio la mejor versión de Ramos, que falló en los dos goles del Levante, como se equivocó también Pepe en esas dos acciones. Sí acertó Undiano en el penalti señalado por mano de Iborra, que se ganó con esa acción su segunda amarilla.

También dejó el partido suficientes argumentos para el análisis táctico. El Madrid, ahora, es un equipo que prioriza la posesión del balón y consigue que los goles lleguen como una consecuencia del juego. Ese cambio de mentalidad ofensiva se ha convertido en el mejor escudo en defensa. Cuanto más tiempo tengas la pelota en tu poder, menos te atacará el rival. Lógico. La presencia de Granero junto a Xabi Alonso ayuda a ello. Como ayuda la nueva versión de Özil, más participativo, más centrado e igual de genial, y de Benzema, en movimiento continúo, una bendición para cualquier pasador.

Un minuto tardó el Madrid en mostrar su ambición, con un tiro de Benzema que se fue alto, y cinco tardó el Levante en alterar el ritmo cardíaco de los madridistas con el gol de Cabral. La participación de Ramos fue fundamental. Perdió el balón ante El Zhar y tuvo que derribarle, originando la falta de la que nació el tanto. Además, peinó el centro de Farinós, impidiendo que Pepe llegara a la pelota y permitiendo a Cabral cabecear a placer. Otra acción a balón parado pésimamente defendida por el Madrid y otro gol en contra.

Llegó después el gol mal anulado por Undiano a Benzema, que estaba en posición legal. Özil combinó con Cristiano, éste tocó de tacón y el balón llegó hasta Benzema, en posición legal, sin que Higuaín lo tocara. El asistente y Undiano entendieron que el argentino prolongaba el balón. De haberlo hecho, sí hubiera dejado a Benzema en fuera de juego.

Lo que se vio a partir de ahí fue un asedio del Madrid, una avalancha ofensiva en la que descuidó la retaguardia, lo que permitió alguna alegría del Levante en territorio enemigo que exigió toda la atención de Casillas. El Madrid llegó por todos los lados y de todas las formas posibles. Por las bandas y por el centro, por la velocidad de sus contragolpes y, sobre todo, por juego, por posesión, por paciencia, a base de tocar el balón hasta encontrar los huecos por donde atacar o fabricándoselos para hacer daño al rival.

Falló Higuaín una ocasión clarísima y repitió poco después, con la misma suerte. Tomó el relevo Cristiano Ronaldo, con un disparo de falta que esta vez sí cogió portería, pero que encontró a Munúa. A continuación apareció Benzema y en todas las maniobras ofensivas del Madrid, o al menos en las más brillantes, emergió la figura de Özil.

El juego del Madrid se estrelló contra el muro del Levante hasta que Iborra ayudó a derribarlo con las manos. Un penalti tan absurdo como evidente por el que se ganó su segunda amarilla y la expulsión. Cristiano transformó el penalti. Justo premio a los méritos del Madrid, que salió de los vestuarios dispuesto a solucionar el encuentro. No tardó ni un cuarto de hora en lograrlo.

Con apenas cinco minutos consumidos, Higuaín recibió de Benzema, eludió con sencillez la presencia de Ballesteros y envió un balón al área que fue cabeceado a gol por Cristiano ante la pasividad de Javi Venta y Pallardó, sustituto de El Zhar en el descanso. Siete minutos después, Cristiano lanzó un obús que pasó por encima de Munúa a enorme velocidad. El portugués volvió a demostrar que pega mejor al balón en movimiento que cuando lo tiene parado en las faltas.

El tiroteo continuó con el buen tanto de cabeza de Koné, que aprovechó la errónea maniobra defensiva de Ramos y de Pepe, al que respondió Benzema con un golazo de enorme clase. Un tiro elegante con rosca con el que eludió las manos de Munúa.

Ahí bajó el ritmo el Madrid y se firmó una tregua tácita que aprovechó Mourinho para efectuar los tres cambios. Callejón, Khedira y Kaká ocuparon el sitio de Higuaín, Granero y Özil, despedido con todos los honores y con el Bernabéu puesto en pie.

Cristiano marcó un Hat-trick.