Nosotros vimos nacer la leyenda

Archivo para abril, 2012

Final cruel

Heynckes tuvo mil razones para que Schweinsteiger no jugara el partido y 120 minutos para sentarlo. Quien fuera pulmón del Bayern y de Alemania se pasó el partido buscando sin encontrarse, pesado y lento. Heynckes no se dio por aludido. La parálisis del entrenador resultó inexplicable durante dos horas hasta que en el quinto penalti de la tanda más dramática que se recuerda el dorsal 31 de las camisetas rojas caminó hacia la pelota decisiva. Schweinsteiger. Como ocurre tantas veces en el fútbol, la sinrazón cobraba sentido. Los mejores habían fallado (lo hicieron Cristiano y Kroos) y el repudiado encontraba su oportunidad, el acabado Schweini, la última bala en el revólver del más alemán de los alemanes. Todavía resuena el bang, último ruido antes del silencio absoluto.

Si 90 minutos en el Bernabéu son muy largos, 120 son la eternidad en centrifugadora, ni hablar ya de los penaltis. Cómo sería el agotamiento, cómo la emoción, cómo los nervios y la angustia que antes de que el árbitro pitara el final de la prórroga, los rivales firmaron las tablas con los guantes de boxeo puestos. Cayó Boateng víctima de los calambres y se hizo la paz. Para qué más muertos. Entre los veintidós del campo y los 82.000 de la grada existió la absoluta convicción de que la suerte estaba echada y de que ganaría uno, aunque lo hubieran merecido los dos.

Pero la tortura todavía admitía otro giro. El primer lanzamiento lo convirtió Alaba (19 años), el futbolista más joven en cumplir 50 partidos en la Bundesliga, superando a Schwarzenbeck, les sonará el nombre y el gafe. Después le tocó a Messi y digo bien. Cristiano se aproximó al Adidas Finale 12 con el fantasma del argentino agarrado a su gomina y de tanto perseguir sus pasos le siguió también en el salto al vacío. Neuer paró una pesadumbre de chut, ni ajustado ni potente, porque no lo pegó Cristiano.

A continuación marcó Mario Gómez (2-0), porque para completar la paradoja otro español (o cuarto y mitad) tenía que participar en el asesinato de los equipos españoles, los grandes favoritos, ustedes recordarán. De vuelta, en el segundo penalti del Madrid, Neuer volvió a la misma esquina para detener el tiro de Kaká; la condena parecía segura. Sin embargo, Casillas detuvo los dos siguientes y Xabi encendió una luz que se apagó cuando Sergio Ramos, héroe de una temporada entera, perdió la pelota en un fondo. Ahora está claro, cómo no haberlo previsto, cómo no habernos preparado para la tragedia. Dijo Albert Einstein (alemán, por cierto) que Dios no juega a los dados, pero nada comentó sobre su relación con el fútbol.

Iguales.
Así terminó la aventura del Real Madrid en la presente Champions, con absoluta dignidad, con los mismos merecimientos que el Bayern, pero con ninguno más. El dato es relevante. Su superioridad terminó después de un primer cuarto de hora maravilloso, con dos goles entusiastas, impulsores de una felicidad que era mentira.

El primero, de hecho, combinó el salvaje rugido del Bernabéu con el temblor del Bayern. Marcelo cambió el balón de costa y Di María lo empalmó con el alma (sector zurdo), tropezando con el brazo del aterrorizado Alaba, protagonista, todavía no lo sabía, de otra maldita historia circular.

Cristiano, tan ufano como un millonario en el Titanic, marcó el primero y no tardó en celebrar el segundo. En esa ocasión se lo regaló Özil, que fue quien le desenrolló la alfombra roja.

Pocos lo advirtieron entonces, pero el partido repetía sádicamente el argumento del Barça-Chelsea. De la felicidad más absoluta, dos goles en 13 minutos, se pasó al escalofrío que anuncia las malas noticias. En este caso no era tanto la acumulación de augurios nefastos, como la enorme fortaleza con la que el Bayern se puso en pie. No hay mayor desconcierto para un pistolero que el enemigo inmune a las balas.

Cuando Robben acortó distancias de penalti un objeto no identificado cubrió el cielo de los madridistas: era la sombra del Camp Nou. Casillas adivinó la dirección del disparo y el balón tuvo que doblar sus últimas falanges para terminar en la portería. De haberlo parado, Robben hubiera pedido el inmediato ingreso en un monasterio tibetano.

El penalti que provocó la pena fue un nuevo exceso de Pepe, impecable en lo demás, pero un defensa que nació en la marmita de la excitación y no necesita estímulos externos. El central atropelló a Mario Gómez cuando el delantero todavía tenía que alcanzar el pase de Kroos, cabecear y batir a Casillas; un mundo.

El Madrid cedió campo y terminó por ceder también la pelota. Xabi se había retrasado mucho en auxilio de la defensa y el Bayern había ganado la medular, a pesar de la incomparecencia de Schweinsteiger, polizonte de un gran partido; esto está escrito antes de su penalti y así queda, como testimonio de la ignorancia humana. Kroos, entretanto, se revelaba como un futbolista de los que valen por media docena.

Se intercambiaron golpes y pánicos. Pudo marcar el Bayern y pudo hacerlo el Madrid, replegado como le gusta, aunque sin las fuerzas que exige el repliegue. Con media hora por delante, el Madrid era el Chelsea con Cristiano en el papel de Drogba. La comparación es exagerada, lo sé, pero los sentimientos eran idénticos. A Fernando Torres ya le atronaban los oídos.

En los últimos minutos del tiempo reglamentario el partido se jugó en el corredor de la muerte: el nudo en el estómago, la esperanza en el corazón y el llanto en la garganta. Cada avance del Bayern sonaba como las pisadas del carcelero. En ese momento era más fácil gritar que pensar, más sencillo llorar que hablar.

Ceguera. Nadie quería arriesgar, nadie se asomaba del todo, el agotamiento se mezclaba con la prudencia y la fatiga con la estrategia. Los dos equipos ya eran dos boxeadores, de esos que se abrazan y parecen confundir el odio con el amor, y en esa ceguera de ojos hinchados mezclan ganchos y consuelos: si ganas, tú también lo merecerás.

En el minuto 74, Kaká entró por Di María, y conociendo el poco apego de Mourinho al brasileño, más que un cambio pareció una plegaria, un beso a la estampita del santo. Heynckes, sabio o loco, seguía sin hacer cambios.

Mario Gómez rozó el gol en el minuto 85 y estuvo cerca de evitarnos tanto sufrimiento y tanto placer sadomasoquista, porque hay ruinas preciosas. Su fallo fue ser bueno en lugar de tarugo, pues el magnífico pase de Robben necesitaba eso, un tipo con una sola idea. Gómez quiso recortar, poner lazo a una bomba y le estalló en las manos.

En la segunda parte de la prórroga Higuaín dio relevo a Benzema. Fueron los minutos de Kaká, desesperadamente delicado, aunque ligero e incisivo. Granero reclamó un penalti y una extraordinaria arrancada de Marcelo estuvo a un milímetro de dejar a Higuaín en posición de gol. Kassai señaló fuera de juego.

Al fin, el partido se trasladó al duelo Casillas-Neuer, el rey de los porteros contra su más prometedor aspirante. Tantos milagros de Iker jugaron en su contra, ya no hay quien lo dude. El chico alemán, en cambio, tenía a su favor el escudo del Bayern y una vida con más futuro que pasado, sin apenas gloria. Ya la tiene. Y la compartirá con Schweinsteiger, ese polizonte, ese futbolista acabado que ayer volvió a empezar. Bang.

Cristiano marcó 2 goles que no fueron suficientes.


Cristiano Ronaldo a 2 partidos del Balón de Oro

Cristiano Ronaldo buscará hoy antu su público el pase a la final de la Champions, una final que de ganarla ( frente al mismo rival que en 2008, el Chelsea), prácticamente le daria el Balón de Oro 2012.

El portugués lleva meses superando a un Leo Messi que, aunque parezca mentira, ha desaparecido en los momentos importantes. El argentino siempre daba lo mejor de sí cuando llegaba la hora de la verdad. En la presente temporada, no. Apagado en el Clásico y sin chispa ante el Chelsea (falló un penalti decisivo), el astro blaugrana se despidió del Balón de Oro.

En el otro lado está Cristiano Ronaldo. Soportando las críticas más absurdas y escuchando salvajadas semana tras semana, el portugués supo abstraerse para recordar que estamos ante un futbolista maravilloso. Torpedeó el Calderón, silenció al Camp Nou y va camino de firmar otra temporada de récord. Además, sus formas han cambiado. La ansiedad desapareció. La solidaridad se convirtió en su nueva virtud. De menos a más. De ser un crack a ser el mejor.

No es fácil decir que Cristiano merece un Balón de Oro. Y es que, vivimos una etapa en la que existe mucha dictadura verbal y poca capacidad analítica. Criticar a Leo Messi parece delito. Defender al Real Madrid o a sus jugadores es sinónimo de hooliganismo. Y en esas estamos. Luchando por una libertad mediática que los dueños de la verdad quisieron arrebatarnos.

Nadie dudará, jamás, de Messi. Nadie podrá decir, nunca, que el argentino es un jugador normal. Todos sabemos que el Diez del Barcelona es un crack indiscutible y va camino de marcar una época. Pero también debemos reconocer que, hoy por hoy, Cristiano Ronaldo está uno o dos puntos por encima de su íntimo rival.

Lo mejor para el portugués es que aún tiene la oportunidad de seguir distanciándose de su perseguidor. Lograr la Bota de Oro, alzar el título de Liga y poder levantar la Champions League le ayudan a la hora de encarar la fase decisiva en la lucha por el Balón de Oro.

¿Se lo merece? ¿De verdad merece llevarse el galardón? Preguntarán muchos. Y ante una cuestión tan vacía, lo mejor es responder con otra: ¿No se lo merece? Con los méritos firmados en el campo, cualquier debate suena ridículo. Cristiano Ronaldo, apunta a ganador del Balón de Oro 2012.

Cristiano Ronaldo ganó Balón de Oro y Champions en 2008


Dos genios han silenciado el Camp Nou

El Clásico del pasado sábado dejó una imagen para la historia. El goleador portugués Cristiano Ronaldo pedía calma al Camp Nou que soñaba con la remontada de su equipo. La estrella blanca ponía tierra de por medio y dejaba patente su clase. Este gesto recordó a muchos lo que un mito del madridismo, Raúl González Blanco, ya hizo en 1999 cuando mandó callar al estadio culé. Dos gestos y un mismo sino, la leyenda.

Raúl González Banco y Cristiano Ronaldo tiene predestinado ocupar un lugar privilegiado en la historia del madridismo. Ambos comparten multitud de virtudes, entre ellas el gol, y los dos llevan el mismo número a la espalda. Pese a solo coincidir un año en el vestuario blanco, los dos futbolistas serán por muchos años el estandarte del madridismo.

Hace trece años Raúl González Blanco enmudecía al Camp Nou. Con su gesto característico, una vaselina sutil, el ‘7’ blanco levantaba el balón por encima de Hesp y Reiziger no podía llegar al balón. Su celebración mandando callar al Camp Nou pasó a la historia, y muchos madridistas la enmarcan en una de las imágenes de mayor relevancia en la historia blanca.

Raúl nunca provocó a la grada, pero contestó así a los que habían atacado a su mujer, Mamen Sanz. Insultos e improperios varios de los seguidores culés que hicieron mucho daño al jugador y que este respondió como mejor sabe, marcando.

El pasado sábado la historia se repetía. Con el mismo número a la espalda que Raúl, Cristiano Ronaldo se presentaba en el santuario culé con ganas de liarla, y bien que la lió. Su tanto sirvió para ser el gran protagonista del encuentro, el futbolista decisivo, algo que algunos había tenido la osadía de poner en duda.

Como a Raúl, a Cristiano le increparon durante todo el encuentro. Insultos, descalificaciones y pitos. El portugués supo contestar como su ex compañero, con un gol de bandera que ponía justicia y que le servía para reivindicarse con un gesto claro: “Calma, calma, aquí estoy yo”.


Calma, el rey es Cristiano

Minuto 70 de partido. Alexis consiguió embocar toda una serie de rechazos en el área de Casillas para poner el empate en el marcador, la Liga en un puño y el Camp Nou boca abajo. Quedaban 20 minutos para el final y el público azulgrana veía posible darle la vuelta a un partido que se había puesto cuesta arriba. La crítica situación iba a medir la madurez del equipo de Mourinho.

Apareció el mejor Cristiano Ronaldo

Y Cristiano Ronaldo emergió para dar un puñetazo encima de la mesa y finiquitar la Liga. Özil filtró un pase maravilloso al portugués (lo más fácil era prolongar para la carrera de Di María, que ya apuntaba el desmarque) y Cristiano rebasó a Valdés. “Calma, calma, calma”, acertó a decir el ‘crack’ luso.

Con su celebración, tal vez con un punto de chulería, escenificaba el cambio de régimen y le decía al mundo que ahí estaba él. Seguramente, quedará dentro de la memoria colectiva madridista de la misma forma en la que quedó la imagen de Raúl silenciando el Camp Nou.

Lo cierto es que a Cristiano se le podrán discutir muchas cosas, pero no su insurgencia. En una época dominada por Leo Messi, la mejor virtud del luso ha sido desafiar a la lógica. El argentino es el mejor jugador del mundo, pero el portugués ha decidido la Liga. Se echó a su equipo a la espalda en el Calderón, hizo el gol que adelantaba al Madrid frente al Sporting en el Bernabéu y decidió el choque ante el Barça.

A un gol de marcar a todos los equipos

Tras su decisivo gol en el Camp Nou, Cristiano se encuentra a un paso de lograr otro registro estratosférico. Si CR7 consigue marcarle un tanto al Mallorca, le habrá hecho al menos un gol a todos y cada uno de los equipos de la Liga BBVA esta temporada, algo que no ha logrado nadie en la historia de la competición. Otro guarismo más que daría brillo a una temporada descomunal.

Encabeza el ‘Pichichi’ con 42 goles, uno por encima de Messi, y ha conseguido que su pólvora sea tan letal tanto en el Bernabéu como fuera de casa. El portugués ha metido 21 goles en casa y otros tantos lejos de Chamartín. Si el Madrid consigue el doblete, el Balón de Oro será suyo.