Nosotros vimos nacer la leyenda

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Remontada vital

Higuaín fue el protagonista, pero Mourinho escribió y dirigió la película. Lo de la escritura no es metáfora. Logrado el segundo gol, el técnico repartió entre los futbolistas anotaciones a modo de chuletas. Parte del contenido de los papelitos lo descubrió el entrenador en conferencia de prensa y se resume así: “Váyanse atrás y no se dejen marcar un gol, caballeros”. Los jugadores cumplieron a rajatabla. No hay como ser educado y poner las instrucciones por escrito.

Una vez más el entrenador volvió a tener una participación clave (casi demiúrgica) en la reacción y la victoria. De nuevo pudimos comprobar que Mourinho no hace cambios: lo suyo son zapateados, revoleras dignas de Raphael, representaciones teatrales de su descontento. Más que sustituir piezas, reemplaza estados de ánimo. Es innegable su capacidad para tocar el orgullo de los futbolistas. También su alianza con la fortuna. Con la fortuna de tener a Higuaín, quiero decir.

El delantero al que llaman Pipita (apodo inapropiado por escasamente feroz) entró en la segunda mitad en sustitución de Lass. Tan importante como la variación táctica fue el gesto. Después de una primera parte penosa sin mejor oportunidad que un cabezazo al poste de Sergio Ramos en el minuto 44, el Madrid anunciaba carga ligera. Por delante, cuatro atacantes entre los que estaba Cristiano según el acta del partido; por detrás, Xabi y Özil.

Congelemos la imagen de la caballería y pasemos ahora al Mallorca. Completó una primera parte impecable y la ganó con todo merecimiento. En la segunda mitad su única obsesión fue conservar el marcador y el resultado es que perdió con toda justicia. La única duda es saber si su renuncia a la pelota fue totalmente voluntaria (voluntad de Caparrós, se entiende) o estuvo provocada por la repentina voracidad del Madrid. Nos inclinaremos por los tonos grises.

Cuatro caras. La consecuencia es que ayer no vimos a dos equipos, sino a cuatro. La primera versión del Mallorca fue digna de Mourinho. Equipo de presión asfixiante, directo y batallador. Mil balones robados y otros tantos regalados por el Madrid sin oponer resistencia. Arriba, dos escopetas: Chori, flecha conocida, y Hemed, falso tronco y falso lento. Del primero nació la asistencia y del segundo el testarazo que valió el primer gol. Del Madrid, sin noticia.

Tras el descanso salieron otros veintidós, incluido Higuaín. Los del Mallorca jugaron con el etéreo objetivo de pillar una contra. Los de Mourinho a vencer o morir. El resultado es que el Madrid fue ganando metros hasta arrinconar a su rival. Sin jugadas primorosas, pero con la machacona insistencia de quien no piensa abandonar. El talento hizo lo demás. E Higuaín. En la primera pared con fundamento (con Özil), marcó. A quien diga que tuvo suerte habrá que responderle que la suerte también se suda.

A siete del final, el hombretón llamado Pipita porfió por un balón improbable y provocó la carambola que propició el gol de Callejón. Otra vez la suerte, dirán. Ja. Aunque el Mallorca quiso recuperar el balón ya era demasiado tarde. Logró la pelota, pero los papelitos ya los tenía el Madrid. De puño y letra de Mourinho. Sobre todo de puño.

Cristiano felicita a callejón tras el 1-2.

Cristiano y Coentrao firman autografos en Malaga

Un Madrid incontenible

Aunque el maestro Dante Panzeri escribió un tratado sobre el fútbol como Dinámica de lo impensado, anoche, en el baile de 24 voluntades imprevisibles (incluyo al árbitro y al balón, los actores más inciertos), sucedió lo que casi todos imaginaban. Ganó el Madrid y marcó cinco, el número que redondea las goleadas. Para semejante viaje el Granada no hubiera necesitado tantas alforjas, ni tantas pizarras. Para un partido así Mourinho hubiera podido evitarse los berrinches habituales, que luego se nos disparan las canas.

Seamos generosos, no obstante. Quienes abandonan el Bernabéu cosidos con esparadrapo no merecen que la palmada consoladora se convierta en cachete acusador. Sin embargo, nos queda la sensación de que el Granada tenía para más. La prueba es que el marcador le condicionó demasiado el ánimo. Tuvo una actitud reservona para el empate, valerosa para el 1-0, distraída luego y apesadumbrada al final. Fabri olvidó una última consigna: ni miren al luminoso ni cuenten con los dedos.

Tampoco hay gran novedad en los héroes del Madrid. Tal y como había desdeñado en la víspera, Mourinho alineó juntos a Benzema e Higuaín y ambos ofrecieron buenos argumentos para repetir desdén en el futuro. Lo del francés se confirma: está raptado por las musas (o enamorado, que el efecto se confunde). Consiguió dos goles, el primero en el terreno del nueve tras una afortunada asistencia de Özil (espuela involuntaria). En el segundo nos recordó a esos abuelos que sacan monedas de las orejas de los niños. El inocente, en este caso, fue el brasileño Siqueira, blandísimo atrás, un carrilero interesante que en defensa es la Fábrica de Moneda y Timbre.

No crean que Higuaín anduvo lejos de Benzema. Ocurre, simplemente, que lo suyo es diferente, más industrial. Marcó su gol por puro empeño, y antes y después se peleó con el mundo, incansable y bregador. Hay una parte de su misión que siempre se cumple: es un crack de incógnito y aún hay bastantes que siguen sin reconocerle bajo el disfraz de Peter Parker.

El cabezazo de Ramos que valió el segundo tanto completó una actuación personal impecable y frenó el ímpetu del Granada, mejor durante diez minutos, los del empate. Tan pulcro como su compañero estuvo Varane, un muchacho al que ya se le ha borrado el estigma del enchufe. Ayer le ganó todas la carreras a Dani Benítez, uno de los futbolistas más activos y toreros de su equipo.

Teoría

Fuera de aquel arreón, del visitante no hubo apenas nada. Si acaso la tenacidad de Martins, el cabezazo de Mikel Rico y algún detalle de Uche. Obsesionado con evitar los contragolpes del Madrid, el Granada se dejó el partido contra las cuerdas, demasiado pendiente de la teoría para terminar con el mismo castigo que aquellos que no estudian nada.

El quinto lo marcó Cristiano, pero ni eso le libró de la nube gris. Sentirse excluido de la fiesta le nubla tanto la vista que le hace acumular fallos que le excluyen de la fiesta. Ni celebró el gol, por tardío y por regalado. Ya se sabe: su mundo es otro y tiene origen volcánico. Como Madeira.

Cristiano no tuvo una gran noche.

Remontada de campeón

Cuando pasen las horas, el Málaga se dará cuenta de que ha conseguido mucho en el Bernabéu: marcar dos goles y perder por uno, llegar vivo y tiro de gol de poner en jaque mate al campeón de Copa. Para firmarlo vistos sus antecedentes y los de casi cualquiera que pasa por Chamartín. Cuando pasen las horas, reposen las emociones y se valore todo con la mesura que no tuvo un partido loco y abracadabrante, un partido con pedigrí de Copa. Pero en caliente, entre calambres y moratones, seguro que lamenta la resolución de un partido que ganaba 0-2 en el minuto 68.

Cuando pasen las horas, el Real Madrid se dará cuenta de que hizo un primer tiempo como mínimo cuestionable, que encajó dos goles en dos córners mal defendidos, que protestó más de lo que jugó y acumuló más tarjetas que remates con peligro. Y se dará cuenta de que el 3-2 convertirá La Rosaleda en una piscina llena de tiburones en la que tendrá que hilar muy fino ante un rival que busca un triunfo sobre el que construir todo un proyecto, la piedra sobre la que se edifique un futuro que a veces, siempre pasa, titubea.

Cuando pasen las horas, los dos equipos pensarán donde acertaron y donde se suicidaron. Los dos lo hicieron, lo uno y lo otro. Seguramente ni Real Madrid ni Málaga estén del todo felices ni del todo infelices con el resultado. Así es el deporte, así es el fútbol y así es la Copa del Rey, un torneo único y maravilloso cuando ofrece partidos así de descarnados y así de dislocados. Con detalles brillantes y errores estruendosos, con épica y taquicardias, con las distancias acortadas y tambores retumbando mientras todos se ven obligados a elegir: ser cazador o presa, comensal o parte del menú.

La sonrisa de Pellegrini

El primer tiempo del partido -año nuevo, vida nueva- rompió cualquier guión previsto. El Málaga, un equipo elegante pero titubeante en defensa y sin dinamita física, a priori un rival ideal para el Real Madrid, capeó los primeros minutos, controló el partido desde su trinchera defensiva, conservó el balón hasta donde pudo y tuvo la efectividad de la que normalmente presume su rival: dos goles en dos córners, los dos pésimamente defendidos por el Real Madrid, los dos bien rematados por Sergio Sánchez y Demichelis.

El Real Madrid se quedó en un barullo poco edificante. Presionó mal y robó muy atrás, se hizo horriblemente espeso en la elaboración y buscó atajos que siempre pasaban por el balón largo y los movimientos individuales. Sólo Callejón buscaba el espacio pero sus viajes al centro dejaban sin banda derecha a un equipo fiado a las acciones de un Cristiano que terminó desquiciado. Xabi entró poco en juego, Kaká retrocedió demasiados metros y Lass fue metralla sin control cerca de un Málaga que resistió impertérrito y que sólo achicó agua con cara de susto en los últimos minutos, un entremés que anunciaba el segundo plato. Un aviso para navegantes.

Revolución y pegada

El segundo tiempo fue un empacho, un tiovivo. El Málaga tiró por tierra en dos minutos su excelente trabajo de más de una hora. Entre el 68 y el 70, Khedira avanzó y marcó por coraje e Higuaín aprovechó un regalo de Sergio Sánchez, de héroe a villano (así fue el partido), que creía ceder a Caballero cuando en realidad asistía al Pipa. Benzema marcó el tercero y pudo marcar el cuarto, Cristiano tuvo una tonelada de remates, todos al limbo, y el Málaga dejó escapar un par de contras y acabó descosido y superado, rezando por mantener un 3-2 que un suspiro antes era un resultado horrible (así fue el partido).

La remontada del campeón de Copa, que pasó por un órdago serio, se puede analizar por atmósfera o por pequeños detalles, por la épica de las remontadas del Bernabéu y los noventa minutos demasiado largos o por el cambio de Isco, un demonio que reventó el sistema defensivo del Real Madrid hasta que dejó el campo… instantes antes del 1-2 y después de que Van Nistelrooy se fuera entre la ovación cerrada del Bernabéu, a punto de perder la paciencia pero incapaz de perder la memoria con el que fue uno de los suyos.

Pero la remontada hay que analizarla sobre todo en clave de fútbol: Mourinho, por lo demás enredado en peleas fútiles con Teixeira, interpretó el cogotazo del primer tiempo y movió de un plumazo a Callejón, Kaká y Arbeloa. Puso a Lass de lateral y a Özil, Benzema y Khedira en el campo. Y el Real Madrid comenzó a carburar con más Xabi, con las conducciones de Özil, con movilidad y el campo ensanchado y con las dos bandas bien trabajadas. El Real Madrid percutió a conciencia, a veces por juego y a veces por corazón. Pero llegó y llegó, un oleaje que finalmente resquebrajó el muro del Málaga y que tuvo como centro neurálgico a Benzema, que estuvo en todos los ataques de su equipo, se asoció, cayó a las bandas, jugó en la media punta, marcó el tercero y redefinió el juego de ataque del Real Madrid. Con él, todos parecieron mejores quizá con la excepción de un Cristiano enfrentado con los hados.

El Real Madrid estuvo a punto de quedar grogui y también de dejar el pase casi sentenciado. El Málaga pasó del paraíso a la lona y la eliminatoria sólo ha vivido su primer capítulo. Eso es lo que hace a la Copa y eso es lo que hace grande al fútbol: la tozudez del Málaga por no ser una víctima propiciatoria, la del Real Madrid por defender la corona que le costó sangre, sudor y lágrimas. Así son estos partidos, así es la Copa y ahí queda un brindis para la vuelta: un marcador ajustado, un Real Madrid sobre aviso, un Málaga en busca de un triunfo que lo cambie todo. Pellegrini, Van Nistelrooy, Cristiano, Cazorla, Mourinho… Morbo, emoción y fútbol. Que nadie se lo pierda.

Cristiano anotó un espectacular gol en fuera de juego.

Cristiano quiere seguir en el Madrid de momento

Cristiano Ronaldo y Alessandro del Piero fueron premiados el miércoles en la gala de los premios Globe Soccer en la Conferencia Internacional de los Deportes que se celebra entre el miércoles y el jueves en Dubai.

Cristiano recibió un galardón por ser el futbolista del año con mayor número de goles múltiples (dobletes y tripletes), mientras que Del Piero resultó premiado por toda una trayectoria en el mundo del fútbol. Globe Soccer es una conferencia anual organizada por los agentes del fútbol mundial.

“Estoy feliz en el Real Madrid. Quiero seguir en este club en el futuro. Disfruto de este momento y quiero continuar divirtiéndome en el Real Madrid”, dijo Cristiano Ronaldo, quien confesó que en la Premier League aprendió reglas básicas del mundo del fútbol como la disciplina. Cristiano alabó el nivel de la Liga española, que definió como excepcional. “Es la mejor Liga del mundo”, subrayó Cristiano.

El jugador regresará el jueves al trabajo junto al resto de sus compañeros en la Ciudad Real Madrid para comenzar a preparar el choque de Copa del Rey ante el Málaga del próximo 3 de enero.

Cristiano e Irina con los premis que CR7 ganó en Dubai.

Cristiano Ronaldo envía felicitaciones desde la playa

Vacaciones en las islas Maldivas para Cristiano Ronaldo, su novia, Irina Shayk, y su hijo. El jugador portugués repite destino después de que las Navidades pasadas conociera un paraíso solitario donde disfrutar de los suyos sin ser objeto de persecución de la prensa ni de los paparazzi. La estrella madridista está pasando una semana con los suyos, sólo al alcance de bolsillos millonarios como el suyo. El coste por noche puede llegar a los 19.000 euros en las lujosas Villas Anantara Resort Kihavah, situadas en la isla Huravalhi Kihavah, a 35 minutos en hidroavión del aeropuerto internacional de Malé.

Villas dotadas de los mayores lujos en las que se incorporan playas privadas de aguas cristalinas donde se asegura la tranquilidad lejos del mundanal ruido y de miradas indiscretas. Cristiano Ronaldo y los suyos disfrutan, además, de una piscina privada, jacuzzi para dos personas al aire libre, seis restaurantes en los alrededores, canchas de tenis y spa…

Las Maldivas forman un archipiélago de islas planas, casi a nivel del agua, situadas en el océano Indico, en el sur de la India. Estas islas son puntas que emergen de una cadena montañosa sumergida que están llenas de vida y que transmiten sosiego, donde la familia de Cristiano Ronaldo están pasando las fiestas navideñas rodeados de todo tipo de lujos. La temperatura media de la zona es de unos 30 grados centígrados en las cuatro estaciones del año.

El jugador y los suyos tienen previsto abandonar las Maldivas el próximo día 26, ya que el futbolista tiene que cumplir con unos compromisos personales el día 27 en Dubai. El jugador portugués se desplazará al Emirato Árabe para estar presente en un acto de solidaridad. Después tiene previsto quedarse para acudir a las sextas Conferencias Internacionales sobre el Deporte.

Tras su estancia en Dubai tiene previsto desplazarse a su tierra natal, Madeira, según anuncia la prensa portuguesa, donde cerraría su periodo vacacional antes de reincorporarse a los entrenamientos del equipo previstos para la tarde del día 29 y empezar a preparar el partido de ida de la Copa del Rey, en el estadio Santiago Bernabéu, el día 4 de enero.

Cristiano Ronaldo no visita su casa desde el pasado mes de mayo, cuando decidió pasar allí con su pareja sentimental, Irina Shayk, unos pocos días para que conociera la residencia donde vive su madre.

El atacante merengue publicó una fotografía en la que aparece sonriente desde alguna playa, con una camiseta y short negros, así como una gorra blanca hacia atrás, y los pulgares de ambas manos levantados.

“Hola a todos, estoy disfrutando de mis vacaciones, pero me gustaría desear a todos vosotros una Feliz Navidad”, fue lo que escribió Cristiano en su cuenta de Facebook.

Cristiano en las islas maldivas

Cristiano Ronaldo cierra 2011 con pleno al 60

El Real Madrid cerrará el año 2011 desde lo más alto de la clasificación de Liga merced a la arrolladora victoria sobre el Sevilla de este pasado sábado. Un 2-6 que sirvió para espantar los fantasmas surgidos tras el varapalo del Clásico, para demostrar que en el club blanco no hay hueco para la palabra rendición como bien recordaban Mourinho y Florentino Pérez esta misma semana, y de paso, para que Ronaldo se enjuagase el mal sabor de boca que le dejó el partido ante el Barcelona.

Y es que con tres goles en el Sánchez Pizjuán, el segundo de bellísima factura, el portugués dio un paso hacia adelante frente a todas las críticas que había recibido esta semana pasada. Críticas merecidas por otra parte. Al menos las que apuntaban únicamente a su partido frente al Barcelona, nefasto para un jugador de su talla y de su peso. Sin embargo, Ronaldo lejos de arrugarse quiso recordar a todos que sus partidos contra el cuadro blaugrana son apenas un oasis dentro de su trayectoria global. Algo que sólo unos pocos olvidaron aprovechando el recital de Messi del pasado sábado.

Pero es que pese a quien pese, los números de Ronaldo no los puede borrar nadie ya. Quizás muchos ahora recuerden únicamente aquellos que falló en su último partido en el Santiago Bernabéu ante los pupilos de Guardiola, pero antes de esos ya había marcado otros 56 sólo en el año 2011. Que junto con los cuatro que ha marcado esta semana entre Ponferrada (1) y Sevilla (3) dejan la cuenta del ‘7’ merengue en una sobresaliente y sorprendente marca de 60 goles en este año que recién termina. Y lo que es más destacable, que los ha conseguido en 60 partidos tan sólo entre los oficiales disputados con el Real Madrid más los jugados con su selección (tanto amistosos como oficiales). Lo que deja una media de un gol por encuentro.

Números que hablan por sí solos, que le han supuesto a título individual la consecución del Pichichi de la Liga española 2010-11 y la Bota de Oro europea por sus 40 goles en el pasado campeonato liguero –récord histórico de la competición además-. También, cómo no, la nominación entre los tres mejores jugadores del año según el jurado del FIFA Balón de Oro. Liderar la clasificación de máximos goleadores de la presente Liga con 20 tantos ya antes de que se acabe la primera vuelta siquiera. Y lo que es quizás más importante, un título colectivo para el Real Madrid merced al gol logrado en la final de Copa del Rey frente al Barcelona.

Sin duda el gol más relevante de los sesenta que marcó en este 2011 (53 en partido oficial con el Real Madrid). Pero no fue el único que supuso una victoria para el equipo blanco ni mucho menos. Y es que en todo este 2011 sus 53 goles con el cuadro merengue han sido consecuencia directa de la obtención de hasta quince puntos en Liga (4 este curso y 11 el pasado), además de una victoria más en Champions ante el Tottenham (0-1), y otra victoria más en Copa ante el Atlético (0-1). Con lo que además de por la cantidad, los goles de Cristiano también son importantes por la calidad de los mismos, pese a ese rumor que crece entre los mentideros futbolísticos de que los tantos de Cristiano sólo sirven para engordar su propio currículum.

Cristiano Ronaldo va camino de su 3a Bota de Oro.

Terapia contra la depresión

El Real Madrid solventó la papeleta que supone la primera ronda de la Copa del Rey con más pena que gloria. El actual campeón inició la defensa de su trono con un triunfo sin alardes ante la Ponferradina. Callejón abrió la cuenta y sigue pidiendo a gritos más minutos, mientras que Cristiano Ronaldo volvió a ver puerta tras ser señalado después del Clásico.

Y es que la resaca del partido ante el Barcelona ha sido todo un dolor de cabeza para los de Mourinho. El entrenador portugués dijo en rueda de prensa que no se cambiaba por nadie. Imaginamos que ahora que tiene casi cerrado su pase a octavos de la Copa menos todavía.

La realidad es que sobre un Toralín entregado compareció un Madrid todavía muy tocado. Pesan, y vaya si pesan, el latigazo de Alexis, la carambola de Xavi y el cabezazo de Fàbregas. Con el plus de motivación que se le supone al equipo de menor categoría La Ponfe se puso rápido las pilas.

Sus aficionados cambiaron rápido la cámara de fotos donde disparaban sin cesar a las estrellas blancas por los aplausos para sus chavales, que llegaban a la cita en el mejor momento de la temporada. Yuri, dueño y señor del ataque berciano, demostró su clase con una chilena que no puso en apuros a Adán, solvente en su segundo partido como titular de la semana.

Y si el meta que llega detrás de Casillas cumplió, qué decir de Callejón. Lo del extremo ya ha dejado de ser casualidad. Aprovecha sus minutos como nadie en una plantilla en la que los roles parecen bastante fijos. Marcó en Cornellà, le hizo dos al Dinamo, repitió doblete en Amsterdam y este martes volvió a ver puerta. Está ahí para cuando le necesiten.

Después de mostrarse extremadamente generoso con Cristiano Ronaldo –por eso de que el portugués estaba de bajón– el ex del Espanyol acudió con la zurda a un centro de Khedira y embocó el primero a la media hora.

Albiol y sus carencias

El Madrid había hecho lo más difícil y ya se podía relajar. Todos menos Cristiano. El portugués tuvo un encontronazo absurdo antes de hacer el segundo con Samuel que denotaba que no estaba del todo tranquilo. Tras este pique y después de un larguerazo de Doménech, el 7 vio puerta con ayuda de Quintana y se marchó a los vestuarios dando su relevo al canterano Jesé, que por fin puso debutar con el primer equipo

Todo esto pasó después de que Albiol volviera a dejar a su equipo con un jugador menos. No se sabe si es la falta de confianza, los pocos minutos que tiene o, simple y llanamente que no tiene calidad para jugar en el Madrid. Uno ya, después de ver cómo le luce el pelo cuando sale, opta por lo tercero.

La Ponfe acabó en la orilla del Madrid y dando la cara hasta el final, ofreciendo una gran imagen y haciendo botar al Toralín a pesar de la lluvia y la derrota. Irán al Bernabéu de excursión y a hacerse fotos. Que lo disfruten. Por su parte, el equipo de Mourinho tiene la última cita comprometida del año en Sevilla el próximo sábado. Se juega tomar las uvas en lo alto de la tabla. Ahí sí que ya Mourinho no se cambiaría por nadie del mundo mundial.

Cristiano celebra el segundo gol.

En Madrid la toman con CR7

El Santiago Bernabéu señaló a Cristiano Ronaldo el sábado por su actuación en el clásico. Era su octavo encuentro ante el Barcelona desde que defiende la camiseta del Real Madrid y acabó silbado por una afición cansada. El madridista está harto de esa desmesurada ambición que desborda su ansiedad y que convierte en desacierto. Una actuación que arrastró al equipo a la derrota como demuestran sus errores puntuales ante Valdés.

La grada del Santiago Bernabéu fue del run-run a pitarle cada vez que Cristiano Ronaldo intervenía en el juego. El madridismo empieza a cansarse de su egoísmo, de la ceguera de un entrenador que lo mantiene en el campo siempre sin buscar alternativas cuando su súper estrella no tiene el día. Y el sábado fue uno de esos partidos en los que lo mejor para su equipo hubiese sido sustituirle.

El portugués tuvo en sus pies el 2-0 (24) que hubiese puesto cuesta arriba el partido a los blaugrana. Un balón franco al borde del área, tras una exquisita asistencia de Benzema, que mandó muy desviado de la portería defendida por Valdés. Tenía a Di María solo a su derecha, pero decidió tirar. Lo que no le perdonó la afición blanca fue un remate de cabeza franco que mandó fuera solo ante el portero del Barcelona con 1-2 en el marcador (64). Además, el portugués lanzó tres libres directos desde el borde del área: dos las estrelló contra la barrera y la tercera la despejó con los puños Valdés. Cristiano Ronaldo tuvo el partido en sus botas, pero falló otra vez contra el Barcelona.

Esta es la historia del portugués en los clásicos. La excepción a la regla fue en la final de la Copa del Rey de la temporada pasada, en la que consiguió el gol del triunfo en el tiempo suplementario. Un tanto que valió un título.

La prensa madridista también se cebó con el icono blanco hartos de su impotencia para liderar triunfos ante el Barça.

La puerta de salida

Cristiano está cansado ya de no ganar nada en el Madrid, salvo un título menor de Copa del Rey. Su entorno comienza a tener claro que su carrera se viene abajo por su fijación con el Barça. Puede ser el máximo goleador, puede batir récords de `hat tricks, pero aquí nunca será el mejor del mundo ni vencerá campeonatos de primer nivel. Se siente derrotado y los pitos de la afición podrían abrir un hueco de consecuencias imprevisibles. El portugués ya es el jugador más odiado en los campos de toda España y, si pierde el cariño de los suyos, solo le quedará un camino, que es irse. Como no sea capaz de remontar el vuelo esta temporada, su idilio con el Madrid puede explotar en mil pedazos.

Defensores

Algunas personalidades han salido en defensa del luso.

Guti:”Dudar de Cristiano es como cuando dudan de Messi cuando hace un partido mal con Argentina. El fútbol es así. Todos sabemos que son los mejores del mundo, pero si juegan dos partidos mal, también se meten con ellos. El fútbol es una montaña rusa y cuando las cosas te van muy bien parece que eres Dios y nadie te va a tirar de ese pico de la montaña y cuando ves que están allí arriba sabes que en cualquier momento puedes caer y caes”

Casillas: “Somos un colectivo y como tal ganamos y perdemos todos. Cristiano nos da goles y títulos. Todos tenemos que estar en este barco. El Barça no puede ser una obsesión”.

Periodista Tomás Guash: “El último porro del fútbol es matar a Cristiano Ronaldo. En el Camp Nou he visto yo aclamar a Abelardo y pitar a Rivaldo, el fútbol es de locos.”

“El Barça tiene mejores centrocampistas y este es un juego de centrocampistas. Ellos tienen más y mejores jugadores en el centro del campo. No hay que darle más vueltas.”

Cristiano queda muy tocado después del clásico.

El Barcelona vuelve a ser favorito al título de Liga

El panorama que deja el Clásico es desolador para el Real Madrid y de normalidad absoluta en el Barcelona, que salió de Bernabéu como líder de la Liga, aunque con un partido más. El Madrid acudió a la cita disfrutando de una superioridad estadística indiscutible, como dominador absoluto de los números, con la confianza de quien se cree indestructible. Cuando el nivel de exigencia se multiplicó, el Madrid suspendió el examen. El Barça dejó atrás sus dudas e inseguridades, supo levantarse después del enorme golpe que supuso recibir un gol a los 22 segundos, se sobrepuso a todos sus errores, que no fueron pocos en defensa, y cuando la cuestión fue determinar quién era mejor con el balón en los pies, cuando habló la pelota, sólo quedó constatar la superioridad del Barcelona, dirigido por un sublime Iniesta y un magistral Xavi. Iniesta ofreció un recital en el segundo tiempo, una lección de cómo se interpreta este juego.

Mientras el Barça sigue, con más o menos sobresaltos, su camino, el partido supuso una enorme marcha atrás para el Madrid, desarmado de nuevo en el centro del campo. Las deficiencias de antaño se volvieron a hacer visibles, como si el tiempo no hubiera pasado y nada hubiera evolucionado. Pero lo que ha pasado es que un Clásico más, el Barcelona fue mejor que el Madrid.

Quienes nieguen la evidencia de lo sucedido sobre el mojado césped del Bernabéu, siempre encontrarán alguna justificación ajena al balón. La mejor forma para corregir tus errores no es buscar los de los demás. Es imposible avanzar y mejorar cuando uno no asume sus limitaciones y reduce todo a conspiraciones maquiavélicas. Es cierto que Messi quizá mereció la expulsión poco antes del descanso, cuando debió ver su segunda amarilla por una entrada a Xabi Alonso. La primera le llegó por protestar. También debió irse antes a los vestuarios Coentrao. Es evidente que la trascendencia de una y otra expulsión no hubiera sido la misma, pero no es menos cierto que no se puede justificar lo sucedido con esa legítima petición de que Messi no debió terminar ni siquiera el primer tiempo.

Y es que el Madrid salió derrotado en todos los duelos que se ventilaron en el partido. Sólo Casillas demostró estar un peldaño por encima de Valdés y únicamente Benzema salió reforzado gracias a su sensacional actuación. El Madrid perdió en fútbol y fue claramente superado en la discusión táctica, un lenguaje que supo manejar mejor Guardiola que Mourinho. Guardiola movió piezas, introdujo variantes que acabaron por darle una superioridad aplastante en el centro del campo, el espacio en el que se cocinan las victorias. Busquets, Xavi, Iniesta y Cesc acabaron formando una línea que logró variar el rumbo inicial del partido, cuando el Barça parecía que iba a la deriva, y aplastó cualquier intento del Madrid por sacar la cabeza. Crearon y taparon a Xabi Alonso, anulando cualquier posibilidad de crear juego del Madrid, que no supo encontrar respuesta a ninguno de los movimientos tácticos del Barcelona. Con ese exuberante y reluciente centro del campo, el Barcelona compensó los numerosos errores cometidos en defensa, impropios no ya de este equipo, sino de cualquiera que se maneje en la elite.

Si dirigimos nuestra mirada al duelo entre Messi y Cristiano, la comparación no se sostiene. No hay ningún argumento favorable al portugués, obsesionado de nuevo por hacerse notar, dominado otra vez por la ansiedad que le provoca querer decidir el Clásico en cada jugada. Falló dos ocasiones clarísimas en momentos decisivos. No estuvo a la altura y eso ya no es novedad en un Madrid-Barça. Nuevo fracaso. Todo lo contrario que Messi, de nuevo determinante, desequilibrante, tan locuaz como acostumbra con el balón en los pies. Gozó de la inestimable colaboración de Alexis, un cuchillo que rasgó la línea defensiva del Madrid cada vez que entró en contacto con el balón.

El encuentro dejó a varios futbolistas desubicados, pero a nadie más que a Coentrao, caótico de nuevo como lateral derecho. No tiene condiciones para actuar en esa posición y con cada actuación suma nuevos argumentos para defender que no debe ser titular en el Madrid. Es lateral izquierdo y en esa posición actúa uno de los mejores del mundo, Marcelo. Tampoco Pepe y Ramos formaron ese muro infranqueable de jornadas pasadas.

El comienzo del choque no dejó adivinar lo que llegó después. El inicio del Madrid fue arrollador, por iniciativa propia y torpezas ajenas. Salió a buscar al Barcelona a su campo y aprovechó el regaló que le concedió Valdés, muy torpe toda la noche cuando el balón llegó a sus pies. Le entregó la pelota a Di María y en un instante se acumularon errores de remate o despeje que acabaron con el balón en Benzema, que no falló y celebró el primer gol cuando apenas se habían consumido 22 segundos.

El partido se puso como más le gusta al Madrid, con el Barcelona llevando la iniciativa y los de Mourinho luciéndose en la presión y el contragolpe. Esta efervescencia le duró al Madrid media hora, lo que tardó el Barça en empatar. Ya había avisado Messi, que aprovechó un resbalón de Ramos para irse como un rayo hacia el área, donde le esperó Casillas para evitar el tanto. Nada pudo hacer Iker después para evitar el empate. Messi bajó hasta el círculo central, le pidió la pelota a Xavi e inició un eslalon con el que rompió la defensa del Madrid, por el centro y con la ayuda de Coentrao, que habilitó a Alexis para que el chileno batiera a Casillas.

Hasta ese momento se disfrutó de un partido intenso, interpretado a gran velocidad. Después, los equipos se tomaron un respiro, se concedieron una tregua ficticia, porque el Barcelona por entonces ya era dueño del balón. Si en el primer tiempo lo movió con menos gracia que acostumbra, con circulaciones demasiado horizontales, en el segundo fue un recital que desnudó al Madrid y acabó elevando al Barcelona hasta el triunfo y el liderato.

Fue una cuesta abajo en la que Xavi, con la involuntaria colaboración de Marcelo, en el que rebotó el balón para que se alejara irremediablemente de Casillas, y Cesc trasladaron al marcador la indiscutible superioridad que hubo en el campo. De nada sirvió la entrada de Kaká por Özil, ni la tardía salida de Higuaín por Di María y mucho menos la entrada de Khedira por Lass.

Un Clásico más todo sigue igual, con el Barcelona disfrutando del fútbol y del resultado y el Madrid preguntándose cómo ha llegado de nuevo a esta situación.

Cristiano, realizó uno de sus peores clasicos.

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